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Inflación y hambre en el Bronx: Crecen las filas en las marquetas móviles de alimentos

Según datos de Feeding America, más de 48 millones de personas en Estados Unidos enfrentan inseguridad alimentaria. De ellas, cerca de 14 millones son latinas.

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Inflación y hambre en el Bronx: Crecen las filas en las marquetas móviles de alimentos
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En el Bronx, Nueva York, miles de personas dependen de las marquetas móviles de City Harvest para sobrevivir ante una crisis de inseguridad alimentaria que afecta a 48 millones de personas en Estados Unidos. La inflación galopante y el aumento del costo de vida obligan a familias enteras, incluyendo niños y ancianos, a saltarse comidas o priorizar el pago de servicios básicos sobre la alimentación. Testimonios desgarradores revelan que incluso quienes cuentan con apoyo gubernamental no pueden costear dietas saludables, agravando enfermedades crónicas y generando cuadros de depresión. En Nueva York, más de un millón de personas enfrentan esta precariedad, convirtiendo la ayuda alimentaria en la única salvación frente a un panorama económico asfixiante.

En el corazón del Bronx, Nueva York, la jornada comienza mucho antes de que la ciudad despierte por completo. Desde la madrugada, decenas de personas se agrupan frente a una marqueta móvil gratuita organizada por City Harvest, la organización de rescate de alimentos más grande de la ciudad. Para las nueve de la mañana, la magnitud de la crisis se hace visible: la fila de personas ya le da la vuelta a la manzana, y algunos ciudadanos optan por dejar sus carritos de compras para reservar el espacio mientras regresan más tarde, evitando así perder su turno.

Equipadas con mochilas y bolsas reutilizables, familias enteras aguardan con la esperanza de obtener suministros suficientes para sobrevivir hasta la siguiente distribución. Esta escena es un reflejo de una realidad alarmante en Estados Unidos. Según datos proporcionados por Feeding America, más de 48 millones de personas en el país enfrentan inseguridad alimentaria, de las cuales cerca de 14 millones pertenecen a la comunidad latina.

Entre quienes dependen de este auxilio se encuentra Martina Santos, una mujer dominicana de 67 años que ha residido en el Bronx durante cinco décadas. Santos desempeña un doble rol: es beneficiaria de la ayuda y voluntaria de City Harvest desde hace 13 años. Su testimonio revela el impacto directo de la economía en la salud. Padece de presión alta y diabetes, y ha confesado que el aumento en el costo de vida la ha obligado a saltarse comidas, una decisión peligrosa para su condición médica.

"Si desayuno no puedo almorzar, porque no tengo bastante. Y espero a cenar para no irme a la cama con el estómago vacío", explicó Santos. Esta precariedad ha afectado sus niveles de glucosa; mientras que antes mantenía su azúcar bajo control en rangos de 98 o 99, ahora registra niveles de hasta 175. A pesar de contar con el programa de cupones de alimentos SNAP, Santos asegura que el monto ya no es suficiente para mantener la dieta saludable que su salud requiere debido a la inflación actual.

El contexto económico es complejo. En abril, la inflación anual en Estados Unidos ascendió al 3,8 %, superando el crecimiento de los salarios. Este efecto acumulativo de más de cinco años de alta inflación, sumado a las presiones de costos derivadas de la guerra en Medio Oriente, ha golpeado severamente a los sectores más vulnerables. En Nueva York, City Harvest calcula que más de un millón de personas viven en hogares donde la comida no siempre alcanza, una cifra que incluye a uno de cada cuatro niños.

Pedro Urbaez, director de distribución comunitaria de City Harvest, señala que las filas en las marquetas móviles son cada vez más largas. Según Urbaez, muchas familias enfrentan dilemas imposibles, donde deben priorizar el pago de la renta, la luz y el gas, dejando la alimentación como el último gasto en su presupuesto. La organización estima que cada distribución beneficia a entre 500 y 600 familias, quienes solo deben indicar el número de integrantes de su hogar para recibir los alimentos rescatados.

La crisis afecta a diversos perfiles sociales. Mónica López, una madre de 32 años, acude a la marqueta con su bebé de un año y cuatro meses. Mientras ella se dedica al cuidado del niño, su esposo intenta sostener el hogar con un solo salario, situación que resulta insuficiente ante el alza generalizada de precios. De igual manera, Edith Soperanes, de 34 años y madre de dos hijos, relató que una visita reciente al supermercado para comprar apenas tres o cuatro artículos le costó 90 dólares. Para ella, los huevos y las bananas distribuidos por City Harvest son esenciales para asegurar el desayuno y las meriendas de sus hijos.

El apoyo también llega de donantes locales como Gibson Durnford, fundador de Tenmile Farm Foundation, quien dona anualmente unas 50.000 docenas de huevos a City Harvest. Durante una jornada, se repartieron aproximadamente 800 docenas. Durnford observó que la necesidad se ha extendido: ahora aparecen madres jóvenes, personas mayores, desempleados e incluso personas con empleo que, aun así, no logran cubrir el costo de la canasta básica.

Para Martina Santos, estos programas representan más que alimento; son un soporte emocional frente a la depresión que genera la precariedad económica. Con lágrimas en los ojos, describió a City Harvest como una "salvación" que le permite poner un plato digno sobre su mesa sin tener que privarse de comer. Santos concluyó advirtiendo que la inseguridad alimentaria se está convirtiendo en un "monstruo cada vez más grande", subrayando la urgencia de mantener activos estos programas de ayuda.

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