Centros de salud repletos y sin espacio para aislar a los enfermos. Esta es la alarmante situación que reporta Médicos Sin Fronteras en la provincia de Ituri, al este de la República Democrática del Congo, epicentro de una nueva epidemia de ébola.
La organización advierte sobre un escenario caótico. En Bunia, capital de Ituri, los centros sanitarios han informado que no tienen capacidad para recibir más casos sospechosos. Un ejemplo crítico ocurrió en la clínica Salama, donde pacientes fueron derivados al hospital de Bunia, solo para ser rechazados porque su zona de aislamiento estaba llena.
Se trata de un brote de la cepa Bundibugyo, una variante poco común que solo se ha presentado tres veces en la historia. Hasta el momento, se registran 139 fallecidos y 600 casos sospechosos entre la RDC y Uganda. Sin embargo, solo 51 han sido confirmados en laboratorio debido a la ubicación remota de la región y a que la plataforma local permite detectar la variante Zaire, pero no la de Bundibugyo. Según la OMS, la tasa de letalidad de esta cepa oscila entre el 30 % y el 50 %.
El virus ya se ha extendido a la provincia de Kivu del Norte, a Kampala en Uganda y al estado de Ecuatoria Occidental en Sudán del Sur. Ante la crisis, Médicos Sin Fronteras ha enviado más de 3,000 equipos de protección personal desde Uganda para aliviar la carga de los equipos médicos. Asimismo, Gran Bretaña ha destinado 26,8 millones de dólares para apoyar a la OMS y otras agencias en la vigilancia y el control de la infección.
El ébola se transmite por contacto directo con fluidos corporales y provoca fiebre hemorrágica grave, vómitos y hemorragias internas, con una mortalidad general que puede variar entre el 25 % y el 90 %.
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