La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reforzado su llamado global a la acción, destacando la actividad física regular como una herramienta fundamental para combatir las enfermedades crónicas, prolongar la vida y mejorar la salud mental y física en todas las edades. La inactividad, según la OMS, representa una creciente carga para los sistemas sanitarios a nivel mundial, afectando a un preocupante 31% de los adultos.
Las directrices más recientes de la OMS enfatizan que cuanto mayor sea el volumen de actividad física, mayores serán los beneficios para la salud. Si bien la recomendación general apunta a al menos 150 minutos de ejercicio aeróbico moderado por semana, la organización subraya que superar los 300 minutos puede generar mejoras aún más significativas. Esta recomendación se extiende sin reservas a los adultos mayores de 65 años, para quienes los programas multicomponente que combinan ejercicios de equilibrio, fuerza y resistencia pueden reducir las caídas hasta en un 28%.
La conexión entre la actividad física y la prevención de enfermedades crónicas es directa y bien documentada. La OMS señala que el ejercicio regular está vinculado a la reducción del deterioro funcional y a la prevención de afecciones como la hipertensión, la diabetes tipo 2 y ciertos tipos de cáncer. Para los adultos mayores, la OMS recomienda acumular entre 150 y 300 minutos de actividad aeróbica moderada semanalmente, complementada con ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos veces por semana.
La OMS aclara que estas recomendaciones son aplicables incluso a personas con patologías crónicas preexistentes, como cáncer, hipertensión, diabetes tipo 2 o VIH. En estos casos, se aconseja procurar al menos 150 minutos de actividad física aeróbica moderada cada semana, junto con ejercicios de fortalecimiento muscular dos veces por semana y ejercicios de equilibrio y multicomponente para la tercera edad. Este enfoque integral asegura beneficios en la prevención y el manejo de enfermedades, la salud mental y la calidad de vida.
Las mujeres embarazadas y en puerperio, sin contraindicaciones médicas, también son instadas a realizar al menos 150 minutos de actividad física aeróbica de intensidad moderada por semana. La evidencia científica respalda que la actividad física durante el embarazo reduce el riesgo de preeclampsia, diabetes gestacional, depresión postparto y complicaciones neonatales, además de prevenir el aumento de peso excesivo y favorecer un parto saludable. Contrariamente a creencias erróneas, la OMS confirma que la actividad física no aumenta el riesgo de aborto, muerte prenatal ni parto prematuro. Para este grupo, se recomienda combinar ejercicios aeróbicos y de fortalecimiento muscular con estiramientos moderados, siempre bajo la supervisión de un profesional sanitario cuando sea necesario.
La OMS también profundiza en las recomendaciones para personas diagnosticadas con enfermedades específicas. En supervivientes de cáncer, la actividad física mantenida después del diagnóstico se asocia con un menor riesgo de fallecimiento. En personas con diabetes tipo 2, realizar alguna actividad física, en comparación con la inactividad, se correlaciona con una disminución del 32% en el riesgo de mortalidad cardiovascular. En cuanto a la hipertensión, el ejercicio regular puede reducir la presión arterial sistólica en aproximadamente 12 mm Hg y la diastólica en 6 mm Hg. Las personas que viven con VIH experimentan mejoras en la salud mental, la composición corporal y la tolerancia al esfuerzo sin que la actividad física afecte negativamente la evolución de la enfermedad.
La lucha contra el sedentarismo es otro pilar fundamental de las directrices de la OMS. El tiempo prolongado sentado o acostado con bajo gasto energético se asocia consistentemente con una mayor mortalidad global y una mayor incidencia de enfermedades cardiovasculares, cáncer y diabetes tipo 2. La OMS insta a sustituir el tiempo sedentario por cualquier nivel de actividad física, incluso ejercicios leves, para obtener beneficios directos para la salud. Para niños y adolescentes con discapacidad, limitar el tiempo de ocio frente a pantallas es especialmente prioritario.
Se recomienda que adultos con enfermedades crónicas, mujeres embarazadas, personas mayores y personas con discapacidad eviten los lapsos sedentarios prolongados y, siempre que sea seguro y factible, aumenten la cantidad de actividad física más allá del mínimo recomendado para contrarrestar los efectos negativos del sedentarismo.
La evidencia recopilada por la OMS demuestra una clara relación inversa entre la cantidad de actividad física y el riesgo de limitaciones funcionales y mortalidad, aplicable tanto a la población general como a grupos vulnerables. En adultos mayores y personas con patologías crónicas, mayores frecuencias, duraciones o volúmenes de actividad implican beneficios fisiológicos y funcionales superiores. En todos los segmentos estudiados, los riesgos asociados a la práctica recomendada son bajos y superados ampliamente por las ventajas comprobadas en bienestar físico y mental.
La OMS pone a disposición del público toda la información detallada y los perfiles de evidencia en su sitio web oficial, invitando a individuos, comunidades y gobiernos a adoptar un enfoque proactivo para promover la actividad física como un componente esencial de una vida saludable y plena. La organización reitera que cualquier nivel de actividad es preferible a la inactividad absoluta, y que comenzar con pequeñas dosis puede ser tanto seguro como beneficioso.










