El Servicio Nacional de Salud Animal (Senasa) ha emitido una serie de recomendaciones fundamentales dirigidas a la población general con el objetivo primordial de prevenir la aparición de enfermedades transmitidas por alimentos. En particular, la entidad ha puesto el foco en el manejo adecuado de los huevos, un alimento básico en la dieta diaria, cuya manipulación incorrecta puede derivar en contraer salmonelosis.
La salmonelosis es una infección provocada por la bacteria Salmonella, un microorganismo que puede comprometer la salud de los consumidores si no se siguen los protocolos de seguridad alimentaria. Para reducir estos riesgos, el Senasa ha detallado una serie de medidas preventivas que abarcan todas las etapas del proceso, desde que el producto es adquirido y almacenado hasta el momento final de su preparación y consumo.
En cuanto al almacenamiento inicial, una de las advertencias más relevantes y enfáticas de la entidad es la prohibición de lavar los huevos antes de guardarlos. Contrario a lo que algunas personas podrían creer por hábito, el lavado previo al almacenamiento no es recomendable. En su lugar, la autoridad sanitaria recalca que la medida correcta para conservar el alimento en condiciones adecuadas y seguras es mantener los huevos bajo refrigeración constante.
En lo que respecta a la preparación, el Senasa aconseja firmemente cocinar los huevos de manera completa. Esta acción es crucial para eliminar la bacteria Salmonella y evitar que el consumidor desarrolle problemas de salud derivados de la ingesta de este patógeno. La cocción total actúa como la barrera principal de defensa contra la infección.
No obstante, existen preparaciones culinarias que, por su naturaleza, requieren el uso de huevo crudo o poco cocido, como sucede en la elaboración de ciertos postres o aderezos. Para estos casos específicos, el Servicio Nacional de Salud Animal recomienda evitar el uso de huevos convencionales y optar, en su lugar, por huevos pasteurizados o que hayan sido sometidos a tratamientos específicos diseñados para eliminar las bacterias, garantizando así la seguridad del plato final.
La higiene personal y del entorno también juega un papel determinante en la prevención de enfermedades. El Senasa enfatiza que la manipulación de alimentos debe ir acompañada de un lavado riguroso de las manos antes de iniciar cualquier proceso de cocina. Asimismo, es imperativo asegurar que todas las superficies de trabajo, los recipientes y los utensilios utilizados durante la preparación se encuentren completamente limpios para evitar la contaminación cruzada.
Para aquellos casos en los que el huevo crudo sea almacenado fuera de su cáscara, la entidad establece una directriz clara: el contenido debe colocarse obligatoriamente en un recipiente de vidrio. Además, se instruye que, una vez utilizado el contenido, dicho recipiente debe ser sometido a un proceso de limpieza profunda utilizando jabón y agua hirviendo para eliminar cualquier residuo bacteriano.
En relación con los huevos que ya han sido cocinados, el Senasa advierte que no deben permanecer a temperatura ambiente por tiempo prolongado. La recomendación es que, una vez preparada la comida, el huevo cocinado debe guardarse en refrigeración en un plazo máximo de dos horas después de su cocción.
Finalmente, el Servicio Nacional de Salud Animal hizo un llamado a la vigilancia visual del producto. Se advierte a los consumidores que cualquier huevo que se encuentre roto o agrietado debe ser desechado inmediatamente. El daño en la cáscara representa una vía de entrada para contaminantes y aumenta significativamente el riesgo para la salud del consumidor. Con la aplicación estricta de estas medidas, el Senasa busca reducir la incidencia de infecciones alimentarias en la población.


