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Fiebre Mundialista en Chile: El fenómeno social que traspasa la ausencia de la Selección

El fenómeno, que se ha convertido en un acontecimiento transversal, considerando todas las edades, hombres y mujeres, radica en que socialmente los individuos tienden a imitar otros comportamientos, además de una necesidad evidente de querer participar.

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Fiebre Mundialista en Chile: El fenómeno social que traspasa la ausencia de la Selección
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Chile vive una fiebre mundialista inesperada. A pesar de que la selección nacional no clasificó al torneo en Estados Unidos, México y Canadá, el entusiasmo es transversal y masivo, con un 64.8% de la población siguiendo los encuentros y un fuerte impacto en el consumo comercial. Expertos en psicología señalan que este fenómeno responde a una necesidad humana de pertenencia y cohesión social. El evento actúa como un catalizador de emociones positivas y resonancia colectiva que, aunque puede afectar la productividad laboral, fortalece los vínculos afectivos y sirve como un refugio frente al estrés cotidiano. Esta tendencia se alinea con los récords globales de audiencia de la FIFA y se manifiesta localmente en tradiciones como el coleccionismo de álbumes, transformando el deporte en una herramienta de integración cultural y social.

El Mundial de Fútbol, desarrollado en las sedes de Estados Unidos, México y Canadá, ha desencadenado un fenómeno social particularmente llamativo en Chile. A pesar de que la Selección Chilena, conocida como la Roja, no logró clasificar y no forma parte de la cita planetaria, el entusiasmo por el torneo se ha manifestado con fuerza en diversas capas de la sociedad, transformando el ambiente cotidiano de las calles del país.

Este auge es evidente en el comportamiento del mercado y la comunicación. Tiendas comerciales, centros shopping y diversos medios de comunicación han reflejado la magnitud de este interés, el cual se ha presentado de manera transversal. El fenómeno no discrimina grupos etarios ni género, abarcando desde jóvenes hasta personas mayores, integrando a hombres y mujeres en una tendencia de consumo y seguimiento del evento deportivo.

Para dimensionar este comportamiento, un estudio realizado por Activa Research arrojó datos reveladores. Según la encuesta, el 64,8% de los chilenos ha sintonizado al menos un partido del Mundial, aun sin tener un equipo nacional que representar. En cuanto al interés específico, el 37,2% de los hombres manifestó entusiasmo por el torneo, mientras que en el segmento femenino la cifra alcanzó el 20,5%. El grupo demográfico que lidera este sentimiento es el de las personas entre 18 y 30 años, con un nivel de entusiasmo del 35,3%.

Desde una perspectiva académica, Luis Pino, director de la carrera de Psicología de la Universidad de Las Américas (UDLA), explica que este tipo de eventos suelen ser altamente contagiosos. Según el experto, el entorno social empuja al individuo hacia la imitación y genera una necesidad intrínseca de participación. Pino señala que las emociones predominantes son la alegría y la esperanza, las cuales pueden coexistir con niveles leves de ansiedad y frustración. Al ser sentimientos compartidos, se vuelven altamente atractivos para el ser humano, quien se siente movilizado a formar parte de la festividad y los festejos asociados.

En el plano psicológico y psicosocial, este fenómeno produce una sensación de cohesión social, tanto a nivel individual como grupal. El académico de la UDLA indica que esto se traduce en un sentimiento profundo de pertenencia, acompañado de euforia, seguridad, control y tranquilidad, elementos que la psicología define como necesidades básicas del ser humano.

Desde el trasfondo sociológico, Pino considera que el Mundial no debe verse únicamente como un evento deportivo, sino como una instancia de celebración que abarca el pre, el proceso y el post partido. Esta dinámica refuerza los lazos sociales y la identidad nacional, permitiendo que las personas pongan en común sus deseos, expectativas y emociones, consolidando así una cohesión social profunda.

Esta tendencia observada en Chile es un reflejo de lo que ocurre a escala global. De acuerdo con cifras proporcionadas por la FIFA, el Mundial 2026 ha alcanzado récords tanto en audiencia como en asistencia. En los países anfitriones —Canadá, Estados Unidos y México—, más de 54 millones de personas han seguido los encuentros televisivamente. A nivel mundial, la entidad rectora del fútbol espera que la audiencia supere los 6 mil millones de personas, mientras que la asistencia física a los estadios ya registra más de 4,6 millones de espectadores.

Por su parte, Cristián Rodríguez, psicólogo social y académico de la Escuela de Psicología de la Universidad de los Andes, sostiene que los seres humanos son necesariamente sociales. En este sentido, buscan espacios de convivencia que se alejen de las restricciones funcionales del trabajo o las labores domésticas, buscando lugares de gozo y disfrute. Rodríguez describe esto como un proceso de "resonancia", donde distintas personas vibran en una misma frecuencia emocional, convirtiendo al Mundial en la situación ideal para este fin.

No obstante, Rodríguez advierte que este entusiasmo puede impactar la productividad y la eficiencia laboral. Menciona que es común observar a personas solicitando permisos para salir temprano del trabajo o mostrando una menor puntualidad y atención en sus tareas de oficina durante los horarios de los partidos. A pesar de este posible desmedro en las actividades productivas, el académico enfatiza el valor social de que la gente se reúna y comparta una emoción conjunta.

Finalmente, Luis Pino añade que el evento genera sensaciones de igualdad y equidad, ya que las emociones se comparten independientemente de la raza, clase social, género o identidad, incluso entre personas de bandos deportivos opuestos. Asimismo, advierte que, aunque los logros deportivos se transfieren a sensaciones de éxito personal, no se debe olvidar que el fútbol es una industria económica y política masiva que dinamiza mercados y ejerce una influencia mediática sustantiva.

Como dato cultural, Pino destaca el fenómeno del coleccionismo del álbum del Mundial en Chile, el cual permite la incorporación de conocimientos sobre otras culturas y genera identificación con equipos extranjeros. Este hábito, compartido con familia y amigos, refuerza los vínculos afectivos y sirve como un aliciente frente a situaciones de estrés y complejidades sociales a través de recuerdos colectivos y figuras heroicas.