La candidata presidencial Paloma Valencia, conocida por su trayectoria pública sin escándalos de corrupción y su labor legislativa disciplinada, enfrenta crecientes críticas a menos de un mes de las elecciones. La polémica se centra en sus alianzas estratégicas con partidos políticos tradicionales, una decisión que ha generado malestar incluso dentro de su propia colectividad, el Centro Democrático.
Según análisis de Semana, la estrategia de Valencia y su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Oviedo, recuerda a la táctica del todo vale que llevó al poder a Gustavo Petro y Francia Márquez en 2022, y a Juan Manuel Santos en 2014. Petro denominó este enfoque como un sancocho , refiriéndose a la aceptación de apoyos de diversos sectores, independientemente de sus ideologías o historiales de corrupción. Santos, por su parte, logró la reelección con el respaldo de la izquierda, que inicialmente le había hecho oposición, e incluso del controvertido clan político de los Ñoños en Córdoba.
En 2026, Valencia ha optado por una política de puertas abiertas, argumentando la necesidad de sumar fuerzas para derrotar al petrismo. Si bien la candidata ha declarado que los corruptos y los responsables de actos violentos están vetados, no ha excluido públicamente a figuras cuestionadas de los partidos tradicionales en sus acuerdos, lo que ha llevado a asumir su presencia en su campaña.
La presencia de exfuncionarios de la administración de Juan Manuel Santos en el equipo de Valencia y Oviedo ha intensificado las críticas. Nombres como Cristina Plazas y Aurelio Iragorri, reconocidos por su trabajo en el gobierno de Santos, un opositor declarado del expresidente Álvaro Uribe, han sido incorporados a la campaña. A ellos se suman miembros de la Gran Consulta por Colombia que previamente sirvieron en la administración Santos.
Aunque informes de prensa sugirieron la participación de Juan Mesa, otro exfuncionario de Santos, en la campaña de Valencia, él negó esta afirmación a Semana, aclarando que mantiene una amistad de larga data con la candidata. En las últimas semanas, también se han reportado acercamientos entre la campaña de Valencia y el exministro Alejandro Gaviria.
Esta situación ha provocado un enfrentamiento público entre los seguidores de Valencia y Abelardo de la Espriella, su principal competidor por el segundo lugar en la contienda electoral, según la encuesta más reciente de AtlasIntel para Semana. De la Espriella ha calificado a Valencia como la candidata de los de siempre , rechazando de antemano el apoyo de los partidos tradicionales.
La estrategia de Valencia, si bien busca ampliar su base de apoyo, plantea interrogantes sobre la coherencia ideológica y la integridad de su campaña. La decisión de aceptar alianzas con figuras y partidos cuestionados podría alienar a votantes del Centro Democrático y a aquellos que buscan una alternativa clara al petrismo y a la política tradicional.
La controversia en torno a las alianzas de Valencia se suma a un panorama electoral complejo, donde la polarización y la desconfianza en las instituciones políticas son factores clave. La candidata deberá responder a las críticas y explicar cómo su estrategia se alinea con los principios de transparencia y renovación que ha defendido a lo largo de su carrera.
El debate sobre la legitimidad de las alianzas políticas y la necesidad de mantener una postura ética en la campaña electoral se intensifica a medida que se acercan las elecciones. La decisión de Valencia de abrir las puertas a todos, bajo el argumento de derrotar al petrismo, podría tener consecuencias significativas en el resultado final y en la percepción de la clase política por parte de la ciudadanía.
La situación plantea un dilema para los votantes: ¿están dispuestos a apoyar a una candidata que busca ampliar su base de apoyo a través de alianzas controvertidas, o prefieren optar por una opción más consistente ideológicamente, aunque con menos posibilidades de éxito? La respuesta a esta pregunta determinará el rumbo de la elección presidencial y el futuro político del país.
La campaña de Valencia se encuentra en una encrucijada, donde deberá equilibrar la necesidad de sumar apoyos con el riesgo de perder credibilidad y alienar a sus bases. La transparencia y la claridad en sus alianzas serán fundamentales para superar la controversia y convencer a los votantes de que su estrategia es la mejor opción para el país.
El caso de Paloma Valencia sirve como un ejemplo de los desafíos que enfrentan los candidatos presidenciales en un contexto de polarización y desconfianza. La búsqueda de alianzas estratégicas es una práctica común en la política, pero debe realizarse con ética y transparencia para no comprometer la integridad de la campaña y la confianza de los votantes.











