En una jornada que generó sorpresa entre todas las partes involucradas en el proceso judicial, Julio César Silva, el encargado del edificio ubicado en la esquina de Juncal y Uruguay —donde residió la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner—, compareció este jueves ante el Tribunal Oral Federal 7. Durante su declaración en el marco del juicio oral por la causa denominada "Cuadernos", Silva se desdijo de sus testimonios previos, negando haber presenciado el ingreso del exsecretario presidencial Daniel Muñoz con "bolsos y valijas", y denunciando haber sido coaccionado durante la etapa de instrucción.
El testigo fue categórico al admitir que las declaraciones brindadas anteriormente no se ajustaban a la verdad. “Firmé algo que no era cierto. Yo no dije que iba con bolsos y valijas”, manifestó Silva ante el tribunal. En un acto de honestidad procesal que impactó en la audiencia, el encargado reconoció haber incurrido en una irregularidad legal al validar una versión falsa: “Cometí un delito y lo acepto, no estaba de acuerdo, firmé algo que no ocurrió”, agregó el declarante.
Silva había sostenido anteriormente, durante la etapa de instrucción dirigida por el juez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli, que había observado a Daniel Muñoz ingresar y salir del edificio portando bolsos. Sin embargo, en su declaración actual, relativizó completamente esa versión. El testigo aclaró que, si bien el exsecretario de los gobiernos de los Kirchner habitualmente portaba un portafolio y que en alguna oportunidad llevó un “bolsito de mano”, negó rotundamente haber visto movimientos que fueran compatibles con el traslado de dinero, contradiciendo así uno de los puntos clave de la acusación original.
Más allá de la contradicción en los hechos, Silva utilizó su comparecencia para denunciar las presiones que sufrió cuando prestó declaración en los juzgados de Comodoro Py en el año 2018. Según el relato del encargado, el ambiente en el juzgado era hostil y se utilizaron tácticas de intimidación para obtener su testimonio. Silva detalló que, antes de declarar, le indicaron que debía “pensar en sus hijas”, una frase que interpretó como una amenaza directa. Al ser consultado por el tribunal sobre si se sintió amenazado, respondió con claridad: “Sí. Me sentí mal”. Asimismo, recordó que existía una insistencia constante por parte de los funcionarios para que declarara “todo”.
Otro de los puntos más críticos de la audiencia ocurrió cuando Silva describió los pormenores del allanamiento llevado a cabo en el departamento de la expresidenta Cristina Kirchner en el barrio de Recoleta. El testigo afirmó haber escuchado una conversación telefónica entre el comisario responsable del operativo y el juez Claudio Bonadio. Según Silva, el jefe policial informó al magistrado que el procedimiento había finalizado sin resultados positivos, diciendo: “Señor Bonadio, el allanamiento se da por terminado, no hay nada”.
El relato continuó con la reacción del juez, a quien Silva describió gritando desde el otro lado de la línea: “No. Hasta que no encuentren algo se quedan hasta mañana”. Esta parte del testimonio provocó un intenso intercambio entre los integrantes del tribunal y los abogados defensores, quienes cuestionaron la forma en que Silva pudo haber escuchado dicha conversación. El testigo insistió en que la comunicación fue audible y clara debido a que Bonadio “estaba a los gritos”.
Esta declaración se produce en un momento procesal donde diversas defensas buscan poner en duda la legitimidad y la forma en que se recolectaron los testimonios durante la instrucción de la causa Cuadernos. Cabe recordar que este proceso judicial se inició en 2018, basándose principalmente en las anotaciones atribuidas al exchofer Oscar Centeno, y la declaración de Silva pone nuevamente sobre la mesa el debate sobre la transparencia de las actuaciones judiciales iniciales.


