El dirigente Mario Mamani ha hecho pública una serie de graves denuncias relacionadas con la situación actual en la región del Trópico, señalando la existencia de mecanismos de presión y coacción dirigidos hacia los cocaleros de la zona. Según las declaraciones del dirigente, se está obligando a los productores de hoja de coca a participar en bloqueos de caminos y otras medidas de presión mediante la imposición de sanciones económicas y amenazas directas.
Mamani detalló que existen multas obligatorias que ascienden a los 500 bolivianos para aquellos cocaleros que no se sumen a las movilizaciones. Estas sanciones no serían acciones aisladas, sino que estarían siendo implementadas y coordinadas a través de las estructuras de los sindicatos y las Organizaciones Territoriales de Base (OTBs), quienes se encargarían de fiscalizar la asistencia y aplicar los castigos correspondientes a quienes se resistan a participar.
Además de la presión económica, el dirigente alertó sobre la existencia de amenazas y amedrentamientos constantes. El objetivo de estas acciones, según Mamani, es asegurar la asistencia masiva no solo a los bloqueos locales, sino también a las marchas programadas hacia la ciudad de La Paz. El dirigente fue enfático al señalar que este clima de intimidación busca forzar una movilización que no necesariamente representa la voluntad espontánea de todos los sectores.
Un punto crítico de la denuncia se centra en las represalias contra quienes manifiesten su desacuerdo. Mario Mamani afirmó que, según los sindicatos, existen sanciones específicas para aquellas personas que sean identificadas como opositores. Entre estas medidas punitivas, además de la multa monetaria, se mencionó la aplicación de una "erradicación de coca 0" dirigida a quienes no se alineen con las directrices de los convocantes.
En cuanto al trasfondo de estas movilizaciones, el dirigente sostuvo que hay personas infiltradas que están trabajando deliberadamente para generar una situación de convulsión política en la región. Para Mamani, estas acciones han dejado de responder al interés general del país para convertirse en una herramienta con fines estrictamente políticos. En este sentido, denunció que el objetivo real de quienes organizan estas presiones es la búsqueda de nuevos liderazgos, basados no en la representación legítima, sino en la capacidad de manejar y manipular a la gente para convocar a la convulsión.
Sobre las aspiraciones políticas de estos grupos, el dirigente reveló que existe una facción que busca conseguir la renuncia del gobierno central. No obstante, Mamani manifestó su desacuerdo con esta postura, argumentando que un cambio de mando o una renuncia en un periodo de seis meses no resolvería los problemas estructurales y profundos que han afectado al país durante mucho tiempo.
En conclusión, el dirigente hizo un llamado a que el gobierno central cuente con el tiempo y el espacio necesarios para poder gestionar los problemas centrales que enfrenta la nación. Según su visión, la estabilidad es preferible a una convulsión impulsada por intereses particulares y métodos de coacción, instando a reflexionar sobre la legitimidad de las movilizaciones que se basan en el miedo y las sanciones económicas en lugar del consenso y el beneficio nacional.


