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Salmonicultura chilena: De industria exportadora a referente global en seguridad alimentaria y ciencia

Durante años, Chile discutió la salmonicultura principalmente desde la contingencia. Permisos, regulación, conflictos territoriales o debates ambientales marcaron gran parte de la conversación pública. Pero mientras eso ocurría, el mundo comenzó a enfrentar uno de sus mayores desafíos estratégicos, resolver cómo alimentar de manera sostenible a una población global en crecimiento.

Salmonicultura chilena: De industria exportadora a referente global en seguridad alimentaria y ciencia

Durante años, la conversación pública en Chile respecto a la salmonicultura se ha centrado primordialmente en la contingencia. El debate se ha limitado frecuentemente a la tramitación de permisos, la aplicación de regulaciones, los conflictos territoriales y diversas discusiones ambientales. Sin embargo, mientras el país se enfocaba en estos aspectos internos, el escenario global comenzó a plantear uno de sus desafíos estratégicos más urgentes: encontrar la manera de alimentar de forma sostenible a una población mundial en constante crecimiento.

En este contexto, la salmonicultura chilena ha experimentado una transformación en su rol. Ha dejado de ser percibida únicamente como una industria exportadora para convertirse en una pieza fundamental de la solución alimentaria global. Actualmente, el salmón se posiciona como una de las proteínas más nutritivas y sostenibles disponibles en el mercado mundial. Su menor huella de carbono en comparación con otras proteínas de origen animal, sumada a la implementación de altos estándares de inocuidad, sanidad y bienestar animal, ha convertido a la acuicultura en un actor relevante para la seguridad alimentaria internacional. Esta evolución ha captado la atención de centros científicos, organismos internacionales y mercados con exigencias cada vez más estrictas.

Chile posee una oportunidad estratégica única. Su posición como el segundo productor mundial de salmón, con exportaciones anuales que superan los 6.500 millones de dólares, es solo una parte de la historia. El valor real reside en la construcción de capacidades técnicas, científicas y sanitarias que ahora comienzan a tener un posicionamiento global. Un ejemplo tangible de este avance es la alianza público-privada y académica impulsada hace más de dos años por el Consejo del Salmón, la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) y el centro de referencia CASA, ubicado en la Universidad de Chile. Esta colaboración se enfoca en un tema crítico para la acuicultura mundial: el manejo y mejoramiento continuo en el uso responsable de antimicrobianos.

La relevancia de este logro es significativa, dado que existen solamente seis centros de referencia de este tipo en todo el mundo, y uno de ellos se encuentra en territorio chileno. Este hecho evidencia que, aunque la industria suele ser analizada desde las tensiones internas, internacionalmente es reconocida por su solvencia técnica y su capacidad para contribuir al desarrollo de estándares globales. Este reconocimiento se ve reforzado por la reciente designación de Marcela Lara, quien liderará desde Chile la estrategia regional de acuicultura para las Américas de la OMSA. Este nombramiento no solo potencia una agenda de colaboración preexistente, sino que sitúa a Chile y a la región en un espacio de liderazgo internacional en materia de sostenibilidad y sanidad acuícola.

Este progreso revela una tendencia clara: el conocimiento aplicado se ha transformado en un activo estratégico para el desarrollo de las naciones. En un mercado global altamente competitivo, las industrias que liderarán el futuro serán aquellas capaces de equilibrar la productividad con la sostenibilidad y la evidencia científica. Esto requiere una colaboración permanente y fluida entre el sector productivo, la academia, los organismos internacionales y el sector público.

Hoy en día, las industrias estratégicas ya no compiten exclusivamente por su escala de producción o su volumen de exportación. La competencia actual se centra en la innovación, el desarrollo tecnológico, el cumplimiento de estándares internacionales y la generación de evidencia científica aplicada. En este marco, la articulación entre la industria y los centros de conocimiento deja de ser un complemento opcional para convertirse en una condición indispensable para competir a nivel global.

Por esta razón, resulta fundamental fortalecer la relación entre la salmonicultura y el ecosistema educativo y científico del sur de Chile. El crecimiento futuro de la actividad dependerá de la capacidad del país para formar capital humano especializado, fomentar la investigación aplicada y desarrollar soluciones desde los territorios donde la industria tiene una presencia real. En las regiones de Los Lagos, Aysén y Magallanes, la salmonicultura no solo es una fuente de empleo y encadenamientos productivos, sino que ha impulsado la creación de infraestructura, formación profesional y redes de colaboración que hoy forman parte del capital estratégico del sur austral.

El desafío actual consiste en proyectar este ecosistema hacia una nueva etapa, donde la sostenibilidad esté respaldada por mayor innovación, tecnología e integración con los centros de saber. Chile necesita analizar sus industrias estratégicas con una perspectiva más amplia, evitando que la discusión se agote en la contingencia regulatoria o la tramitación de permisos. El objetivo debe ser definir el rol que estos sectores desempeñarán en las próximas décadas, conectando el empleo y el desarrollo regional con la ciencia aplicada y la sostenibilidad. La salmonicultura chilena ya no es solo un actor local; es parte de una conversación global sobre salud animal y alimentación. Cuando una industria logra integrar la ciencia, la innovación y la colaboración institucional, deja de ser una simple oportunidad económica para transformarse en una política de futuro.

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