La temporada de verano 2025-2026 en Chile registró un fuerte revés en el sector turístico y comercial, con una caída del 33,8% en la llegada de turistas argentinos, según datos oficiales del Servicio Nacional de Turismo (Sernatur). Esta disminución, significativamente mayor a las proyecciones iniciales, se evidenció mes a mes, con descensos marcados en enero y marzo, a pesar de que Argentina continúa siendo el principal emisor de turistas extranjeros al país, representando casi la mitad del total.
Entre diciembre de 2025 y marzo de 2026, Chile recibió un total de 2.257.121 turistas extranjeros. El flujo turístico alcanzó su punto máximo en enero con 710.346 visitantes, seguido por diciembre (591.792), febrero (508.281) y marzo (446.702), mostrando una clara tendencia a la baja conforme avanzaba la temporada. Dentro de este total, 1.002.057 fueron turistas argentinos, lo que representa una caída interanual del 33,8% en comparación con el año récord 2025.
La reducción en la afluencia de turistas argentinos se profundizó mes a mes: en diciembre la caída fue de un 21,2% (240.592 visitantes), en enero de un 28,6% (369.830), en febrero de un 39,1% (apenas 239.262, a pesar del doble feriado de Carnaval en Argentina) y en marzo se alcanzó un desplome del 46,3% (152.373).
Las cifras oficiales contrastan fuertemente con las estimaciones de la Federación de Turismo de Chile (Fedetur), que había previsto la llegada de cerca de 1,4 millones de turistas argentinos para la temporada estival 2025-2026, anticipando una caída moderada del 7,5%. La realidad superó ampliamente las expectativas negativas, con casi 400.000 turistas menos de lo esperado visitando Chile.
A pesar de este descenso, el mercado argentino sigue siendo crucial para el turismo chileno. En el acumulado de enero a marzo de 2026, Chile recibió 1.665.329 turistas extranjeros, un 18% menos que en el año anterior. De este total, el 45,7% fueron argentinos, equivalente a 761.665 viajeros, lo que confirma que, incluso en caída, representan casi la mitad del flujo turístico internacional hacia el país.
En cuanto a los puntos de entrada, el paso fronterizo Cristo Redentor-Los Libertadores, que conecta Mendoza con la Región de Valparaíso, concentró tres de cada diez ingresos de turistas, lo que subraya la importancia del turismo terrestre, especialmente desde las provincias cercanas de Cuyo y el centro de Argentina, como Mendoza, San Juan y Córdoba.
Diversos factores contribuyeron a este retroceso. El fortalecimiento del peso chileno, impulsado por el buen desempeño del cobre y la estabilidad financiera tras la elección de José Antonio Kast como presidente, encareció el destino para los turistas argentinos. Una situación similar se observó en Argentina, donde el peso argentino se devaluó frente al dólar, afectando el poder adquisitivo de los chilenos que deseaban viajar al país vecino tras la asunción de Javier Milei.
Ante este panorama adverso, grandes centros comerciales y cadenas minoristas como Falabella implementaron promociones especiales dirigidas a los turistas argentinos con el objetivo de mantener el interés y la demanda, frente a la creciente competencia de plataformas de comercio electrónico asiáticas como Temu y Shein, que ofrecen precios más competitivos sin necesidad de cruzar la frontera.
La seguridad también jugó un papel importante en la disminución del turismo argentino. Durante el verano, se registraron varios incidentes de robos, asaltos e incluso estafas en arriendos turísticos dirigidos a argentinos en destinos populares como La Serena, Reñaca y Concón, donde las camionetas se convirtieron en blancos frecuentes.
En perspectiva, la caída del turismo argentino resulta aún más significativa si se compara con los años récord de Chile, que registraron picos históricos de 6,4 millones de turistas en 2017 y 6 millones en 2025. El Sernatur mantiene registros de estos máximos históricos, lo que permite dimensionar la magnitud del retroceso actual.
La situación plantea desafíos importantes para el sector turístico chileno, que deberá implementar estrategias efectivas para recuperar la confianza de los turistas argentinos y revertir la tendencia negativa. La promoción de precios competitivos, el fortalecimiento de la seguridad y la mejora de la experiencia turística son elementos clave para lograr este objetivo. El futuro del turismo chileno dependerá en gran medida de su capacidad para adaptarse a las nuevas condiciones económicas y de seguridad, y para ofrecer un destino atractivo y seguro para los visitantes extranjeros.












