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Esclerodermia: la lucha de Graciela contra una enfermedad invisible y el sistema de salud

A los 60 años, Graciela Rauta tuvo que soltar la vida que conocía para enfrentar un diagnóstico que le 'endureció' la piel pero le fortaleció el espíritu.

Esclerodermia: la lucha de Graciela contra una enfermedad invisible y el sistema de salud

A los 60 años, Graciela Rauta se encontró enfrentando una realidad que transformó por completo su existencia. Lo que comenzó como síntomas aislados y confusos terminó convirtiéndose en un diagnóstico de esclerodermia sistémica difusa, una enfermedad autoinmune, degenerativa y sin cura que, debido a su baja visibilidad social, suele tardar años en ser identificada por los profesionales de la salud.

La trayectoria de Graciela hacia el diagnóstico fue un camino marcado por la incertidumbre. Sus primeros síntomas aparecieron en 2013, manifestándose a través de una acidez estomacal persistente y una reacción inusual en sus manos: los dedos cambiaban de color, alternando entre azul, rojo y blanco. Este fenómeno, conocido como síndrome de Raynaud, es una señal crítica de alerta, aunque en el caso de Graciela, los diversos médicos que consultó no lograron conectar este síntoma circulatorio con un problema sistémico, limitándose a analizar sus malestares gastrointestinales.

Recién en el año 2020, en el contexto de la pandemia, un médico amigo le sugirió acudir a un reumatólogo. A pesar de que Graciela no comprendía la relación entre un especialista en articulaciones y sus síntomas, el doctor Sebastián Sahores logró identificar la patología casi de inmediato. Tras una serie de preguntas y un análisis de anticuerpos, se confirmó que padecía la variante más severa de la enfermedad: la esclerodermia sistémica difusa. Para entonces, ya habían pasado siete años desde las primeras señales.

La esclerodermia sistémica difusa se diferencia de la localizada en que ataca diversos órganos internos de manera progresiva. El proceso se caracteriza por una acumulación de fibrosis que endurece la piel y puede alterar los rasgos faciales, pero su peligro real reside en el daño irreversible que causa en el tubo digestivo, el corazón y los pulmones. El doctor Sahores utiliza una analogía clara para explicar la importancia de la detección precoz: así como un corte superficial sana sin dejar rastro si se trata a tiempo, una herida profunda deja una cicatriz permanente. En la esclerodermia, la fibrosis orgánica es esa cicatriz que, una vez formada, no puede revertirse.

El impacto en la vida de Graciela ha sido profundo. De llevar una vida activa y un ritmo laboral intenso, pasó a verse obligada a dejar su trabajo, ya que su cuerpo ya no respondía a las exigencias de su profesión. Actualmente, lidia con rigidez en las manos, dolores corporales intensos que a veces la mantienen postrada en cama y la necesidad de asistir a un equipo multidisciplinario de especialistas que incluye cardiólogos, neumólogos y gastroenterólogos. A este desafío físico se suma el apoyo fundamental de su esposo, Walter, y sus hijas, Aixa y Layla, quienes la acompañan en el agotador circuito de estudios y tratamientos.

Sin embargo, la batalla no es solo contra la enfermedad, sino también contra el sistema de salud. Graciela enfrenta una lucha burocrática constante con su obra social para obtener la medicación, cuyo costo asciende a millones de pesos mensuales y requiere autorizaciones cada seis meses. A pesar de contar con un certificado de discapacidad, la cobertura no es total, lo que la obliga a recurrir frecuentemente a recursos de amparo judiciales para garantizar el acceso a su tratamiento. Según relata la paciente, el estrés generado por estos trámites contradice las recomendaciones médicas de mantener la tranquilidad.

En medio de este escenario, Graciela encontró refugio en EscleroSalud, una organización de mujeres que padecen la enfermedad. Esta red, representada por figuras como Ana Salas y la abogada Gabriela Ducros, brinda no solo contención emocional, sino también asesoramiento legal y orientación para gestionar el certificado de discapacidad. Ana Salas advierte sobre las "renuncias silenciosas" que conlleva la patología: la pérdida del empleo, de los estudios, de los vínculos sociales y la posterior llegada de la depresión y el aislamiento.

La prevalencia de la esclerodermia se estima entre 50 y 500 casos por millón de habitantes, afectando mayormente a mujeres en edad fértil. Aunque puede haber predisposición genética, factores externos como el tabaco, químicos, fármacos o la exposición solar pueden aumentar el riesgo. El mensaje final de Graciela, quien hoy se desplaza entre Catriel y Cipolletti para sus consultas, es la urgencia de difundir la enfermedad. Su objetivo es que el síndrome de Raynaud sea reconocido como la "bandera roja" que es, evitando que otros pacientes deban esperar años para obtener un nombre para su dolor y comenzar a manejar su condición a tiempo.

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