La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha activado una alerta internacional ante el avance del virus del ébola en la República Democrática del Congo y Uganda, poniendo nuevamente en el centro del debate sanitario una enfermedad caracterizada por su alta tasa de mortalidad. Ante este escenario, especialistas del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) han salido a brindar tranquilidad a la población argentina, asegurando que la situación actual no representa un riesgo inmediato para el país.
La doctora Mónica Foccoli, jefa de la División Infectología del Hospital de Clínicas de la UBA, explicó a la comunicación institucional de la entidad que no existen motivos para entrar en pánico. La especialista fundamentó esta postura señalando que el brote se mantiene localizado en África central y, fundamentalmente, que Argentina no cuenta con vuelos directos hacia los países afectados, lo que reduce significativamente las probabilidades de un impacto local inmediato.
A nivel global, la preocupación sanitaria se sustenta en la magnitud del brote registrado en la República Democrática del Congo. Según datos proporcionados por la OMS, el pasado domingo la cifra de casos sospechosos ascendió a más de 900, mientras que se confirmaron 101 contagios distribuidos en once zonas sanitarias hasta el 23 de mayo. Estas cifras subrayan la velocidad de propagación del virus en la región afectada.
Desde el punto de vista médico, la doctora Foccoli describió al ébola como una enfermedad causada por un virus altamente contagioso que pertenece al grupo de las fiebres hemorrágicas. En sus cuadros más graves, el virus desencadena sangrados fuertes y presenta una letalidad alarmante, que puede superar el 50% de los casos. La experta enfatizó que conviven dos planos en esta alerta: la severidad intrínseca del virus y la baja probabilidad de que llegue a territorio argentino, recomendando evitar el pánico pero sosteniendo una vigilancia médica rigurosa ante cualquier duda.
El avance de la epidemia en África central no ocurre en un vacío, sino que está estrechamente ligado a una crisis humanitaria profunda. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, advirtió que el brote se expande en el noreste congoleño en un contexto de conflicto armado, desplazamientos internos y una crisis de salud ya agravada por otras patologías.
Específicamente, en la provincia de Ituri, identificada como el epicentro del brote, la fragilidad social es extrema. Según Tedros, casi cinco millones de personas viven bajo un conflicto persistente; en esta zona, una de cada cuatro personas requiere asistencia humanitaria y una de cada cinco se encuentra desplazada internamente. El funcionario vinculó directamente esta inestabilidad con la dificultad para contener el virus, señalando que la violencia obliga a la población, incluidos trabajadores sanitarios y humanitarios, a huir de sus hogares. Esta situación dificulta gravemente el rastreo de contactos y la identificación temprana de infecciones para brindar la atención de apoyo necesaria.
Por su parte, el Ministerio de Sanidad de la República Democrática del Congo informó que el brote permanece activo en Ituri, Kivu Norte y Kivu Sur. El reporte oficial consignó 119 muertes sospechosas y 10 fallecimientos confirmados mediante pruebas diagnósticas. En términos más amplios, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de África elevaron la cifra de muertes sospechosas a 204, sumando los casos entre Congo y Uganda.
En cuanto a la naturaleza del virus, la infectóloga Foccoli indicó que se cree que el principal reservorio son los murciélagos que se alimentan de frutos. La transmisión a los seres humanos se produce a través del contacto directo con sangre, secreciones u otros fluidos corporales de animales o personas infectadas. Por ello, la recomendación central de los especialistas es evitar cualquier exposición a dichos fluidos en personas contagiadas.
La evolución clínica de la enfermedad sigue un patrón definido. Los síntomas suelen manifestarse entre dos y 21 días después de la exposición. La primera etapa es similar a un cuadro gripal, caracterizada por fiebre, dolor muscular, debilidad, fatiga y dolor de cabeza. Posteriormente, el paciente puede entrar en una segunda fase donde se presentan complicaciones hemorrágicas graves.
En el aspecto terapéutico, la doctora Foccoli explicó que el abordaje actual es meramente sintomático, ya que no existe una terapia específica contra la enfermedad. Recordó que en 2014, durante otro brote importante, se probaron diversas alternativas farmacológicas que no arrojaron resultados positivos. Asimismo, advirtió que, aunque existe una vacuna desarrollada hace un tiempo, la variante Bundibugyo que circula actualmente es diferente, por lo que no hay una vacuna específica para esta cepa.
Finalmente, la especialista reiteró que la ausencia de conexión aérea directa entre Argentina y los países afectados es un factor protector clave. Su recomendación final es mantenerse informado y consultar a un profesional de la salud ante la mínima duda. Mientras tanto, la OMS mantiene su despliegue en el terreno, asegurando presencia en la provincia de Ituri, incluso en las zonas más inseguras e inaccesibles.


