El Papa León XIV denunció este jueves en Camerún que un "puñado de tiranos" están "devastando" el mundo y lanzó un llamado a la paz en una de las zonas más violentas del país africano, en medio de crecientes tensiones con el presidente estadounidense Donald Trump. Desde el comienzo de su gira de 11 días por cuatro países del continente, el pontífice ha abandonado su habitual reserva y ha reiterado sus peticiones de paz, a pesar de las críticas de Trump.
Tras llegar ante la catedral de Bamenda en un papamóvil con cristales blindados y bajo fuerte escolta militar, el Papa bendijo a la multitud enfervorecida, que lo aclamaba con cánticos, banderas de Camerún y del Vaticano, y pancartas con su imagen. El ambiente, a pesar de la tensión en la región, era de fervor religioso y esperanza.
En su discurso, el Papa no dudó en señalar a aquellos que utilizan la religión para fines egoístas. "Ay de aquellos que manipulan la religión y el propio nombre de Dios para su propio beneficio militar, económico y político", declaró, en respuesta a las recientes críticas del vicepresidente estadounidense, JD Vance, quien le había instado a "ser prudente" en temas de teología. Estas declaraciones marcan una clara confrontación ideológica entre el líder espiritual y figuras clave del gobierno estadounidense.
El Papa enfatizó que "el mundo está siendo devastado por un puñado de tiranos, pero se mantiene unido gracias a una multitud de hermanos y hermanas". Sus palabras resonaron especialmente en Bamenda, epicentro de la violencia en el noroeste de Camerún, un conflicto que ha causado miles de muertos en casi una década. El discurso, pronunciado en inglés, buscaba conectar directamente con la población local y transmitir un mensaje de solidaridad y resistencia.
Esta postura reafirma la creciente oposición entre el Papa, nacido en Chicago, y el presidente Trump, quien lo ha calificado de "débil" y "nulo en política exterior". La tensión entre ambos líderes ha escalado en los últimos días, con Trump intentando incluso darle lecciones al Papa sobre la guerra en Irán, aunque posteriormente negó estar "peleando" con el pontífice.
"El papa tiene que entender que Irán ha matado a más de 42.000 personas en los últimos meses", afirmó Trump. "Eran manifestantes totalmente desarmados. El Papa tiene que entender eso. Este es el mundo real, es un mundo desagradable", añadió. Estas declaraciones reflejan una visión del mundo radicalmente diferente a la del Papa, quien aboga por la diplomacia y el diálogo como herramientas para la resolución de conflictos.
A su salida de la Catedral en Bamenda, el Papa soltó palomas blancas, un símbolo universal de paz, en una región del país centroafricano que describió como una "tierra ensangrentada pero fértil que ha sido maltratada". Este gesto simbólico buscaba transmitir un mensaje de esperanza y reconciliación en un contexto marcado por la violencia y la división.
El Papa también denunció la explotación de los recursos naturales de Camerún y la corrupción que alimenta el conflicto. "Quienes saquean los recursos de la tierra que les pertenece, suelen invertir gran parte de las ganancias en armas, en un espiral de desestabilización y muerte sin fin", lamentó. Esta crítica apunta directamente a las élites locales y a los grupos extranjeros que se benefician de la riqueza del país, a costa del sufrimiento de la población.
Por la tarde, el sumo pontífice celebró una misa en la pista del aeropuerto de la ciudad, ante una multitud de cerca de 20.000 fieles que lo aclamaron a su paso. En su homilía, denunció "el mal causado desde el exterior, por aquellos que, en nombre del beneficio, continúan apoderándose del continente africano para explotarlo y saquearlo". Esta denuncia se suma a las críticas previas del Papa sobre la corrupción y la explotación de los recursos naturales.
Camerún es un país rico en recursos naturales petróleo, madera preciosa, cacao, café, algodón pero también posee vastos yacimientos mineros que atraen desde hace décadas a grupos extranjeros y élites locales. Esta abundancia de recursos, paradójicamente, ha contribuido a la inestabilidad y al conflicto en el país.
El miércoles, durante un encuentro con el presidente de Camerún, Paul Biya, quien ha gobernado el país con mano de hierro desde 1982, el Papa pidió "romper las cadenas de la corrupción". Este llamado a la transparencia y la rendición de cuentas es fundamental para abordar las causas profundas del conflicto y promover el desarrollo sostenible.
Bamenda es el epicentro del conflicto que desde 2016 enfrenta a los independentistas de la minoría anglófona del país con el gobierno de Yaundé. Tanto los separatistas como las fuerzas de seguridad han sido acusados de cometer atrocidades contra la población civil. Los civiles se han convertido en el objetivo de extorsiones, violencia, secuestros y asesinatos. Al menos 6.000 personas han muerto desde 2016, según datos de la ONU.
Vivian Ndey, una docente de 60 años de Bamenda, recibió al Papa con una "planta de la paz", un símbolo de esperanza en medio de la crisis. "He dado clase durante este periodo de crisis y no ha sido fácil. No había alumnos, los profesores tenían miedo de venir a clase", explicó a la AFP. Su testimonio refleja la difícil situación que enfrentan los educadores y los estudiantes en la región.
En Camerún, donde alrededor del 37% de sus cerca de 30 millones de habitantes son católicos, la Iglesia desempeña un papel crucial en la mediación de conflictos y gestiona una vasta red de hospitales, escuelas y obras caritativas. Su presencia y su labor social son fundamentales para brindar apoyo a la población más vulnerable.
Antes de Camerún, el Papa realizó una visita histórica a Argelia, marcando el inicio de su gira por África. Continuará su periplo de 18.000 kilómetros en Angola y Guinea Ecuatorial hasta el 23 de abril, llevando un mensaje de paz, esperanza y justicia social a un continente que enfrenta numerosos desafíos.











