Curazao, una pequeña isla neerlandesa de apenas 160.000 habitantes, ha logrado una hazaña sin precedentes: clasificar su selección de fútbol, la Blue Wave, para un Mundial. La clasificación, conseguida in extremis tras un empate 0-0 contra Jamaica y la anulación de un polémico penalti en el tiempo de descuento, ha inundado la isla de un optimismo teñido de azul, el color de su equipo nacional. Este logro deportivo no solo representa un sueño cumplido para los curazoleños, sino que también promete un impulso significativo para la economía local, especialmente para el sector turístico.
El primer ministro Gilmar Pisas, de 54 años, se muestra entusiasmado con las perspectivas que se abren con esta visibilidad global. “El fútbol nos ha puesto en el mapa del mundo. El flujo de personas que vendrán a Curazao aumentará”, afirmó en una entrevista con la AFP. Los datos iniciales respaldan esta predicción: el turismo en la isla creció un 13% en el primer trimestre del año, un sector que representa entre el 35% y el 40% de los ingresos totales del territorio. En 2025, Curazao recibió a 1,5 millones de visitantes, y se espera que esta cifra aumente considerablemente gracias al impacto de la Copa del Mundo. La isla, conocida por sus playas paradisíacas y aguas turquesas, está experimentando un auge en la construcción de hoteles y urbanizaciones.
Sin embargo, más allá de los lujosos complejos turísticos y los cruceros, la realidad de Curazao es diversa. En barrios populares como Fuik, el polvo se levanta sobre un campo de tierra donde jóvenes talentos sueñan con emular a sus héroes. Allí, bajo la supervisión de Remko Bisentini, exjugador profesional en los Países Bajos y exseleccionador de Curazao (2016-2020), se gesta el futuro del fútbol curazoleño. Bisentini, a través de una fundación que creó para jóvenes desfavorecidos, busca brindar oportunidades a aquellos que más lo necesitan.
“Si vienes de vacaciones a Curazao, ves las playas, todo parece perfecto… Pero también hay zonas donde vive gente pobre”, explica Bisentini. “Muchas familias tienen tres, cuatro, cinco hijos, pero no tienen dinero. Les ayudamos cuando no tienen qué comer”. Neveron Alberto, un joven de 17 años procedente del barrio pobre de Parera, es uno de los beneficiarios de esta iniciativa. “Hago todo lo posible por jugar y entrenar todos los días. Ya veremos después lo que Dios me dé”, confiesa con determinación. Su sueño es integrar la Blue Wave, aunque reconoce que el camino es largo y desafiante para los jugadores locales.
La clasificación para el Mundial es, en gran medida, fruto del talento de la diáspora curazoleña. El presidente de la federación, Gilbert Martina, de 55 años, reconoce que “todos los jugadores de la selección nacional juegan en el extranjero. Todos nacieron y crecieron en los Países Bajos, a excepción de Tahith Chong, que se mudó a los Países Bajos a los 13 años”. Con “entre 3.500 y 4.000 jugadores federados”, el fútbol compite con el béisbol, un deporte con una larga tradición en la isla y numerosas estrellas que juegan en las Grandes Ligas estadounidenses.
Un nombre emblemático de la diáspora curazoleña es, sin duda, Patrick Kluivert, la estrella neerlandesa cuyo padre, que vistió la camiseta de las Antillas Neerlandesas, es surinamés, pero cuya madre nació en Curazao. El exdelantero del Ajax de Ámsterdam y del FC Barcelona expresó su alegría por el logro de la selección. “Estoy muy feliz por la gente de la isla, de que puedan disfrutarlo”, dijo a la AFP. “Es el más pequeño (país), y por eso es fantástico para la isla estar en la Copa del Mundo”. Kluivert, quien también fue seleccionador de la Blue Wave (2015-2016), destaca la importancia de esta visibilidad para el futuro del fútbol en Curazao. “En mi época, esto (el fútbol) no era tan importante en la isla, pero ahora los jugadores le han dado visibilidad a Curazao. Es importante para el futuro, para la próxima generación”.
La Blue Wave se enfrentará a un grupo difícil en el Mundial, con rivales de la talla de Alemania, Costa de Marfil y Ecuador. Sin embargo, Kluivert les desea “lo mejor”, reconociendo que “estar en el Mundial ya es un gran y magnífico logro”. La exestrella argentina Claudio Caniggia, presente en Curazao para un torneo de leyendas junto a Ronaldinho, Kluivert, Wesley Sneijder y Marco Materazzi, considera que esta clasificación “va a motivar” y ayudar “a que surjan jugadores”. Y que, pase lo que pase, “será una gran experiencia”. “Si logran pasar la primera ronda, sería extraordinario. Todos los partidos en el Mundial son difíciles y a veces hay sorpresas, así que ¿por qué no?”, reflexionó Caniggia, finalista con Diego Maradona en el Mundial de Italia 1990.
El optimismo también se respira en la tienda oficial de la selección, inaugurada hace un mes, donde aficionados locales y turistas acuden en masa para adquirir camisetas, gorras y bufandas azules. Rovien Petronilia, de 21 años, cajero de la tienda, resume el sentimiento general: “Somos una pequeña isla con grandes sueños”. Y con una sonrisa desafiante, añade: “¡Vamos a vencer a Alemania! Es un gran equipo, está bien, pero cuando tienes confianza, puedes lograrlo”. La Blue Wave ha encendido una llama de esperanza en Curazao, una isla que sueña en grande y que, gracias al fútbol, ha conquistado un lugar en el corazón del mundo.


