Amnistía Internacional ha lanzado una severa advertencia sobre la emergencia de un nuevo orden global caracterizado por la depredación y el desmantelamiento del sistema internacional de derechos humanos. En su informe anual, la organización denuncia la conducta de líderes como Donald Trump, Benjamín Netanyahu y Vladímir Putin, acusándolos de priorizar el control, la impunidad y las ganancias personales por encima de los principios fundamentales de derechos humanos.
Según Agn s Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional, este nuevo orden se construye sobre la base de una alianza entre poderosos Estados, corporaciones y movimientos antiderechos , con el objetivo explícito de socavar el multilateralismo, el derecho internacional y los derechos humanos. La respuesta global a esta amenaza, lamenta Callamard, oscila entre la complicidad y la política del apaciguamiento , con pocas excepciones notables, como el Gobierno de España.
El informe detalla el modus operandi de estos líderes, quienes utilizan su poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU especialmente Estados Unidos, Rusia y China para paralizar la acción de la organización. Posteriormente, denuncian la supuesta inutilidad de la ONU como justificación para imponer un nuevo orden mundial, como lo ejemplifica la propuesta de Trump de crear una Junta de la Paz .
La autoridad de los tribunales internacionales, como el Tribunal Penal Internacional y la Corte Internacional de Justicia, también está siendo erosionada. Las órdenes de arresto emitidas por estos organismos quedan sin efecto debido a la negativa de varios países a tomar medidas contra líderes como Putin o Netanyahu, perpetuando así una cultura de impunidad.
El informe destaca la gravedad de las violaciones de derechos humanos en diversas partes del mundo. El genocidio en curso en Gaza y la guerra en Ucrania son señalados como ejemplos flagrantes, pero también se mencionan las matanzas en Sudán, exacerbadas por la injerencia de actores externos como Emiratos Árabes Unidos, los ataques sistemáticos contra las mujeres en Afganistán y la intervención de Ruanda en la República Democrática del Congo.
En el contexto latinoamericano, Callamard advierte sobre un efecto Bukele , en el que varios países están eligiendo líderes que rechazan o minimizan los derechos humanos en favor de una supuesta mayor seguridad o una agenda militarizada. Considera que este fenómeno es un problema grave que explota la frustración popular ante la incapacidad de los gobiernos anteriores para abordar las carencias sociales, como la inseguridad, la pérdida de poder adquisitivo y el desempleo. Sin embargo, confía en que el pueblo verá que el emperador está desnudo , refiriéndose a la eventual exposición de las limitaciones de estos líderes populistas.
La pérdida de confianza en el sistema multilateral y en los instrumentos de la legalidad internacional es particularmente evidente en el sur global . Callamard reconoce que el doble rasero practicado por Occidente con respecto a Israel ha envenenado la confianza de muchos países en este sistema.
No obstante, la secretaria general de Amnistía Internacional también destaca la resistencia y la esperanza que emanan de las generaciones más jóvenes en el sur global . Menciona ejemplos como Nepal, Kenia, Indonesia y Marruecos, donde jóvenes han salido a las calles para defender los derechos humanos y denunciar el genocidio de los palestinos , demostrando que un orden mundial basado en derechos y contrapesos aún tiene un fuerte atractivo para las generaciones futuras.
El informe de Amnistía Internacional no solo denuncia las violaciones de derechos humanos, sino que también plantea un desafío a la comunidad internacional para que abandone la política del apaciguamiento y defienda los principios fundamentales de la dignidad humana y el derecho internacional. La organización insta a los gobiernos a asumir sus responsabilidades y a actuar con determinación para frenar la emergencia de este nuevo orden mundial depredador y restaurar la confianza en un sistema internacional basado en normas y valores compartidos. La situación actual exige una respuesta contundente y coordinada para proteger los derechos humanos y garantizar un futuro más justo y equitativo para todos. La inacción, advierte Amnistía Internacional, solo conducirá a una mayor erosión de los derechos humanos y a un mundo más peligroso e injusto.











