Chile enfrenta un crecimiento económico estancado desde mediados de 2012, con el PIB no minero oscilando entre el 2% y el 2,4%. Contrario a la creencia popular, el economista Rodrigo Wagner, académico de la UAI y excoordinador de Hacienda, desestima que la reforma tributaria de 2014 sea la única causa de esta desaceleración. En su análisis, presentado en “La Mesa” de El Mostrador, Wagner argumenta que un factor estructural clave ha sido el fin de las grandes olas de inversión minera.
Wagner explica que estas inversiones masivas en el sector minero impulsaron significativamente la economía chilena durante un período prolongado. Sin embargo, una vez que estas inversiones se detuvieron, el impacto se sintió en diversos sectores, incluyendo la construcción, los servicios, el empleo y, en general, en el resto de la economía nacional. Este efecto dominó, según el economista, es una parte importante de la explicación del frenazo económico chileno.
El economista enfatiza que Chile no se encuentra en una situación de crisis económica, ni está “quebrado” o necesitado de una “reconstrucción” radical. No obstante, reconoce la existencia de un problema persistente: la falta de dinamismo en el crecimiento económico. Wagner advierte que no se puede esperar un retorno automático a tasas de crecimiento del 4% simplemente mediante decretos, discursos políticos o reformas tributarias.
El principal obstáculo para el crecimiento, según Wagner, no reside únicamente en la tasa de impuestos o el costo del capital. El verdadero cuello de botella actual es la escasez de proyectos de inversión “listos para la pala”, es decir, proyectos que puedan ser ejecutados de manera eficiente con permisos claros, regulaciones predecibles y un menor riesgo de litigios prolongados. La falta de certeza jurídica y la burocracia excesiva, en su opinión, están frenando la inversión y, por ende, el crecimiento económico.
En este contexto, Wagner analiza el programa económico de José Antonio Kast, reconociendo que los ajustes tributarios pueden tener un impacto positivo. Sin embargo, advierte que estos ajustes no son una solución mágica ni garantizan un crecimiento sostenible a largo plazo. Una reducción de impuestos puede generar un efecto de nivel, es decir, un impulso temporal a la economía, pero no necesariamente un crecimiento permanente que permita financiar un mayor gasto público, ampliar los derechos sociales y reducir el déficit fiscal simultáneamente.
“Los cambios tributarios, si tú crees que ocurren, te generan un efecto nivel por una vez. No te generan un efecto de crecimiento permanente que te permite gastar mucho más”, afirma Wagner. Subraya que incluso aquellos que abogan por la reducción de impuestos deben considerar la necesidad de garantizar la sostenibilidad fiscal a largo plazo.
El economista utiliza una analogía para describir la situación fiscal de Chile: “No tenemos un problema de quirófano fiscal; tenemos que empezar a ir al gimnasio”. Esta metáfora ilustra que Chile no se encuentra en una emergencia económica similar a la de Argentina, pero sí enfrenta una trayectoria fiscal más exigente que requiere disciplina, orden y un crecimiento económico sostenido. Es crucial, según Wagner, ordenar las cuentas públicas, impulsar el crecimiento económico y preservar la credibilidad del país.
Además, Wagner advierte sobre la importación de discursos políticos que comparan la situación de Chile con la de Argentina, sugiriendo que el Estado chileno está lleno de “grasa” para ser recortado. Si bien este tipo de retórica puede ser efectiva en campañas electorales, no necesariamente refleja la realidad económica chilena. Chile, a diferencia de Argentina, tiene acceso a los mercados financieros internacionales, cuenta con instituciones sólidas y un gasto público que ya incorpora compromisos sociales significativos, como pensiones, salud, educación y transferencias sociales, que son difíciles de eliminar.
El economista destaca que el país ha acumulado una serie de demandas sociales que han sido traducidas en compromisos de gasto público, y desmantelar estos compromisos sería políticamente complejo y socialmente costoso. Por lo tanto, la solución no pasa por una reducción drástica del gasto público, sino por un crecimiento económico sostenido que permita financiar estos compromisos de manera responsable y sostenible.
En resumen, el análisis de Rodrigo Wagner ofrece una perspectiva matizada sobre las causas del estancamiento económico chileno y las posibles soluciones. Desmitifica la idea de que la reforma tributaria de 2014 es la única culpable y destaca la importancia de la inversión minera, la disponibilidad de proyectos de inversión claros y la necesidad de garantizar la sostenibilidad fiscal a largo plazo. Su advertencia sobre la importación de discursos políticos simplistas y la necesidad de un enfoque pragmático y responsable en la gestión de las finanzas públicas es un llamado a la reflexión para los actores políticos y económicos del país.


