Desde la implementación del sistema de capitalización individual en Chile durante la década de los 80, la edad de jubilación no había experimentado modificaciones, a pesar del incremento sostenido en la expectativa de vida de la población, una tendencia que ha llevado a la mayoría de los países de la OCDE a ajustar sus legislaciones en dicha materia. Sin embargo, en el último tiempo, se ha registrado un fenómeno particular: las mujeres han comenzado a postergar la edad en la que deciden pensionarse, motivadas por los incentivos económicos introducidos por la reciente reforma previsional.
El motor de este cambio es el Seguro Social, el cual incluye un mecanismo denominado Compensación por Diferencias de Expectativa de Vida (CEV), conocido informalmente como "bono tabla". Este beneficio establece que, a partir de los 65 años, y bajo condiciones iguales de edad, grupo familiar y ahorro, las mujeres recibirán una pensión equivalente a la de un hombre. Este incentivo financiero impulsa a las mujeres que han cotizado a retrasar su retiro hasta los 65 años para acceder a un monto mensual permanente que, como mínimo, alcanza las 0,25 UF (aproximadamente $10 mil), aunque dependiendo de cada caso, expertos estiman que podría superar las 2 UF (más de $80 mil).
Los efectos de esta medida ya son visibles en las estadísticas oficiales. De acuerdo con datos de la Superintendencia de Pensiones, la edad promedio de jubilación de las mujeres aumentó a 62,3 años en marzo, alcanzando el nivel más alto del que existe registro. Esta cifra representa un incremento de cinco meses en comparación con el mismo periodo del año anterior. Si bien ya se habían visto alzas interanuales previas, estas ocurrieron de forma puntual durante la pandemia y los retiros previsionales. En cambio, la tendencia actual es sostenida y se perfila como un cambio estructural.
La racha de aumentos interanuales en la edad de jubilación de las nuevas pensionadas se ha extendido por quince meses consecutivos, un hecho sin precedentes en los registros del regulador. Este incremento comenzó precisamente en enero de 2025, mes en que se aprobó la reforma previsional, y se intensificó desde diciembre pasado, coincidiendo con el inicio de los pagos de los beneficios del Seguro Social en enero de este año. Por el contrario, la edad promedio de jubilación de los hombres se ha mantenido estable, situándose en 65,4 años en marzo.
A pesar de esta tendencia al alza, diversos especialistas consideran que el beneficio no ha sido difundido suficientemente. La economista Soledad Hormazábal, directora de Evidencia en Pivotes, señala que es positivo el aumento de la edad de retiro, ya que el "bono tabla" es un incentivo poderoso. Hormazábal explica que el beneficio se paga íntegro a quienes se pensionan a los 65 años, pero se reduce progresivamente si se hace antes: quienes se jubilan a los 64 años reciben el 75%, a los 63 el 50%, a los 62 el 25%, a los 61 el 15% y a los 60 apenas el 5%.
En sintonía con esto, Cecilia Cifuentes, directora del centro de estudios financieros del ESE Business School de la Universidad de Los Andes, califica el aumento actual como "pequeño" y atribuye esto al desconocimiento del beneficio. Cifuentes advierte que, desde una perspectiva de largo plazo, la postergación de la edad de jubilación aún no compensa el aumento de la expectativa de vida. En un estudio reciente, la economista planteó que en la última década la expectativa de vida posterior a la jubilación subió más de un año para ambos sexos, mientras que la edad de retiro de las mujeres solo aumentó en 11 meses.
La disparidad demográfica es clave en este análisis. Según tablas de mortalidad de la CMF y la Superintendencia de Pensiones con apoyo de la OCDE, una mujer que se jubila a los 60 años tiene una expectativa de vida hasta los 90,8 años, debiendo distribuir sus ahorros por casi 31 años. En contraste, un hombre que se jubila a los 65 tiene una expectativa hasta los 86,6 años, distribuyendo su fondo por cerca de 22 años.
Finalmente, el asesor previsional Felipe Gormaz detalla que la reforma cambió la lógica del cálculo para las mujeres. Además del bono tabla, existe el Beneficio por Años Cotizados (BAC), que entrega 0,1 UF por año cotizado con un tope de 2,5 UF mensuales desde los 65 años. Gormaz advierte que, a diferencia del bono tabla, esperar más allá de los 65 años para jubilarse puede ser perjudicial, ya que se pierden meses de cobro del BAC que no son recuperables. De este modo, la ley ha creado una escala de incentivos que hace que jubilarse a la edad legal mínima de 60 años sea "caro" en términos de beneficios dejados de percibir.
