Casi 34 millones de personas en Sudán requieren asistencia humanitaria, la cifra más alta a nivel mundial, según advirtió la Coordinadora Humanitaria de la ONU en Sudán, Denise Brown, al cumplirse el tercer aniversario del inicio de la guerra civil en el país africano. El conflicto, que enfrenta al Ejército de Sudán y a las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) desde 2023, ha convertido a aproximadamente dos tercios de la población en dependientes de ayuda.
La ONU describe la situación como una crisis humanitaria de enormes proporciones y sufrimiento que se prolonga por demasiado tiempo, superando los límites de lo que cualquier población civil debería soportar. Brown denunció en un comunicado la devastación causada por tres años de guerra, detallando la destrucción sistemática de infraestructura civil esencial, incluyendo hogares, mercados, hospitales y escuelas. La utilización cotidiana de drones en zonas pobladas agrava aún más la crisis, generando un clima de terror y dificultando la prestación de ayuda.
La coordinadora humanitaria señaló los repetidos ataques contra centros de salud, que resultan en la muerte de pacientes y personal médico, interrumpiendo el acceso a servicios vitales para la población. En todo el país, la población está pagando el precio más alto , afirmó Brown, subrayando la destrucción de los medios de vida de las personas y el desplazamiento forzado de más de once millones de sudaneses, muchos de los cuales se han visto obligados a huir en múltiples ocasiones, dejando atrás familias y comunidades destrozadas.
La violencia de género, particularmente contra mujeres y niñas, es una preocupación crítica. La ONU documenta casos generalizados de violencia sexual, incluyendo violaciones y agresiones sexuales en grupo. Además, los trabajadores humanitarios, en su mayoría sudaneses, arriesgan sus vidas diariamente para brindar asistencia a los afectados, y lamentablemente, muchos han perdido la vida en el cumplimiento de su deber.
A pesar de la gravedad de la situación, la Coordinadora Humanitaria destacó un mensaje recurrente entre la población sudanesa: un anhelo constante por la paz. La gente habla de paz. Quieren que cese la violencia y volver a sus hogares , expresó Brown. Reconoció la extraordinaria resiliencia de los civiles sudaneses, pero enfatizó que esta no exime a las partes en conflicto de su responsabilidad.
En este contexto, la ONU exige el cese inmediato de las hostilidades, la protección de la población civil y la infraestructura no militar, y garantías para que los trabajadores humanitarios puedan operar de manera segura y efectiva. La necesidad de aumentar la financiación destinada a la ayuda humanitaria es urgente, ya que cualquier retraso en la entrega de recursos se traduce en la pérdida de vidas.
La crisis humanitaria en Sudán se ha deteriorado rápidamente en los últimos meses, con un aumento alarmante de la inseguridad alimentaria y la propagación de enfermedades. La falta de acceso a agua potable y saneamiento básico, junto con la destrucción de los sistemas de salud, ha creado un caldo de cultivo para brotes de enfermedades como el cólera y la malaria.
La comunidad internacional ha respondido a la crisis con donaciones y asistencia humanitaria, pero la escala de las necesidades supera con creces la capacidad de respuesta actual. La ONU ha lanzado múltiples llamamientos para obtener fondos adicionales, pero la financiación sigue siendo insuficiente para cubrir las necesidades básicas de la población afectada.
La situación en Sudán es particularmente preocupante debido a la complejidad del conflicto y la falta de perspectivas de una solución política a corto plazo. Las negociaciones entre el Ejército y las FAR se han estancado, y ambas partes se acusan mutuamente de violar los acuerdos de cese al fuego.
La ONU teme que la prolongación del conflicto pueda desestabilizar aún más la región, con consecuencias devastadoras para los países vecinos. El flujo de refugiados sudaneses hacia los países limítrofes, como Chad, Sudán del Sur y Etiopía, está ejerciendo una presión adicional sobre los recursos y la infraestructura de estos países.
La Coordinadora Humanitaria de la ONU instó a todas las partes en conflicto a priorizar la protección de los civiles y a facilitar el acceso sin restricciones a la ayuda humanitaria. Subrayó que la asistencia humanitaria es un derecho fundamental y que la negación de este derecho constituye una violación del derecho internacional humanitario.
Brown reiteró el compromiso de la ONU de seguir trabajando con las autoridades sudanesas y otros socios para brindar asistencia a la población afectada y buscar una solución pacífica al conflicto. Sin embargo, advirtió que la situación es extremadamente grave y que se necesita una acción urgente para evitar una catástrofe humanitaria de proporciones aún mayores. La esperanza de la población sudanesa, a pesar de los horrores vividos, reside en el cese de la violencia y la posibilidad de reconstruir sus vidas en paz y seguridad.










