El Gobierno encabezado por Rodrigo Paz ha enfrentado un cuestionamiento significativo respecto a la naturaleza del puente aéreo establecido para abastecer a la ciudad de La Paz. Lo que inicialmente fue presentado ante la opinión pública como un gesto de apoyo y solidaridad por parte de “gobiernos amigos” para mitigar la crisis de suministro provocada por casi tres semanas de bloqueos y enfrentamientos, ha resultado ser, en la práctica, una operación logística para el traslado de mercancías comerciales.
La contradicción quedó al descubierto tras las declaraciones brindadas por el viceministro de Comercio y Logística Interna, Gustavo Serrano, quien detalló el funcionamiento real de este mecanismo de transporte. Durante una entrevista concedida a radio Fides, el funcionario reveló que la aeronave Hércules, facilitada por el gobierno de Argentina, no arribó al territorio boliviano cargada con alimentos donados o ayudas humanitarias, como sugería la narrativa oficial instalada inicialmente.
Ante la consulta del periodista Jhon Arandia, el viceministro Serrano fue enfático al aclarar que el avión militar argentino llegó vacío al país. Según explicó la autoridad, la función de la aeronave es servir como medio de transporte para trasladar productos, específicamente carne y otros alimentos, que son cargados en las ciudades de Santa Cruz y Cochabamba con destino final en la sede de gobierno, La Paz.
El esquema de cooperación internacional, según el detalle proporcionado por Serrano, consiste estrictamente en el préstamo de la aeronave, la provisión de la tripulación y el mantenimiento del vuelo por parte del Estado argentino. Sin embargo, la parte operativa y financiera del traslado recae en el sector privado. El viceministro confirmó que son los operadores privados quienes cubren los costos del combustible y, posteriormente, se encargan de la comercialización de los productos transportados en los mercados paceños.
Esta revelación puso en evidencia una brecha considerable entre la comunicación gubernamental y la realidad logística. Mientras el discurso oficial enfatizaba la solidaridad internacional frente a la emergencia, el funcionamiento interno del puente aéreo se basaba en sostener el flujo comercial mediante el uso de recursos estatales e internacionales para beneficiar la operatividad de comercializadores privados.
Durante la entrevista, surgió el cuestionamiento sobre el impacto de este sistema en el bolsillo del consumidor final. El periodista Arandia señaló que, a pesar de utilizarse un avión militar facilitado por otro país, los precios de los alimentos en La Paz se mantienen excesivamente elevados. Se citó como ejemplo el caso del pollo, que en los mercados de La Paz alcanza precios de entre 85 y 150 bolivianos, mientras que en Santa Cruz el costo es de 36 bolivianos.
En respuesta a estas interrogantes, el viceministro Gustavo Serrano aclaró que el puente aéreo no debe ser interpretado como un sistema de distribución gratuita de alimentos. En sus propias palabras, afirmó que “no deberíamos considerar el puente aéreo como un alimento solidario”, sino más bien como un “medio de transporte” diseñado para evitar el desabastecimiento total en medio de la crisis.
Serrano explicó que el costo del combustible, pagado por los comercializadores, es incorporado al precio final de venta de los productos. Según los datos proporcionados por la autoridad, el costo operativo del transporte puede añadir aproximadamente 15 bolivianos adicionales por cada kilo de pollo trasladado desde Santa Cruz hacia La Paz.
En conclusión, el mecanismo que fue presentado como una red de apoyo solidario internacional terminó funcionando como una plataforma logística extraordinaria para el abastecimiento privado. Este sistema permitió que los productos llegaran a su destino, pero trasladó la totalidad de los costos operativos al consumidor final, manteniendo la brecha de precios en un contexto de emergencia nacional.


