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CIUDAD PERDIDA: Misterio bajo las aguas cubanas

En el vasto cajón de curiosidades de internet abundan los misterios, y pocos despiertan tanto la imaginación colectiva como los de tesoros y civilizaciones perdidas. Un ejemplo especialmente sugestivo es el de la supuesta “ciudad sumergida” frente a las costas de Cuba, un enigma que durante años ha alimentado titulares y teorías casi míticas. Un hallazgo inesperado en el fondo [...] La entrada Qué hay detrás del misterio de la “ciudad sumergida” de Cuba se publicó primero en Confidencial .

CIUDAD PERDIDA: Misterio bajo las aguas cubanas

Un sonar detectó formaciones inusuales a más de 650 metros de profundidad frente a las costas de Cuba en 2001, desatando especulaciones sobre una posible “ciudad sumergida”. El hallazgo, realizado por la empresa canadiense Advanced Digital Communications (ADC) mientras buscaban pecios de la época colonial española, reveló estructuras de piedra con una disposición que no coincidía con restos de naufragios conocidos. Imágenes capturadas por un robot submarino mostraron grandes bloques de superficie pulida, con formas que algunos compararon con pirámides y otras estructuras redondeadas.

Las primeras estimaciones sugirieron una antigüedad de alrededor de 6.000 años para estas estructuras, lo que las haría anteriores a las grandes pirámides egipcias en aproximadamente mil quinientos años. La exploradora Paulina Zelitsky describió el hallazgo como “una estructura realmente maravillosa que parece que podría haber sido un gran centro urbano”, aunque reconoció la necesidad de pruebas adicionales antes de llegar a conclusiones definitivas. Su colega, Paul Weinzweig, fue más contundente al afirmar que las estructuras detectadas con el sonar “simplemente no se pueden explicar desde un punto de vista geológico: hay demasiada organización, demasiada simetría, demasiada repetición de formas”.

Sin embargo, el entusiasmo inicial se ha visto atenuado por la falta de estudios posteriores y por consideraciones geológicas. Las expediciones se detuvieron en gran parte antes de 2005, dejando muchas preguntas sin respuesta. El geólogo Manuel Iturralde explicó que, para que una estructura artificial se hundiera a una profundidad de 600 a 650 metros, tendría que tener al menos 50.000 años de antigüedad, lo que contradice la hipótesis inicial de 6.000 años.

Además, expertos señalan que los procesos naturales pueden dar lugar a formaciones que parecen ordenadas, lo que podría explicar las imágenes capturadas. Formaciones similares en lugares como Yonaguni, Japón, han sido interpretadas como restos de civilizaciones perdidas, pero la comunidad científica generalmente las considera estructuras geológicas moldeadas por procesos naturales. El llamado “camino de baldosas amarillas” descubierto en el fondo del Pacífico es otro ejemplo de una formación que inicialmente pareció artificial, pero que luego se explicó como resultado de fracturas en roca volcánica.

A pesar de estas consideraciones, la incertidumbre persiste y las especulaciones sobre la Atlántida han resurgido. La combinación de profundidad, antigüedad potencial y formas aparentemente artificiales ha alimentado la imaginación de muchos. Sin embargo, como recordaba Carl Sagan, las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias.

En la actualidad, la “ciudad submarina cubana” sigue siendo un fenómeno de internet alimentado por imágenes no verificadas e interpretaciones especulativas. Los datos disponibles no son suficientes para confirmar la existencia de una ciudad construida por humanos en ese lugar. La falta de investigaciones adicionales y la complejidad de la interpretación geológica dificultan llegar a conclusiones definitivas. El misterio continúa, dejando abierta la posibilidad de que lo que se ha detectado sean simplemente formaciones naturales que, por su disposición, han despertado la curiosidad y la imaginación de los investigadores y del público en general. La necesidad de estudios más exhaustivos y de pruebas científicas sólidas es crucial para desentrañar este enigma submarino y determinar si se trata de un hallazgo arqueológico significativo o de un fenómeno geológico natural. La historia de esta supuesta ciudad perdida sirve como un recordatorio de la importancia del escepticismo científico y de la necesidad de basar las conclusiones en evidencia sólida y verificable.

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