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La FIFA enfrenta dudas sobre la demanda de entradas para el Mundial 2026

Entre las muchas novedades del Mundial de 2026, la FIFA probó suerte con la fijación dinámica de precios y actúa como revendedor. Esto llevó a que una entrada llegara a cotizarse por más de dos millones de dólares.

La FIFA enfrenta dudas sobre la demanda de entradas para el Mundial 2026

A pesar de las declaraciones optimistas de la FIFA, el camino hacia el Mundial de Fútbol de 2026 presenta señales contradictorias respecto a la demanda real de boletos. En enero, el presidente de la organización, Gianni Infantino, describió la solicitud de entradas como equivalente a "1.000 años de Mundiales a la vez". Sin embargo, la realidad del mercado a un mes del inicio del evento sugiere un escenario distinto: la mayoría de los partidos aún cuentan con entradas disponibles y no existe claridad sobre si algún encuentro esté realmente agotado.

Esta discrepancia ha sido señalada por Gilad Zilberman, director ejecutivo de SeatPick, el principal sitio web de comparación del mercado secundario. Zilberman ha instado a no dejarse llevar por el discurso oficial sobre el agotamiento de las entradas, sugiriendo que es probable que los precios bajen próximamente. Según su análisis, la FIFA podría estar atravesando dificultades para colocar la totalidad de su inventario de boletos.

El análisis de Zilberman encuentra respaldo en datos externos. Un informe de la Asociación Americana de Hoteles y Alojamientos (AHLA) revela que casi el 80 % de las reservas hoteleras en las ciudades anfitriones se encuentran por debajo de las previsiones iniciales. De acuerdo con la AHLA, esta tendencia se debe principalmente a una baja afluencia de viajeros internacionales. Factores como las complicaciones para obtener visados, el elevado costo de los billetes aéreos y otros desafíos logísticos están limitando la llegada de aficionados extranjeros. Esto sugiere que el torneo podría estar compuesto mayoritariamente por aficionados de Estados Unidos, México y Canadá, quienes, al ser locales, podrían esperar a que los precios disminuyan antes de realizar la compra.

En términos de estrategia comercial, la FIFA ha implementado para este torneo un sistema de fijación dinámica de precios. A diferencia de los algoritmos automatizados, la organización afirma ajustar los precios manualmente basándose en la demanda. Esta política ha provocado que se reporten diariamente precios exorbitantes. Además, la FIFA ha lanzado su propio mercado secundario, permitiendo que quienes obtuvieron entradas mediante sorteos las revendan. A través de este mecanismo, la FIFA cobra una comisión del 15 % tanto al comprador como al vendedor. Un ejemplo extremo de esta dinámica fue una entrada puesta a la venta por 2.299.998,85 dólares, lo que representaría una ganancia de 690.000 dólares para la FIFA en caso de concretarse la venta.

La meta financiera es ambiciosa, ya que la FIFA prevé recaudar 3.000 millones de dólares únicamente a través de la venta de entradas y servicios de hospitalidad, considerando que la entrada más cara para la final tenía un valor nominal de 11.000 dólares. Gianni Infantino ha defendido este modelo argumentando que el torneo se celebra en el mercado de entretenimiento más desarrollado del mundo y que, por ende, deben aplicarse precios de mercado para evitar que los revendedores externos encarezcan los boletos excesivamente.

No obstante, los datos de SeatPick contradicen la tesis de Infantino. Al analizar los principales revendedores ajenos a la FIFA, como Viagogo y Stubhub, Zilberman encontró que a finales de abril, en el 72 % de los partidos analizados, el mercado secundario era más económico que los precios oficiales de la FIFA. Esto indica que la organización no solo intenta emular los precios del mercado secundario, sino competir con ellos para capturar la mayor parte de los ingresos.

Asimismo, se ha observado que la FIFA lanzó dos lotes de "ventas de última hora" entre abril y mayo, después de haber anunciado la fase final de ventas. Zilberman interpreta esto como una estrategia de retención de entradas para influir en el mercado, permitiendo a la FIFA aprovechar picos de demanda y ajustar los precios dinámicos según la reacción del consumidor.

Este modelo comercial también ha chocado con la legislación local. En Ontario, Canadá, se aprobó una ley a finales de abril que prohíbe la reventa de entradas por encima de su valor nominal, afectando directamente los precios en Toronto. Mientras que en Estados Unidos y México las restricciones son escasas, la medida de Ontario marca un límite legal al mercado secundario.

Finalmente, aunque la FIFA no ha confirmado si repetirá estas estrategias en el próximo Mundial en Marruecos, Portugal y España, Zilberman prevé que no será tan sencillo. Según el experto, el consumidor en España, Marruecos y Portugal no está tan acostumbrado como el estadounidense a que el precio de reventa alcance el quíntuple del valor original.

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