Diez personas en el mundo han logrado eliminar el VIH de su organismo sin rastro detectable del virus, según un estudio publicado en Nature Microbiology en abril de 2026. El caso más reciente, el del paciente de Oslo , ha permanecido sin terapia antirretroviral y sin reactivación viral durante cuatro años. Lo que distingue este caso es que el donante de células madre fue el hermano biológico del paciente, abriendo nuevas vías para la ciencia.
Hasta ahora, las curaciones previas dependían de encontrar donantes externos con una rara mutación genética. El caso de Oslo demuestra que el entorno familiar puede ser una fuente viable, ampliando el número de candidatos potenciales. El paciente, de 62 años, diagnosticado con VIH a los 44, recibió un trasplante de células madre en 2020 debido a un síndrome mielodisplásico.
El hermano del paciente portaba la mutación CCR5-delta32, que altera los receptores de los linfocitos T, haciéndolos resistentes al VIH. Tras el trasplante, el sistema inmunitario del paciente fue reemplazado por uno resistente al virus. Dos años después, se suspendió la terapia antirretroviral, y tras cuatro años de seguimiento, no se detectó ADN viral en sangre ni en tejido intestinal.
Esta mutación, presente en aproximadamente el 1% de la población europea en su forma homocigota, dificulta la búsqueda de donantes no emparentados. El caso de Oslo es revolucionario porque su hermano resultó ser portador, sugiriendo que la búsqueda de donantes podría comenzar en el ámbito familiar.
Investigadores del consorcio internacional IciStem 2.0, incluyendo al instituto IrsiCaixa de Barcelona, han monitorizado a 40 participantes en condiciones similares. El trasplante de células madre es un procedimiento de alto riesgo, justificado éticamente solo en casos de cáncer potencialmente letal. Sin embargo, estos casos demuestran que el sistema inmunitario humano puede volverse permanentemente resistente al VIH, abriendo camino a terapias futuras basadas en CRISPR-Cas9 y CAR-T.
El mercado global de antirretrovirales supera los 30.000 millones de dólares anuales, y una terapia curativa podría generar una disrupción significativa. El ecosistema hispano de biotecnología, con centros como IrsiCaixa, está en una posición estratégica para desarrollar estas tecnologías.
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