La provincia de Córdoba atravesó una jornada marcada por el dolor y la búsqueda intensiva de pruebas judiciales este miércoles. Mientras los familiares, amigos y allegados de Agostina Vega, la adolescente de 14 años víctima de un brutal femicidio, se reunían para darle el último adiós en su funeral, las fuerzas de seguridad llevaban a cabo una serie de operativos clave para avanzar en el esclarecimiento del crimen que ha conmocionado a todo el país.
En el marco de la investigación, efectivos policiales realizaron allanamientos simultáneos. El primero tuvo lugar en la vivienda de Claudio Barrelier, de 33 años, quien es el único detenido hasta el momento por el asesinato de la menor. Paralelamente, los operativos se extendieron hacia un lavadero de autos, lugar donde se presume que se limpió el vehículo utilizado para el traslado del cuerpo de la víctima.
Específicamente, los peritos especializados en rastros biológicos de la Policía Judicial trabajaron en el domicilio ubicado en la calle Juan del Campillo al 800. En este sitio, los expertos se enfocaron en la búsqueda de manchas de sangre y la recolección de muestras de ADN. El vehículo en cuestión, un Ford Ka de color negro, pertenece a Soledad Andreani, expareja del acusado, y es señalado como el medio logístico empleado para transportar los restos de Agostina.
La fiscalía ha ordenado medidas exhaustivas para reconstruir los hechos. Entre ellas, se dispuso el secuestro de la ropa de todas las personas que habitaban la casa de Barrelier y la realización de una planimetría forense. Esta última tarea técnica permite tomar las dimensiones exactas y la disposición de las habitaciones del inmueble, dato fundamental para comprender la dinámica del crimen. Asimismo, otro grupo de forenses trabaja en determinar la mecánica de la muerte, analizando las proyecciones de sangre y el material genético hallado en el lugar para reconstruir lo sucedido.
El caso alcanzó un punto crítico hace cuatro días, cuando el cuerpo desmembrado de Agostina fue hallado en un descampado de 240 hectáreas situado en el barrio Ampliación Ferreyra. Según la hipótesis de la fiscalía, el asesinato ocurrió dentro del domicilio de Barrelier, donde el hombre residía junto a su pareja y su hija de 11 años.
Desde la representación legal de la familia, el abogado Carlos Nayi ha sido tajante al señalar que el detenido no actuó solo. Nayi denunció que la dueña del Ford Ka, Soledad Andreani, habría encubierto a Barrelier y facilitado la logística del crimen. Según el abogado, Andreani era consciente de que el detenido estaba siendo observado por la justicia y de que la desaparición de Agostina era de conocimiento público, ya que el rostro de la niña "estaba en todas las casas de Argentina". A pesar de ello, le habría prestado el vehículo que posteriormente fue lavado para borrar evidencias.
Nayi sostuvo que existe mérito suficiente para investigar la responsabilidad de Andreani bajo el delito de encubrimiento, asegurando que "este hecho no pudo haberlo hecho una sola persona" y que la investigación no debe agotarse únicamente en ella, sugiriendo la existencia de otros involucrados.
Por otro lado, el proceso de despedida de la adolescente estuvo envuelto en tensiones familiares y sociales. Inicialmente, la familia materna solicitó que el cuerpo fuera entregado el jueves, con el fin de poder participar en la marcha convocada para este miércoles en el marco de la movilización nacional "Ni Una Menos". Sin embargo, tras llegar a un acuerdo, el velatorio se realizó finalmente este miércoles a partir de las 14 horas.
El entorno familiar mostró visiones divididas sobre la ceremonia. El padre de Agostina manifestó su deseo de realizar un velatorio íntimo y privado en las afueras de la ciudad de Córdoba. En contraste, sus abuelos, Miguel y Elizabeth Heredia, solicitaron que el acto fuera público para permitir que vecinos y amigos rindieran homenaje a la joven.
Esta situación generó malestar en algunos sectores de la familia. Franco Heredia, tío de la víctima, expresó su indignación a través de mensajes de WhatsApp, calificando la coincidencia de fechas entre el sepelio y la marcha como un "circo" y sugiriendo que se intentaba impedir la participación de la familia en las manifestaciones sociales por la justicia.


