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¿Quién es dueño de la Luna? Dudas sobre la carrera espacial

¿Quién es dueño de la Luna? Dudas sobre la carrera espacial

Una carta de un lector ha reabierto el debate sobre la propiedad y los derechos en la Luna, a medida que Estados Unidos avanza en sus planes para establecer una presencia más permanente en el satélite. Héctor Miguel Ávila, en su misiva, plantea interrogantes fundamentales sobre las implicaciones legales y geopolíticas de las misiones lunares pasadas y futuras.

Ávila recuerda la llegada de la Unión Soviética a la Luna en 1966, a través de una misión robótica sin alunizaje tripulado, y la posterior llegada de Estados Unidos en 1969 con el histórico alunizaje de Neil Armstrong. Se pregunta si estos hechos otorgan a ambos países, y en particular a Estados Unidos, algún tipo de derecho de propiedad sobre el satélite. La inquietud se extiende a los planes actuales de la NASA, que incluyen el envío de la misión Artemis II con cuatro astronautas y el regreso a la Luna en 2028 con una tripulación que descenderá a la superficie. Ávila cuestiona si estos proyectos confieren a Estados Unidos una mayor legitimidad para considerarse colonizador de la Luna.

La participación de empresas privadas, como las de Jeff Bezos y Elon Musk, en la construcción de una base lunar en 2028, en colaboración con la NASA, añade otra capa de complejidad al debate. Ávila se pregunta si estos multimillonarios adquirirían, de alguna manera, derechos de propiedad sobre la Luna junto con Estados Unidos. La posibilidad de un conflicto de intereses entre Estados Unidos, Rusia y China, que también está desarrollando ambiciosos programas espaciales, es otra preocupación planteada en la carta.

El núcleo de la pregunta radica en si existe alguna regulación o ley en el Derecho Internacional que aborde estas cuestiones. Ávila sugiere que los temas relacionados con la conquista del espacio deberían ser abordados, o revisados, a la luz de los nuevos desarrollos y la creciente actividad en la Luna.

La carta de Ávila pone de manifiesto una laguna legal importante. El Tratado del Espacio Exterior de 1967, firmado por Estados Unidos, la Unión Soviética y otros países, establece principios básicos para la exploración y el uso del espacio ultraterrestre. Sin embargo, este tratado prohíbe explícitamente la apropiación nacional del espacio exterior, incluyendo la Luna y otros cuerpos celestes. El artículo II del tratado establece que el espacio ultraterrestre, incluida la Luna y otros cuerpos celestes, no es susceptible de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, por medio de uso o ocupación, o por cualquier otro medio .

A pesar de esta prohibición, la interpretación de este artículo y su aplicación a las actividades futuras en la Luna son objeto de debate. Algunos expertos argumentan que la construcción de bases lunares y la extracción de recursos no constituyen una apropiación nacional si se realizan de acuerdo con el tratado y en beneficio de toda la humanidad. Otros advierten que la presencia permanente de una nación o de empresas privadas en la Luna podría interpretarse como una forma de control de facto, lo que podría violar el espíritu del tratado.

La situación se complica aún más por la falta de un marco legal internacional más detallado que regule las actividades en la Luna. El Acuerdo de la Luna de 1979, que buscaba complementar el Tratado del Espacio Exterior, nunca entró en vigor debido a la falta de ratificaciones de las principales potencias espaciales, como Estados Unidos, Rusia y China. Este acuerdo establecía que la Luna y sus recursos son patrimonio común de la humanidad y que cualquier explotación de sus recursos debe realizarse en beneficio de todos los países.

La creciente competencia entre Estados Unidos, Rusia y China en el espacio, y la participación de empresas privadas en la carrera lunar, hacen que sea urgente abordar estas cuestiones legales y geopolíticas. La falta de claridad en las reglas del juego podría conducir a conflictos y a una explotación desordenada de los recursos lunares.

La carta de Ávila sirve como un recordatorio de que la exploración espacial no es solo una cuestión de tecnología y ciencia, sino también de derecho, política y ética. La comunidad internacional debe trabajar en conjunto para establecer un marco legal claro y equitativo que garantice que la Luna sea utilizada de manera pacífica y sostenible en beneficio de toda la humanidad. La pregunta de quién es dueño de la Luna, aunque aparentemente abstracta, tiene implicaciones concretas para el futuro de la exploración espacial y la gobernanza global.

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