Desde que asumió la presidencia en noviembre de 2023, el mandatario de Ecuador, Daniel Noboa, ha realizado 18 viajes a Estados Unidos. Esta frecuencia de visitas ha despertado interrogantes en la opinión pública sobre la efectividad real de estos desplazamientos para un país sumido en una profunda crisis de seguridad. En su más reciente agenda en Washington, Noboa mantuvo encuentros con legisladores, autoridades de organismos multilaterales, representantes de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y el vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, abordando temas de comercio, migración y seguridad. No obstante, la Cancillería ecuatoriana se ha limitado a difundir boletines y fotografías, sin proporcionar detalles pormenorizados sobre los acuerdos o resultados de dichas reuniones.
El analista y experto en seguridad Jean Paul Pinto sostiene que estos viajes podrían responder a una estrategia para elevar la popularidad del presidente, que estaría decayendo a nivel interno. Según Pinto, Noboa busca proyectar una imagen de liderazgo fuerte y respaldo estadounidense. Esta percepción choca con la realidad de los documentos oficiales de Washington. Recientemente, la Casa Blanca publicó su Estrategia Nacional de Control de Drogas 2026, un informe que no menciona directamente a Ecuador, a pesar de que el país es un punto neurálgico para el tráfico mundial de estupefacientes. El informe sí incluye a México y Colombia, países con los que el gobierno de Noboa mantiene relaciones diplomáticas tensas.
A pesar de esta omisión en los planes estratégicos de EE.UU., Noboa ha insistido en que la relación es productiva. Tras su encuentro con J.D. Vance, el mandatario afirmó en redes sociales que ambos países luchan contra enemigos que no reconocen fronteras y que la alianza se basa en la firmeza para enfrentar el narcotráfico. Esta alineación política quedó evidenciada en marzo pasado, cuando Noboa asistió a la convocatoria de Donald Trump en Florida bajo la iniciativa Escudo de las Américas, reunión de líderes latinoamericanos de derecha a la que no fueron invitados los mandatarios de México y Colombia.
Sin embargo, expertos señalan que el discurso oficial difiere de la práctica. Jean Paul Pinto advierte que los resultados de la política de seguridad de Noboa no han sido significativos, pues la violencia persiste y los asesinatos en las cárceles continúan. Mientras el gobierno defiende medidas como el toque de queda y los estados de emergencia, el ministro del Interior, Jhon Reimberg, ha reportado reducciones de homicidios entre el 10% y el 30% en zonas como Guayaquil, Los Ríos y Manabí. No obstante, el propio gobierno ha admitido que la violencia tiende a migrar hacia otros puntos del territorio cuando se aplican estas restricciones.
Desde una perspectiva diplomática, el politólogo Santiago Basabe advierte que no existen señales claras de un trato preferencial hacia Ecuador. Basabe destaca que Estados Unidos no ha nombrado un embajador en Ecuador desde la llegada de Trump, manteniendo únicamente a un encargado de negocios, lo que sugiere que la relación no es una prioridad bilateral. Además, subraya que Noboa no ha tenido una visita de Estado ni ha sido recibido oficialmente por el presidente Trump en la Casa Blanca.
En el ámbito militar, Noboa ha defendido las operaciones conjuntas con el Comando Sur de EE.UU., asegurando que el liderazgo es estrictamente ecuatoriano y que el apoyo estadounidense se limita a inteligencia y tecnología. Un ejemplo de esto fue la operación en Sucumbíos entre el 3 y el 6 de marzo, destinada a destruir un campamento de los Comandos de la Frontera y capturar al líder criminal Mono Tole. Aunque el gobierno reportó éxito, habitantes locales denunciaron que el bombardeo afectó terrenos agrícolas y no instalaciones terroristas.
Esta situación ha provocado que legisladores demócratas en EE.UU. envíen una carta al secretario de Defensa, Pete Hegseth, solicitando suspender las operaciones conjuntas. Los congresistas expresaron preocupación por posibles violaciones a los derechos humanos y la falta de autorización del Congreso estadounidense, advirtiendo que estas acciones podrían desencadenar una confrontación armada regional.
Finalmente, la tensión se ha extendido a la relación con Colombia. Durante un discurso en la OEA, Noboa afirmó que el vecino colombiano es probablemente el enemigo. Estas declaraciones se suman a los cruces personales con el presidente Gustavo Petro, quien ha amenazado con demandar a Noboa por calumnia. Expertos advierten que esta confrontación abierta es contraproducente, ya que Colombia posee capacidades militares e inteligencia superiores que Ecuador no debe subestimar, y la cooperación fronteriza es vital para combatir el crimen organizado.


