El hígado graso no alcohólico se ha convertido en una enfermedad metabólica de creciente prevalencia a nivel mundial. La alimentación juega un papel fundamental tanto en su desarrollo como en su manejo, ya que ciertos alimentos pueden exacerbar la acumulación de grasa en el hígado y dificultar la recuperación.
Según la nutricionista Natalia Antar, del Hospital Británico y la Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer, la acumulación de grasa en las células hepáticas está estrechamente relacionada con la obesidad, la resistencia a la insulina y el síndrome metabólico. Por ello, la reducción del consumo de harinas blancas y azúcares simples es crucial para evitar la progresión a complicaciones más graves como inflamación, fibrosis o cirrosis.
Especialistas del Centro Médico ABC y la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) recomiendan sustituir las harinas refinadas pan blanco, bollería industrial, pastas no integrales por harinas integrales y cereales de grano entero como avena, quinoa, arroz integral y pan integral. Estos últimos aportan fibra, regulan los niveles de glucosa y promueven la saciedad, disminuyendo el impacto negativo sobre la función hepática.
La dieta mexicana, rica en carbohidratos refinados como el pan blanco y las tortillas de harina de trigo, ha sido identificada por la UNAM como un factor que contribuye a la progresión del hígado graso. Se sugiere optar por pan integral o tortillas de maíz, consumiéndolas con moderación y dentro de una alimentación equilibrada.
Entre los alimentos más perjudiciales para el hígado graso, se encuentran aquellos ultraprocesados, las carnes rojas en exceso, y los azúcares añadidos. En contraste, la dieta mediterránea, avalada por la Academia Española de Nutrición y Dietética y expertos de la Asociación Americana de Personas Retiradas (AARP), es la más recomendada. Esta dieta prioriza frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos, semillas, aceite de oliva extra virgen y pescados grasos ricos en omega-3.
El consumo moderado de café y té verde, sin azúcar, también puede ser beneficioso. La supervisión médica y el asesoramiento de un nutricionista son esenciales para personalizar la dieta y controlar el peso y las enfermedades asociadas.
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