A pesar de los avances en cardiología, las mujeres continúan enfrentándose a desigualdades significativas en la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de la cardiopatía isquémica, la principal causa de muerte cardiovascular a nivel mundial. Un reciente documento de posicionamiento científico publicado en el European Heart Journal, elaborado por expertos del “Working Group on Coronary Pathophysiology and Microcirculation” y asociaciones de la European Society of Cardiology (ESC), destaca la influencia crucial de las diferencias de sexo y género en el riesgo cardiovascular, la fisiopatología y el pronóstico de esta enfermedad, instando a una integración sistemática de esta perspectiva en la práctica clínica y la investigación.
La cardiopatía isquémica no es simplemente una versión masculina de la enfermedad, sino que presenta características propias en las mujeres a lo largo de todo su desarrollo. Durante décadas, la investigación y el tratamiento de la enfermedad coronaria se han centrado predominantemente en el modelo masculino, lo que ha llevado a un infradiagnóstico y a un tratamiento subóptimo para muchas mujeres, según explica la Dra. Teresa Padró, jefa del grupo de Biomarcadores de la Evolución de la Enfermedad Cardiovascular del Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau) e investigadora del Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Cardiovasculares (CIBERCV), autora principal del estudio.
Los factores de riesgo cardiovascular clásicos, como el tabaquismo, la diabetes y la hipertensión, tienen un impacto relativo mayor en las mujeres que en los hombres. Además, existen factores de riesgo específicos para las mujeres, como las complicaciones del embarazo (preeclampsia, hipertensión gestacional, parto prematuro o restricción del crecimiento fetal) y la menopausia precoz, que se asocian a un aumento del riesgo de cardiopatía isquémica. Incluso la terapia hormonal sustitutiva puede tener efectos desfavorables si se inicia en mujeres mayores o muchos años después del inicio de la menopausia.
Desde el punto de vista anatómico y funcional, la circulación coronaria femenina presenta particularidades importantes, como arterias de menor calibre y un patrón más difuso de enfermedad coronaria arteriosclerótica. La enfermedad coronaria no obstructiva, la disfunción microvascular y el espasmo coronario son más frecuentes en mujeres, pudiendo provocar isquemia miocárdica incluso en ausencia de estenosis significativas. “Comprender esta fisiopatología es clave para explicar por qué muchas mujeres presentan síntomas claros de isquemia sin lesiones obstructivas evidentes en la angiografía convencional”, señala la Dra. Padró.
La forma en que se manifiesta la cardiopatía isquémica en las mujeres contribuye directamente a las desigualdades en la atención médica. A diferencia del dolor torácico típico en los hombres, las mujeres suelen experimentar síntomas menos específicos, como disnea, fatiga o malestar general, lo que reduce la sospecha clínica inicial y retrasa el diagnóstico. Este problema se agrava por un sesgo histórico en la interpretación de los síntomas, basado en patrones predominantemente masculinos.
Las diferencias también se extienden al ámbito diagnóstico. Las mujeres tienden a tener una menor reserva de flujo coronario, mientras que la reserva fraccional de flujo puede ser más alta para un mismo grado de estenosis, lo que refleja la contribución de la disfunción microvascular a la isquemia. Algunas pruebas diagnósticas tradicionales tienen menor rendimiento en mujeres, mientras que las técnicas de imagen funcional y las pruebas específicas de microcirculación pueden ayudar a detectar isquemia en ausencia de estenosis obstructivas. La falta de consideración de estas particularidades puede llevar a un infradiagnóstico. “Si no se interpretan correctamente estas diferencias, la cardiopatía isquémica en mujeres puede pasar desapercibida o no tratarse de forma adecuada”, advierte la Dra. Padró.
En cuanto al tratamiento, las desigualdades persisten. Las mujeres reciben con menor frecuencia terapias basadas en la evidencia y procedimientos invasivos, y presentan una mayor tasa de abandono terapéutico, en parte debido a la incidencia de efectos adversos. Estas diferencias, combinadas con un perfil de riesgo y características clínicas propias, se traducen en peores resultados clínicos, especialmente después de un síndrome coronario agudo, con una mortalidad más elevada en mujeres, incluso a edades más jóvenes, incluso después de ajustar por factores basales, tratamientos y tiempos de atención.
Una de las principales limitaciones identificadas es la infrarrepresentación de las mujeres en los ensayos clínicos aleatorizados, lo que afecta la solidez de la evidencia disponible. Muchos estudios no están diseñados para analizar diferencias por sexo y género, lo que dificulta la identificación de variaciones en la eficacia, la seguridad o los efectos adversos de los tratamientos en mujeres y limita la extrapolación de los resultados a la práctica clínica. Esta falta de evidencia específica contribuye a perpetuar las desigualdades en el abordaje de la cardiopatía isquémica y frena el avance hacia una medicina más personalizada.
Para revertir esta situación, es fundamental aumentar la participación de mujeres en los ensayos clínicos y diseñar estudios que incorporen la perspectiva de sexo y género desde su concepción. El trabajo también subraya la necesidad de reforzar la concienciación y la formación de los profesionales sanitarios, optimizar las estrategias diagnósticas y promover cambios organizativos y de políticas sanitarias que garanticen una atención cardiovascular más equitativa. “Integrar de forma sistemática la perspectiva de sexo y género en la investigación y en la práctica clínica es imprescindible para mejorar la salud cardiovascular de las mujeres”, concluye la Dra. Padró.


