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Rendimiento de los bonos del Tesoro de EE. UU. alcanza niveles no vistos desde 2007

El bono de EEUU a 30 años alcanza el 5,189%, niveles previos a la crisis financiera, presionado por la inflación, la guerra en Oriente Próximo y el petróleo.

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Rendimiento de los bonos del Tesoro de EE. UU. alcanza niveles no vistos desde 2007
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Los bonos del Tesoro de Estados Unidos a 30 años han alcanzado el 5,189 por ciento, un nivel de rentabilidad no visto desde 2007 y previo a la crisis financiera global. Este repunte está impulsado por una fuerte presión inflacionista y el encarecimiento del petróleo, derivado del conflicto en Oriente Próximo y la crisis de transporte marítimo en el estrecho de Ormuz. El escenario se complica por la intención del Gobierno estadounidense de elevar el gasto en defensa a 1,5 billones de dólares y una Reserva Federal que, ante la inflación del 3,8 por ciento, descarta recortar los tipos de interés. Esta tendencia alcista se extiende a Reino Unido y Japón, aunque analistas de Julius Baer prevén un alivio futuro si los precios del crudo logran moderarse.

El mercado financiero internacional observa con atención cómo el rendimiento del bono del Tesoro de Estados Unidos a 30 años ha experimentado una escalada significativa, alcanzando el 5,189%. Esta cifra representa un nivel de rentabilidad que no se registraba desde el año 2007, situándose en cotas similares a las observadas justo antes del estallido de la crisis financiera global que afectó a la economía mundial hace casi dos décadas.

Este repunte en los rendimientos de la deuda pública estadounidense se desarrolla en un marco de fuerte presión inflacionista. El factor determinante detrás de este fenómeno es la prolongación del conflicto bélico en Oriente Próximo, el cual se ha extendido ya por más de dos meses, generando una inestabilidad económica considerable en los mercados de materias primas.

En los últimos meses, la deuda pública de Estados Unidos ha sufrido un incremento acusado en sus rendimientos. Este movimiento ha sido motivado, principalmente, por el encarecimiento de los costes energéticos derivados de la guerra en la región. La situación se ha visto agravada por la alteración de una parte sustancial del comercio mundial de crudo, consecuencia directa de la práctica paralización del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, un punto neurálgico para el suministro global de petróleo.

Como resultado de estas tensiones geopolíticas y económicas, los intereses exigidos a los bonos han escalado hasta niveles que evocan el periodo previo a la crisis financiera internacional. Este encarecimiento de la financiación ocurre en un momento crítico para las finanzas públicas, ya que el Gobierno de Estados Unidos tiene el objetivo de elevar su gasto en defensa en un 50%, proyectando una cifra que asciende a los 1,5 billones de dólares, equivalentes a 1,3 billones de euros.

Simultáneamente, los indicadores económicos recientes han complicado el panorama para la política monetaria. Los últimos registros de inflación, que se situaron en el 3,8% durante el mes de abril, han reducido de manera notable las expectativas de que la Reserva Federal realice un recorte temprano de los tipos de interés. Actualmente, la institución está presidida por Kevin Warsh, nominado por Trump. El propio mandatario de la Casa Blanca parece haber descartado la posibilidad de una bajada de tipos, basándose en sus declaraciones más recientes.

La volatilidad se hizo evidente el pasado viernes, cuando el mercado de deuda registró una sesión de intensa actividad en las operaciones de compraventa. Este incremento en el volumen de negociaciones se produjo inmediatamente después de la publicación de los datos de inflación y ante la creciente incertidumbre que impera sobre el rumbo que tomarán los tipos oficiales. Si bien este aumento en la negociación ha contribuido a impulsar los rendimientos al alza, el precio elevado del petróleo sigue siendo el factor determinante.

Dario Messi, Jefe de Análisis de Renta Fija de Julius Baer, ha analizado esta situación señalando que los mercados de bonos atravesaron otra semana difícil. Según el analista, se produjo una venta masiva más pronunciada el viernes, impulsada en gran medida por la evolución del mercado petrolero. Messi destaca que no solo el aumento de los precios del petróleo al contado afectó negativamente a la renta fija, sino que también influyó el repunte de los futuros del petróleo a largo plazo, lo que genera preocupación sobre la posibilidad de que las presiones inflacionarias energéticas se prolonguen en el tiempo.

La tendencia alcista no se limita a los títulos a largo plazo. El rendimiento de la deuda estadounidense a 10 años también ha superado el umbral del 4,5%, situándose en el 4,674% este martes. Este fenómeno se replica en otras economías desarrolladas; los bonos del Reino Unido y de Japón también registran fuertes subidas en sus tipos. En el caso específico de Japón, los títulos a 30 años están marcando máximos desde su lanzamiento hace 27 años.

A pesar del escenario actual, el análisis de Julius Baer sugiere que podría haber un alivio futuro. El experto considera que los precios del crudo tenderán a moderarse más adelante, lo que permitiría que el mercado de bonos revierta parte de los intensos repuntes de rentabilidad acumulados durante las últimas semanas.

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