El Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca (MAGP) ha puesto en marcha una serie de iniciativas de capacitación dirigidas a los agricultores del país para la elaboración de bioinsumos. Esta medida surge como una respuesta estratégica ante el incremento sostenido en los precios internacionales de los fertilizantes químicos, los cuales han experimentado alzas significativas debido a factores externos como el precio del petróleo y el conflicto bélico en Irán.
A través del Proyecto Integral de Diversificación Agroproductiva y Reconversión Agrícola (Pidara), el MAGP informó que entre el año 2025 y lo que va de 2026 se han desarrollado un total de 757 capacitaciones. Estas jornadas han contado con la participación de 14.594 productores, quienes han recibido instrucción técnica para producir sus propios insumos biológicos. El objetivo principal de estas sesiones es brindar herramientas que permitan el control biológico de plagas, el fortalecimiento de los cultivos y la mejora general de la fertilidad del suelo.
Dentro de los preparados que los agricultores están aprendiendo a elaborar se encuentran los biofermentos, los bioinsumos a base de suero, productos específicos para el control de babosas en hortalizas y diversos estimulantes diseñados para potenciar el crecimiento de las plantas. A este esfuerzo se suman las acciones de la Subsecretaría de Agricultura Familiar Campesina, que ha impulsado 690 comunidades de aprendizaje, logrando capacitar a otras 12.930 personas. Un dato relevante destacado por el ministerio es que el 60 % de los participantes en estas comunidades son mujeres rurales.
En la provincia del Guayas, el impacto de estas capacitaciones es tangible. La Dirección de Fomento y Posicionamiento de Cadenas Estratégicas Agropecuarias ha trabajado con 563 productores pertenecientes a 10 asociaciones locales. Como resultado de este apoyo, en lo que va del año 2026, se han producido 6.470 litros de bioinsumos. Entre los productos más destacados se encuentran los bioles, el compostaje, el bokashi, el té de estiércol, el purín de ganado y el uso de microorganismos de montaña, elementos que ayudan a recuperar la fertilidad natural de la tierra y a fortalecer el sistema radicular de las plantas.
El ministro de Agricultura, Juan Carlos Vega, ha subrayado la importancia de este giro hacia lo biológico. Según el funcionario, el trabajo con microorganismos no solo incrementa la producción, sino que permite obtener productos más limpios y aptos para el consumo humano, alineándose con las demandas actuales del mercado.
Sin embargo, la transición hacia un modelo agrícola basado exclusivamente en bioinsumos no está exenta de matices técnicos. Rodrigo Gómez de la Torre, analista agropecuario, advierte que, aunque estas herramientas son viables y necesarias, no pueden reemplazar totalmente a los fertilizantes convencionales. Para el especialista, lo adecuado es implementar una combinación de ambos productos, ya que los bioinsumos actúan de manera complementaria.
Gómez de la Torre enfatiza que el proceso de transición para que el suelo se adapte puede tomar entre tres y cinco años, dependiendo estrictamente del clima y las características del suelo. El analista advierte que los fertilizantes químicos siguen siendo indispensables para reponer nutrientes específicos que los cultivos extraen de la tierra. Incluso, menciona el riesgo de una sustitución abrupta, citando el caso de Sri Lanka, donde un cambio radical hacia la fertilización orgánica afectó severamente la producción agrícola del país.
A la crisis de precios internacionales se suma un factor económico interno: la tasa de seguridad aplicada a las importaciones desde Colombia. El analista señala que esta tarifa, que originalmente era del 30 %, llegó a escalar hasta el 100 %, aunque se prevé que baje al 75 % a partir del 1 de junio. Esta situación ha impactado el agro ecuatoriano, ya que Colombia es un proveedor clave de insumos agrícolas, y el temor a nuevas alzas ha generado especulación en el mercado.
En términos monetarios, el impacto es evidente para el productor. Algunos fertilizantes que anteriormente se comercializaban en sacos de 50 kilogramos por un valor de 42 dólares, ahora alcanzan los 60 dólares, reflejando un incremento general de precios que oscila entre el 20 % y el 40 %.
Finalmente, el MAGP sostiene que los bioinsumos, compuestos por sustancias de origen biológico y microorganismos, son la ruta hacia la sostenibilidad ambiental. Estas alternativas permiten un manejo integrado de plagas, mejoran la productividad y reducen la dependencia de los químicos, disminuyendo así los costos de producción. No obstante, persiste la visión técnica de que su aplicación debe ser personalizada según el entorno, manteniendo su rol como complemento y no como sustituto total de la fertilización tradicional.

