La Capitanía de Puerto de Pisco ha tomado medidas drásticas ante la inestabilidad climática que afecta actualmente la costa peruana. En una acción preventiva orientada a salvaguardar la integridad física de las personas y la seguridad de las embarcaciones, la autoridad marítima dispuso el cierre temporal de diversos puntos estratégicos para el tránsito y la pesca en las regiones de Ica y Chincha. Entre los puertos afectados por esta medida se encuentran Lagunillas y Laguna Grande, ambos ubicados en la Reserva Nacional de Paracas, así como el puerto de San Juan de Marcona, en la región de Ica, y el puerto de Tambo de Mora, situado en la provincia de Chincha.
Esta decisión responde directamente a la presencia de fuertes oleajes y vientos anómalos que han sido detectados en gran parte del litoral peruano. Estas condiciones meteorológicas representan un peligro significativo para cualquier tipo de navegación, especialmente para aquellas actividades que se desarrollan en aguas costeras y zonas de desembarco. Por ello, la medida preventiva ha sido comunicada formalmente a un amplio sector de la comunidad marítima, incluyendo a los pescadores artesanales, propietarios de embarcaciones menores, lanchas, yates y todas las personas dedicadas al tránsito marítimo en las zonas afectadas. El objetivo primordial de esta restricción es evitar accidentes que puedan derivar en tragedias y asegurar que la vida humana en el mar no se vea comprometida ante la peligrosidad del clima actual.
El capitán de fragata Raúl Franco Napuri, representante de la autoridad marítima, proporcionó detalles técnicos sobre la duración de este fenómeno climático. Según informó el capitán, el fuerte oleaje y la agitación marítima se mantendrán vigentes desde el 7 hasta el 11 de mayo. Durante este periodo crítico, se ha recomendado encarecidamente a todos los actores del sector restringir sus actividades marítimas y extremar todas las medidas de seguridad disponibles para evitar incidentes. Asimismo, el oficial exhortó a los hombres de mar a mantenerse vigilantes y atentos a los comunicados oficiales que emita la autoridad marítima, instándolos a evitar exponerse innecesariamente al peligro mientras la alerta climática permanezca activa en la costa peruana.
Para garantizar el cumplimiento de estas medidas y supervisar la evolución del clima, la autoridad marítima indicó que el personal de la Capitanía de Puerto de Pisco está realizando un monitoreo permanente. Este seguimiento se lleva a cabo las 24 horas del día, permitiendo evaluar en tiempo real el comportamiento del mar y brindar la orientación necesaria a los pescadores artesanales que operan en la zona. El monitoreo constante es fundamental para determinar el momento exacto en que las condiciones sean seguras para reanudar las faenas de pesca y el tránsito de embarcaciones.
La Capitanía subrayó que estas acciones preventivas son esenciales para evitar daños mayores. Se señaló específicamente que, durante las temporadas de oleajes anómalos, las embarcaciones menores son las más vulnerables. La combinación de fuertes vientos y corrientes marinas intensas puede provocar el volcamiento o el naufragio de estas naves, que no cuentan con la estabilidad de los buques de gran calado, haciendo que la prevención sea la única herramienta efectiva contra las pérdidas materiales y humanas.
Sin embargo, la medida ha generado una profunda preocupación entre los pescadores artesanales de la provincia. Los trabajadores del mar manifestaron su inquietud por el impacto económico directo que provocan los cierres de puertos. Para cientos de familias, la pesca diaria no es solo una actividad económica, sino la única fuente de sustento para llevar alimento a sus hogares. La paralización de las labores representa pérdidas financieras considerables, que afectan la estabilidad económica de los hogares costeros que dependen exclusivamente de la extracción diaria.
Muchos de los pescadores señalaron que el impacto es aún más severo para quienes realizan sus faenas de manera independiente. Estos trabajadores deben asumir costos fijos y operativos que no se detienen a pesar del cierre de los puertos, tales como los gastos de combustible, el mantenimiento preventivo de sus motores y la alimentación diaria. La imposibilidad de salir al mar significa que no hay ingresos, pero los gastos operativos persisten, creando un escenario de vulnerabilidad financiera para el sector artesanal.
A pesar del perjuicio económico evidente, existe un consenso entre los hombres de mar respecto a la seguridad. Los pescadores reconocieron que, si bien la falta de ingresos es preocupante, existe un temor mucho mayor ante la posibilidad de que sus embarcaciones sufran deterioros graves debido al golpeo de las olas en el muelle o, en el peor de los casos, el riesgo de sufrir accidentes fatales en alta mar. Esta conciencia del riesgo ha llevado a que, aunque preocupados por su economía, respeten las disposiciones de la Capitanía de Puerto para evitar tragedias humanas.


