A medida que se acerca el período electoral, las tensiones internas en el peronismo se agudizan, poniendo en riesgo la frágil convivencia de Fuerza Patria. Mientras Sergio Massa guarda silencio estratégico, Axel Kicillof y Máximo Kirchner delinean estrategias que parecen incompatibles, evidenciando una lucha de poder por la conducción del espacio. Kicillof, desde la gobernación bonaerense, postula que el candidato presidencial surgirá de su territorio, mientras que Kirchner reafirma la autoridad de Cristina Fernández de Kirchner como única líder. Esta disputa, según fuentes cercanas a ambos, se traduce en una imposibilidad de acuerdo, ya que Kicillof rechaza la idea de un liderazgo compartido similar al de Unión por la Patria, donde Alberto Fernández era el presidente formal pero el poder real residía en la vicepresidencia.
El gobernador bonaerense recuerda con frustración la experiencia de aquel gobierno, donde, a pesar de los esfuerzos por un cogobierno con Horacio Rodríguez Larreta durante la pandemia, las decisiones desde la Provincia de Buenos Aires obstaculizaban cualquier acuerdo. La revuelta policial en Olivos y la consecuente quita de fondos a la Ciudad de Buenos Aires, impulsada por Cristina Fernández de Kirchner para evitar un estallido social en la provincia, son ejemplos de esa pugna constante entre la vicepresidenta y el gobernador.
En este contexto de fractura, emerge la figura de Jorge Brito, banquero y heredero de un imperio financiero, como una opción inesperada. Emilio Monzó, reinsertado en el peronismo, ha estado sondeando a gobernadores e intendentes sobre la posibilidad de Brito como candidato de un centro-derecha peronista. La idea, según fuentes internas, es aprovechar la vacancia opositora y presentar un perfil "outsider" con experiencia, similar al de Mauricio Macri en su momento.
Brito, sin embargo, no es ajeno a los fracasos. Su intento de reemplazar a Marcelo Gallardo en la presidencia de Boca Juniors terminó en una gestión breve y cuestionada. A pesar de ello, cuenta con el apoyo de empresarios como Paolo Rocca, quien ve con buenos ojos la posibilidad de un líder con experiencia que pueda corregir el rumbo del país tras la gestión de Javier Milei. Rocca incluso se reunió con Macri para instarlo a asumir un rol de liderazgo.
Macri, sin embargo, se muestra indeciso. Las ambivalencias de Cristian Ritondo, quien duda en convocar a una reunión de dirigentes bonaerenses para negociar con La Libertad Avanza por temor a debilitar las chances de Diego Santilli como candidato libertario, no lo ayudan. En la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Macri busca el apoyo de los sectores más moderados del PRO, mientras que se anticipa una oposición de centro-izquierda liderada por Horacio Rodríguez Larreta, Leandro Santoro y los radicales de Martín Lousteau.
La posibilidad de que estos sectores se unan representa un desafío para el peronismo, ya que podrían forzar una segunda vuelta competitiva. La clave, según analistas políticos, estará en la capacidad del peronismo para superar sus divisiones internas y presentar un frente unido.
La disputa entre Kicillof y Kirchner no solo refleja una lucha por el poder, sino también diferencias ideológicas. Kicillof representa un sector más pragmático y moderado del peronismo, mientras que Kirchner se aferra a la línea más ortodoxa de Cristina Fernández de Kirchner. Esta tensión se manifiesta en sus discursos y en sus estrategias políticas.
Kicillof busca construir un peronismo más amplio, capaz de atraer a sectores del centro y de la derecha. Kirchner, en cambio, prefiere mantener la pureza ideológica del espacio y rechaza cualquier acercamiento con sectores considerados "enemigos". Esta diferencia de visión dificulta la construcción de un proyecto común y amenaza con dividir aún más al peronismo.
La figura de Sergio Massa, en este contexto, es clave. Como presidente de la Cámara de Diputados y candidato a presidente en 2023, Massa tiene un rol importante en la articulación de las diferentes facciones del peronismo. Sin embargo, su silencio estratégico genera incertidumbre y alimenta las especulaciones sobre sus verdaderas intenciones.
Massa sabe que cualquier declaración pública podría acelerar la ruptura del espacio y poner en riesgo sus propias aspiraciones políticas. Por eso, prefiere mantenerse al margen de la disputa entre Kicillof y Kirchner y esperar el momento oportuno para definir su posición.
El futuro del peronismo, en definitiva, está en juego. La capacidad de sus líderes para superar sus diferencias y construir un proyecto común determinará si el espacio podrá seguir siendo una fuerza política relevante en el país. La figura de Jorge Brito, como posible candidato de un centro-derecha peronista, representa una opción innovadora, pero también arriesgada. Su éxito dependerá de su capacidad para conectar con un electorado cada vez más polarizado y desconfiado de la política tradicional.











