La reciente presentación del tercer tomo de la obra dedicada a la historia de Quillota, realizada en el Centro Cultural Leopoldo Silva Reynoard, ha puesto de relieve el compromiso de un autor que busca dejar un legado sólido y documentado para su ciudad natal. El escritor, quien combina su formación como profesor de historia con una trayectoria periodística de más de medio siglo, ha emprendido la ambiciosa tarea de redactar una serie de diez tomos que permitan sentar las bases del pasado de la localidad, abordando los grandes temas con profesionalismo y precisión.
Durante el encuentro, el autor compartió una reflexión personal sobre el desgaste y la satisfacción que implica una labor de esta magnitud. Al ser consultado por una asistente sobre si el tiempo le alcanzaría para completar los diez volúmenes, el historiador reconoció que en cada entrega siente que se entrega un pedazo de su propia vida. Sin embargo, subrayó que el cansancio es superado por la alegría que le produce escribir sobre Quillota, definiendo su trabajo no solo como un libro, sino como una herencia para la ciudad que lo vio nacer.
El tercer tomo se centra en un periodo de veinticinco años especialmente intensos, los cuales el autor identifica como la etapa de cambio más significativa en la trayectoria de la ciudad. La tesis central de este volumen es la existencia de dos Quillotas claramente diferenciadas: una anterior a la llegada del ferrocarril y otra posterior a este evento. Según el relato, la primera etapa se caracteriza por ser colonial y apacible, mientras que la segunda se define como moderna y convulsionada.
La llegada del tren no solo transformó la infraestructura, sino que alteró la mentalidad de los habitantes. El humo de las locomotoras trajo consigo una sensación de importancia y la urgencia de modernizar el espacio urbano. En aquel entonces, la antigua villa contaba con cerca de 9.000 habitantes y se posicionaba como el único poblado relevante entre Valparaíso y Santiago, aunque su desarrollo se mantenía limitado hasta la irrupción del transporte ferroviario.
Este impulso de modernización se manifestó inicialmente en el arreglo de la plaza, pero pronto se extendió a otras áreas sociales y arquitectónicas. Durante las décadas de 1860 y 1870, surgieron aspiraciones que marcaron el destino urbano. Un ejemplo destacado fue la unión de vecinos connotados para la construcción del Hospital de Caridad, institución que llegó para reemplazar al Asilo Universal, el cual era atendido por la Beatita Benavides.
El espíritu de sociabilización también floreció con la creación de cinco clubes sociales: el Club Quillota, el Club de Amigos, el Club de Obreros, el Club de la Sociedad de Socorros Mutuos y el Club de la Unión. Estos espacios reflejaban el interés creciente de la comunidad por compartir y discutir los acontecimientos que ocurrían en la zona.
El ferrocarril facilitó además la comunicación y el transporte; el correo comenzó a llegar diariamente y aumentó el flujo de coches que se estacionaban junto a la estación. A este avance se sumaron obras civiles como el nuevo edificio municipal y la construcción del primer matadero. Asimismo, se erigió el Teatro Municipal, un espacio elegante que permitió la llegada de eventos culturales gracias a la conectividad ferroviaria.
El impacto económico se extendió al turismo, ya que la ciudad comenzó a recibir veraneantes atraídos por su clima. Esto propició la apertura de cinco hoteles, muchos de ellos gestionados por extranjeros, destacando la sucursal del reconocido Hotel Oddó. El cierre de este proceso de modernización ocurrió en 1870 con la fundación de El Quillotano, el primer diario local, creado para difundir la relevancia nacional que la ciudad había adquirido.
En cuanto al contenido específico del volumen, el autor incluye una biografía detallada y sin censura de la Beatita Benavides, explorando cómo su fallecimiento impulsó la creación del hospital. Además, el libro revela que dos personas que posteriormente fueron diputados plagiaron información para convertir a Joaquín Murieta en quillotano. Finalmente, la obra dedica tres capítulos a analizar sucesos relacionados con la administración, la política y diversos conflictos tanto nacionales como internacionales que afectaron a la localidad.
Para el autor, escribir la historia de Quillota es, en esencia, escribir sobre las vidas de miles de personas que, desde diversas posiciones, construyeron la ciudad actual. Considera que la historia local es la versión más cercana de la vida urbana y la herramienta más eficaz para explicar el desarrollo de los hechos, entendiendo a Quillota como un universo donde miles de familias han desplegado sus sueños y construido sus hogares.


