El sistema financiero tradicional suele reaccionar a la mora una vez que el cliente ya ha acumulado atrasos y recargos, ofreciendo reestructuraciones cuando el daño ya está hecho. Las fintechs, sin embargo, proponen un modelo conceptualmente diferente: la refinanciación preventiva, que busca detectar señales de fragilidad financiera antes del incumplimiento y actuar en ese momento. Fuentes del sector confirmaron a iProUP que se trabaja en esta nueva estrategia, que busca preservar la cartera antes del default y proteger al cliente de consecuencias negativas como la pérdida de capacidad crediticia y la exclusión del sistema financiero formal.
Un empresario del sector fintech define la refinanciación preventiva como la detección de señales de fragilidad financiera antes del incumplimiento, interviniendo en ese momento en lugar de esperar a que el cliente caiga en mora formal. Esta estrategia implica un cambio operativo significativo, pasando de administrar el daño consumado a preservar la cartera. Los promotores de esta novedad creen que, bien ejecutada, no solo es más efectiva para la entidad, sino que también protege al cliente de consecuencias difíciles de revertir.
El punto técnico más relevante es identificar a quién ofrecer la refinanciación preventiva. No se trata de abrir campañas masivas, ya que esto podría generar un efecto no deseado, como acostumbrar al cliente a esperar soluciones flexibles incluso estando al día. En cambio, el enfoque debe ser selectivo y basado en señales concretas. Estas señales, individualmente, pueden no indicar un problema, pero combinadas forman un patrón que anticipa una mora en gestación. Ante este patrón, se intervendría extendiendo el plazo, bajando la cuota, reorganizando el flujo de pagos o reformulando la obligación para que el cliente pueda sostenerla.
Para Gabriel Meloni, experto en consumo, esta estrategia es un camino lógico que busca no tener que ir siempre detrás de problemas mayores . Destaca que los clientes a menudo desconocen las herramientas que podrían aliviar su situación financiera, y que la propuesta de estas soluciones por parte de los prestamistas es saludable para ambas partes.
En el universo fintech se distingue entre un cliente con señales de fragilidad que aún no ha incumplido y uno que acumula más de 270 días de atraso. En los últimos meses, varios bancos han comenzado a ofrecer refinanciaciones a clientes con dificultades para pagar sus créditos, especialmente en tarjetas y préstamos personales, buscando reestructurar la deuda y bajar la cuota mensual para que el cliente pueda seguir pagando. Las fintechs van un paso más allá, buscando anticiparse a la caída antes de que sea estadística.
La refinanciación preventiva tiene una doble lógica. No es solo una decisión de negocios, sino también una herramienta de prevención del deterioro crediticio con efectos en ambos lados de la ecuación. El cliente puede evitar que una dificultad transitoria se transforme en un incumplimiento formal con consecuencias reputacionales, financieras y emocionales. Un atraso registrado en la Central de Deudores del BCRA puede cerrar el acceso al crédito formal durante años, mientras que una reestructuración temprana permite mantener su historial en situación regular y seguir dentro del sistema.
Por otro lado, cuando un préstamo entra en mora, la entidad debe constituir previsiones contables para cubrir potenciales pérdidas, lo que impacta directamente en los resultados. Si la refinanciación logra que el cliente vuelva a pagar con cierta regularidad, el crédito puede mantenerse en una categoría de menor riesgo y la entidad necesita provisionar menos capital, evitando inmovilizar recursos y permitiendo seguir canalizando crédito. Las fintechs enfatizan que no se trata de dar más crédito al que está complicado, sino de una reestructuración inteligente y anticipada frente a señales objetivas de tensión.
Esta estrategia surge en un contexto de críticas cruzadas hacia las fintechs, acusadas de tasas abusivas y señaladas como responsables del aumento de la mora. Las fintechs rechazan estas acusaciones, argumentando que no tienen capacidad para fijar el precio del dinero y que las tasas altas son el resultado de sumar costo de fondeo, mora esperada, gastos operativos y rentabilidad mínima. Sostienen que un aumento de la mora implica un aumento de la tasa, no una decisión arbitraria, sino una respuesta del mercado al riesgo.
Respecto a la mora, las fuentes fintech advierten que detrás de una experiencia digital ágil existe una arquitectura sofisticada de evaluación, prevención y gestión del riesgo, basada en motores de decisión que analizan múltiples variables antes de aprobar, rechazar o reformular una oferta crediticia. Afirman que la mora actual no es culpa de los proveedores no financieros de crédito y que la solución al problema requiere un análisis más profundo.
Con la morosidad en niveles récord, alcanzando el 11% en préstamos familiares (el valor más alto desde la crisis de 2001) y hasta el 27% en el sector no bancario, distinguir al cliente en dificultad transitoria del deudor irrecuperable no es solo una buena práctica de riesgo, sino la clave para sostener el negocio del crédito digital y evitar su cierre antes de que la economía se estabilice. La refinanciación preventiva se presenta como una herramienta fundamental para navegar en este escenario desafiante, protegiendo tanto a los clientes como a las entidades financieras.











