En la recta final de la campaña presidencial, la polarización se agudiza en Perú. El candidato izquierdista Roberto Sánchez intensificó su estrategia de conectar con el electorado afín al expresidente Pedro Castillo, condenado a 15 años de prisión por el intento de disolución del Congreso. Sánchez llegó a caballo a la Plaza Dos de Mayo en Lima, replicando un gesto emblemático de Castillo durante su ascenso político en 2016, cuando se presentó como un outsider que canalizaba el descontento popular. Además, portó el mismo sombrero que le obsequió el propio Castillo, quien desde la cárcel solicitó públicamente el voto para Sánchez durante una audiencia judicial televisada.
Esta estrategia busca capitalizar el apoyo que aún conserva Castillo entre sus seguidores, especialmente en zonas rurales y sectores populares. La apuesta de Sánchez es presentarse como el heredero político del exmandatario, aunque su candidatura se enfrenta al desafío de distanciarse de las acciones que llevaron a la destitución y posterior encarcelamiento de Castillo.
En el extremo opuesto del espectro político, el candidato derechista Rafael López-Aliaga continúa denunciando un supuesto fraude en su contra, utilizando un lenguaje cada vez más agresivo y desesperado ante su declive en las encuestas. López-Aliaga, quien lideró las preferencias durante varios meses, ha visto cómo su apoyo se erosiona en las últimas semanas, lo que ha intensificado su retórica confrontacional.
El presidente del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), Roberto Burneo, respondió a las acusaciones de fraude sin mencionar directamente a López-Aliaga, reafirmando el compromiso del organismo electoral de defender la voluntad popular y garantizando la transparencia del proceso. Burneo anunció que se desplegarán cerca de 50 mil fiscalizadores para supervisar las elecciones del próximo domingo, con el objetivo de prevenir irregularidades y asegurar la legitimidad de los resultados.
Mientras tanto, Keiko Fujimori, candidata neoliberal, se mantiene en el primer lugar de las encuestas, según un sondeo al que tuvo acceso la prensa extranjera, aunque su difusión está prohibida en Perú. Fujimori cerró su campaña con un mitin en Villa El Salvador, un distrito de Lima con una importante presencia de población de bajos recursos.
La hija del ex presidente Alberto Fujimori busca alcanzar la presidencia después de haber perdido tres balotajes anteriores: en 2011 ante Ollanta Humala, en 2016 frente a Pedro Pablo Kuczynski y en 2021 ante Pedro Castillo. Su candidatura se centra en propuestas de mano dura contra la delincuencia y una defensa del modelo económico neoliberal.
La posibilidad de una unidad entre los candidatos centristas para enfrentar a las fuerzas derechistas parece cada vez más remota. Un grupo de ciudadanos lanzó un llamado a los presidenciables de centro para que concerten una alianza y concentren sus votos en un único candidato, pero hasta el momento no ha habido señales de acogida.
La ex primera ministra del breve gobierno de Castillo, Mirtha Vásquez, candidata al Senado por el partido Ahora Nación, criticó la falta de madurez política de la izquierda, que, según su opinión, impide la formación de alianzas estratégicas. No hay madurez política para sumar, cada uno quiere ser la cabeza , declaró Vásquez, lamentando el afán de liderazgo que debilita la capacidad de la izquierda para enfrentar a las fuerzas conservadoras que buscan mantener el control del poder.
La campaña electoral peruana se desarrolla en un clima de alta tensión y polarización, marcado por las acusaciones de fraude, las estrategias de apelación al legado político de figuras controversiales y la dificultad para construir alianzas amplias que permitan enfrentar los desafíos del país. El resultado de las elecciones del próximo domingo será crucial para definir el rumbo político y económico de Perú en los próximos años. La incertidumbre persiste y la posibilidad de una segunda vuelta se mantiene latente, lo que podría prolongar aún más la crisis política que atraviesa el país. La participación ciudadana y la vigilancia del proceso electoral serán fundamentales para garantizar la transparencia y la legitimidad de los resultados.











