Tras 14 años de ausencia, la especie Bundibugyo del virus del Ébola ha reaparecido en la República Democrática del Congo. Con más de 200 muertes y aproximadamente 900 casos, la comunidad científica observa con preocupación la evolución de este brote.
El virus del Ébola se divide en seis especies. Mientras que el virus Zaire es el más letal, el Bundibugyo presenta una tasa de mortalidad de entre el 30 y el 50 por ciento. El desafío principal es que no existen vacunas ni tratamientos específicos para esta cepa; los fármacos y vacunas actuales están dirigidos mayormente al ebolavirus Zaire. El doctor Raúl Rivas, catedrático de Microbiología, advierte que, lamentablemente, estamos aún en la "punta del iceberg".
La detección ha sido tardía debido a que los test rápidos generan falsos negativos al enfocarse en la cepa Zaire, sumado a que los síntomas iniciales se confunden con enfermedades endémicas como la malaria.
La propagación se ve impulsada por factores críticos: la actividad de milicias, la falta de infraestructura sanitaria y los desplazamientos masivos de personas en la provincia de Ituri hacia campos hacinados. Asimismo, la deforestación causada por la minería empuja a los murciélagos frugívoros, reservorios naturales del virus, hacia los asentamientos humanos. El contagio ocurre por contacto estrecho con fluidos de animales infectados, como monos o antílopes.
Aunque el riesgo de salto hacia Europa o América sigue siendo bajo, el peligro en África es muy elevado, especialmente para ciudades densamente pobladas como Kinsasa. En cuanto a soluciones, existen candidatas a vacunas de Merck y AstraZeneca en pruebas animales, cuyos ensayos en humanos tardarán de seis a nueve meses.
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