Las Tunas, Cuba – La guerra económica impuesta por Estados Unidos contra Cuba no se manifiesta con imágenes de bombas o el estruendo de aviones, sino a través de un daño silencioso y quirúrgico que impacta directamente en la vida cotidiana de los cubanos. Lejos del debate en la Organización de las Naciones Unidas, la realidad del bloqueo se mide en la falta de acceso a medicamentos, la imposibilidad de cobrar pensiones debido a apagones, y la creciente escasez de recursos básicos, incluyendo el papel necesario para documentar la historia del país.
El Grupo Empresarial Correos de Cuba ejemplifica esta situación. La entidad ha acumulado pérdidas que ascienden a 50 millones de dólares debido a las restricciones impuestas por el bloqueo. Sin embargo, esta cifra, aunque significativa, palidece en comparación con el impacto humano de la crisis.
Magda Pérez Laguna, especialista en Comunicación de Correos de Cuba en Las Tunas, explicó que la falta de electricidad impide el funcionamiento de las computadoras y los sistemas de pago, afectando especialmente a los jubilados y pensionados que dependen de sus chequeras para subsistir. “No podemos operar las computadoras ni los sistemas de pago cuando no hay electricidad, lo que perjudica en mayor medida a los jubilados y pensionados a la hora de cobrar sus chequeras”, afirmó.
Uno de los aspectos más crueles del bloqueo se manifiesta en la paquetería internacional, un vínculo vital para miles de familias cubanas. Hijos y nietos que residen en el extranjero envían alimentos, ropa y, fundamentalmente, medicamentos. El bloqueo financiero no solo dificulta el pago a proveedores internacionales, sino que también interrumpe la logística interna necesaria para distribuir estos envíos.
La escasez de combustible, una consecuencia directa de las sanciones estadounidenses, impide el transporte de los paquetes desde las aduanas hasta sus destinatarios finales. Esta política, descrita por el gobierno estadounidense como de “máxima presión”, tiene como objetivo explícito desestabilizar la economía cubana.
El impacto del bloqueo se extiende al ámbito cultural y político. Correos de Cuba también es responsable de la distribución de la prensa nacional y provincial. La falta de insumos, derivada del bloqueo, ha provocado una transformación forzada y dolorosa en el panorama mediático impreso.
Los principales diarios de circulación nacional han reducido drásticamente su frecuencia de impresión, apareciendo como semanarios en el mejor de los casos. Sin embargo, el golpe más severo lo han recibido los semanarios provinciales, que se han visto obligados a suspender su impresión por completo.
En una Cuba donde la prensa local desempeña un papel crucial en la cohesión comunitaria, esta reducción representa una forma de apagón informativo. Afortunadamente, muchos de estos medios de comunicación han migrado a plataformas digitales, donde continúan su labor periodística. No obstante, surge la pregunta de qué sucede con aquellos ciudadanos que no tienen acceso a Internet.
Las pérdidas de 50 millones de dólares sufridas por el Grupo Empresarial Correos de Cuba son solo la punta del iceberg de un entramado de sanciones que, según el derecho internacional, constituyen un acto de genocidio económico. La situación plantea serias interrogantes sobre el futuro de la comunicación, el acceso a bienes esenciales y la calidad de vida de los ciudadanos cubanos, quienes se enfrentan a una guerra silenciosa que socava los cimientos de su sociedad. La persistencia de estas políticas restrictivas continúa generando dificultades en todos los sectores de la economía cubana, afectando directamente el bienestar de su población y limitando su capacidad para desarrollarse y prosperar. La comunidad internacional observa con preocupación el impacto de esta prolongada crisis, mientras Cuba busca alternativas para mitigar los efectos del bloqueo y garantizar el acceso a los recursos básicos para su gente.


