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Alerta médica: Cuando el dolor de piernas es señal de una enfermedad arterial grave

A DAP é o resultado da aterosclerose, placa que se forma nas artérias e bloqueia o fluxo sanguíneo

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Alerta médica: Cuando el dolor de piernas es señal de una enfermedad arterial grave

El dolor en las piernas es una sensación relativamente común que muchas personas experimentan en su vida cotidiana. Generalmente, este malestar surge tras realizar un esfuerzo físico intenso, permanecer durante periodos prolongados de pie o debido al exceso de actividades diarias. Sin embargo, existe un límite entre el cansancio normal y una señal de alerta médica. Es fundamental prestar atención cuando este síntoma se vuelve frecuente, persistente o se presenta acompañado de señales como hinchazón, sensación de pesadez, hormigueo o dificultades evidentes para caminar. En diversos casos, este dolor puede estar estrechamente relacionado con problemas de circulación, específicamente con la Enfermedad Arterial Periférica (DAP).

Para comprender la gravedad de esta condición, la cirujana vascular Dra. Aline Lamaita, miembro de la Sociedad Brasileña de Angiología y Cirugía Vascular, explica que en el caso de la DAP, los dolores pueden ser indicadores de un problema serio. La Enfermedad Arterial Periférica es el resultado de la aterosclerosis, un proceso en el cual se forman placas en las arterias que terminan bloqueando el flujo sanguíneo. La doctora Lamaita establece una analogía clara para ilustrar el riesgo: si el flujo sanguíneo se interrumpe en el corazón, el resultado es un ataque cardíaco; si ocurre en el cerebro, se produce un derrame. Cuando esa restricción del flujo sanguíneo afecta a las piernas o, con menor frecuencia, a los brazos, el resultado es la DAP.

Esta patología requiere un seguimiento médico riguroso para obtener un diagnóstico y tratamiento adecuados. No obstante, la especialista advierte que la condición suele estar subdiagnosticada. Uno de los principales obstáculos para detectar la enfermedad a tiempo es que los pacientes, a veces de manera inconsciente, enmascaran el dolor. Esto ocurre cuando las personas comienzan a caminar menos y se vuelven más sedentarias como una forma de compensar el malestar, evitando así el síntoma pero permitiendo que la enfermedad progrese.

El síntoma clásico de la DAP es el dolor en las piernas que aparece específicamente al caminar y que se alivia tras un breve periodo de descanso. Según la Dra. Lamaita, este dolor suele describirse como calambres, quemazón, sensación de pesadez o rigidez en los músculos de las piernas, manifestándose después de realizar ejercicios o al subir y bajar escaleras. La localización exacta del dolor depende de dónde se encuentre el bloqueo del flujo sanguíneo, siendo las zonas más comunes la coxa, la pantorrilla o las nalgas. Otros signos reveladores incluyen la aparición de heridas en las piernas o pies que tardan en cicatrizar, piel descolorida o un crecimiento anormalmente lento de las uñas.

Un aspecto particularmente peligroso de la DAP es que muchas personas no presentan síntomas evidentes, especialmente aquellas que ya llevan un estilo de vida sedentario. Debido a que la enfermedad es progresiva, el problema puede desarrollarse silenciosamente a lo largo del tiempo antes de que surja un dolor repentino. La ausencia de síntomas no implica seguridad; por el contrario, estos pacientes corren un riesgo elevado de sufrir eventos graves como ataques cardíacos, derrames cerebrales, la necesidad de procedimientos quirúrgicos urgentes en las extremidades o incluso la amputación. En los casos más críticos, la circulación sanguínea puede ser tan reducida que el paciente desarrolle úlceras o gangrena en las piernas.

En cuanto a los factores de riesgo, la Dra. Aline Lamaita destaca la presión arterial alta, la diabetes y, muy especialmente, el tabaquismo. El consumo de tabaco parece ser un factor de riesgo más fuerte para la DAP que para otros tipos de aterosclerosis. Existen evidencias que sugieren que la placa en las arterias de las piernas difiere de la de otras arterias, siendo posiblemente más calcificada y con una mayor implicación de coagulación sanguínea. Además, la edad es un factor determinante: a mayor edad, mayor es el riesgo de padecer la enfermedad, siendo los hombres generalmente más propensos que las mujeres.

Para el diagnóstico, una vez identificados los síntomas, es imperativo acudir al médico para realizar un historial clínico y un examen físico completo. La prueba de primera línea es el índice tobillo-brazo, que consiste en medir la presión arterial en los brazos y las piernas para detectar discrepancias en las lecturas. Dependiendo de los resultados, se pueden solicitar exámenes más avanzados como el ultrasonido duplex, la angiotomografía computarizada (ATC), la angiografía por resonancia magnética (ARM) o una angiografía invasiva para evaluar detalladamente las arterias.

El tratamiento se define según la necesidad del paciente. Si se confirma una arteria bloqueada, se pueden realizar procedimientos para restaurar el flujo sanguíneo, tales como la angioplastia para abrir el bloqueo, la inserción de un stent o la cirugía de revascularización para desviar la obstrucción. El tratamiento es esencial para evitar un ciclo vicioso donde el dolor lleva a la inactividad, y el sedentarismo agrava los problemas de salud generales.

Finalmente, la prevención y el tratamiento incluyen cambios en el estilo de vida, como una dieta saludable y la práctica de ejercicios, a menudo mediante programas formales en unidades médicas. También pueden prescribirse medicamentos para prevenir coágulos y reducir el colesterol, además del control estricto de la diabetes y la hipertensión. La Dra. Lamaita concluye enfatizando que el dolor en las piernas o la necesidad de estar más tiempo sentado no deben aceptarse simplemente como parte del envejecimiento; es fundamental que los pacientes busquen a un especialista ante cualquier cambio inusual en sus extremidades.

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