El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, ha reafirmado su compromiso de priorizar la vía del diálogo para resolver la crisis social que atraviesa el país. En una entrevista concedida al programa "Conclusiones" de CNN, el mandatario insistió en que su Gobierno mantendrá esta postura frente a las protestas y los bloqueos que ya suman 20 días de vigencia, afectando de manera predominante a las ciudades de La Paz y El Alto.
Durante el encuentro periodístico, el jefe de Estado fue categórico al rechazar el empleo de medidas coercitivas o violentas para restablecer el orden. “La única forma de ganar hoy día no va a ser a bala”, sentenció Paz, descartando cualquier respuesta basada en la fuerza. El mandatario subrayó que la confrontación no ha sido una herramienta efectiva en el pasado, añadiendo que “la metodología del diálogo es mucho más valiente que la confrontación de las armas”.
A pesar de su apuesta por la concertación, el presidente no descartó la posibilidad de recurrir a un estado de excepción para contener la inestabilidad. Al ser consultado sobre esta medida, Paz señaló que dicha opción se encuentra contemplada dentro de la Constitución Nacional. Respecto a los sectores que se niegan a sentarse a negociar, el mandatario fue enfático al señalar que la ley constituye el límite infranqueable: “Está en la Constitución. Los que no quieren dialogar tienen Constitución de por medio, ese es el límite”.
Este escenario jurídico se ha vuelto particularmente complejo tras una decisión sorpresiva del Senado boliviano. El pasado domingo, la cámara alta aprobó una ley que deroga la normativa implementada en 2020, la cual establecía regulaciones estrictas sobre la declaración de estados de excepción. Dicha norma derogada regulaba plazos, causales, mecanismos de rendición de cuentas y responsabilidades penales. De ser ratificado este proyecto por la Cámara de Diputados, el presidente Rodrigo Paz tendría la facultad de decretar un estado de excepción sin necesidad de contar con la autorización previa del Legislativo.
El conflicto actual, que ha escalado en intensidad, comenzó a principios de mayo con huelgas y reclamos de carácter sectorial. Sin embargo, con el paso de las semanas, estas movilizaciones se transformaron en un movimiento de alcance nacional. La crisis está impulsada por una coalición de sindicatos, mineros, transportistas, campesinos y la Central Obrera Boliviana (COB), contando además con el respaldo de sectores afines al expresidente Evo Morales.
Las demandas de los manifestantes se centran principalmente en la exigencia de que el Gobierno revierta las medidas de austeridad implementadas, enfrente el incremento en el costo de vida y brinde una solución definitiva a los problemas de abastecimiento de combustible. Si bien algunos sectores han llegado a solicitar la renuncia de Rodrigo Paz, el mandatario sostuvo que el tono de las protestas ha comenzado a cambiar en los últimos días. Según el presidente, la palabra "renuncia" ya no ocupa un lugar central en las movilizaciones, citando como ejemplo una marcha reciente que calificó de "mucho más tranquila".
Desde la perspectiva del Gobierno, el malestar social no es un fenómeno aislado, sino que responde a reclamos históricos. Paz argumentó que parte de la crisis se debe a temas no atendidos durante los veinte años de gestión del Movimiento al Socialismo (MAS), bajo el liderazgo de Evo Morales, debido a que el Estado operaba bajo una visión centralista.
El presidente, quien lleva seis meses en el cargo tras resultar ganador en la segunda vuelta de las elecciones de finales de 2025, describió el proceso político actual como un "parto muy difícil". No obstante, defendió la nueva configuración política en los municipios, gobernaciones y el Gobierno nacional, asegurando que, a pesar de la dureza del camino, se está avanzando en la dirección correcta.
Finalmente, Rodrigo Paz rechazó que su administración haya sido tomada por sorpresa por la crisis o que la situación se haya salido de control. El mandatario definió el conflicto como un choque inevitable entre dos visiones: un pasado que se resiste a abandonar su forma de manejar el Estado y una Bolivia que busca construir la patria desde una perspectiva distinta. En medio de esta tensión, el presidente Paz ha solicitado ayuda humanitaria al presidente de Brasil, Lula da Silva, quien ya ordenó el envío de asistencia y ha hecho un llamado a evitar la violencia.


