En el octavo aniversario de las protestas en Nicaragua, Monseñor Silvio Báez ha emitido un mensaje contundente, afirmando que el país "camina herida, pero no está sola ni derrotada". La declaración, realizada en el contexto de la conmemoración de los eventos de abril de 2018, busca recordar y honrar a las víctimas, así como reafirmar la esperanza en un futuro mejor para la nación centroamericana.
Báez advirtió sobre la importancia de no dejarse engañar por una "lectura deformada de la historia" que, según él, están promoviendo aquellos a quienes identifica como "criminales". Esta advertencia se centra en la narrativa que, según el Monseñor, busca revertir los roles de víctima y victimario. Critica específicamente que "se presentan como víctimas y llaman culpables a las víctimas", una táctica que considera un intento de manipular la memoria colectiva y justificar las acciones represivas del gobierno.
La referencia a las protestas de 2018 evoca un período de intensa agitación social en Nicaragua, desencadenado por reformas al sistema de seguridad social que fueron percibidas como perjudiciales para la población. Las manifestaciones iniciales rápidamente escalaron a un conflicto más amplio, con demandas de justicia, democracia y el fin de la corrupción. La respuesta del gobierno, caracterizada por la represión violenta, resultó en un número significativo de muertos, heridos y detenidos, generando una profunda crisis política y social.
El mensaje de Monseñor Báez se inscribe en una larga tradición de denuncia y defensa de los derechos humanos por parte de la Iglesia Católica en Nicaragua. A lo largo de los años, el Monseñor ha sido una voz crítica del gobierno, denunciando la represión, la falta de libertades y la impunidad. Su postura le ha valido tanto el apoyo de sectores de la sociedad civil como la hostilidad de las autoridades.
La afirmación de que Nicaragua "no está sola" es un llamado a la solidaridad internacional y al apoyo de la comunidad internacional en la búsqueda de una solución pacífica y democrática a la crisis. Báez busca recordar que la situación en Nicaragua ha captado la atención de organizaciones de derechos humanos, gobiernos y organismos internacionales, que han expresado su preocupación por la situación y han pedido al gobierno que respete los derechos humanos y las libertades fundamentales.
La frase "no está derrotada" es un mensaje de esperanza y resistencia dirigido al pueblo nicarag ense. En un contexto de represión y autoritarismo, Báez busca reafirmar la capacidad de la sociedad civil para organizarse, movilizarse y luchar por sus derechos. Su mensaje es un recordatorio de que, a pesar de las dificultades, la esperanza en un futuro mejor sigue viva.
La crítica a la manipulación de la historia es un elemento central del mensaje de Báez. El Monseñor advierte que aquellos que cometieron crímenes y abusos de poder están intentando reescribir la historia para justificar sus acciones y evitar la rendición de cuentas. En este sentido, Báez subraya la importancia de preservar la memoria histórica y de exigir justicia para las víctimas.
El mensaje de Monseñor Báez llega en un momento crucial para Nicaragua, donde la situación política y social sigue siendo tensa. El gobierno continúa reprimiendo a la oposición, restringiendo las libertades civiles y controlando los medios de comunicación. La economía del país se encuentra en una situación precaria, y la pobreza y la desigualdad siguen siendo problemas graves.
En este contexto, el mensaje de Báez es un llamado a la unidad, la resistencia y la esperanza. El Monseñor busca inspirar al pueblo nicarag ense a seguir luchando por sus derechos y a no perder la fe en un futuro mejor. Su declaración es un recordatorio de que la justicia, la democracia y la libertad son valores por los que vale la pena luchar, incluso en las circunstancias más difíciles. La conmemoración de este aniversario sirve como un momento de reflexión sobre el pasado, pero también como un impulso para seguir trabajando por un futuro más justo y democrático para Nicaragua.












