El colesterol, una grasa esencial para el funcionamiento del organismo, ha sido objeto de estudio constante por su impacto en la salud cardiovascular. Si bien se conoce ampliamente la importancia de controlar los niveles de LDL ("colesterol malo") y HDL ("colesterol bueno"), una nueva variable ha llamado la atención de los especialistas: la lipoproteína A. Esta sustancia, determinada genéticamente, se presenta como un factor de riesgo cardiovascular significativo, incluso más potente que el LDL, y su medición podría ser clave para la prevención de infartos y ictus.
El colesterol desempeña funciones vitales en el cuerpo humano, desde la formación de membranas celulares hasta la síntesis de vitamina D y la producción de hormonas. El hígado es el principal productor de colesterol, aunque también se obtiene a través de la dieta, especialmente de alimentos de origen animal. Para transportarlo a través de la sangre, el colesterol se une a lipoproteínas, siendo las más relevantes las LDL y las HDL.
Las LDL transportan el colesterol desde el hígado hacia los tejidos, mientras que las HDL lo recogen de los tejidos y lo devuelven al hígado para su eliminación. Un exceso de LDL puede provocar la acumulación de colesterol en las paredes arteriales, formando placas de ateroma que estrechan las arterias y dificultan el flujo sanguíneo. Este proceso, conocido como arteriosclerosis, puede derivar en infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares.
Sin embargo, la lipoproteína A añade una capa de complejidad a este panorama. Se trata de una variante de LDL a la que se une una proteína, la Apo A, que le confiere características únicas. A diferencia del LDL, la lipoproteína A es hereditaria y participa en procesos inflamatorios y trombóticos, incrementando el riesgo de eventos cardiovasculares agudos.
Según la doctora María Rosa Fernández Olmo, miembro de la Sociedad Española de Cardiología, la lipoproteína A "incrementa de forma precoz el riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio o un accidente cerebral vascular isquémico". Un ictus isquémico se produce cuando un trombo bloquea un vaso sanguíneo en el cerebro, interrumpiendo el suministro de sangre y causando la muerte de las neuronas.
La Sociedad Española de Arteriosclerosis (SEA) destaca la fuerte asociación entre la concentración de lipoproteína A y complicaciones cardiovasculares, como la enfermedad vascular arteriosclerótica y la estenosis aórtica, un estrechamiento de la válvula aórtica que dificulta el flujo sanguíneo desde el corazón.
El riesgo asociado a la lipoproteína A varía según sus niveles en sangre. Los especialistas recomiendan mantenerlos por debajo de 30 mg/dl. Entre 30 y 50 mg/dl se considera un riesgo intermedio, mientras que niveles superiores a 180 mg/dl se clasifican como muy altos. Se estima que el 1% de la población presenta niveles superiores a 180 mg/dl, y entre el 20% y el 30% tiene un riesgo intermedio.
José López Miranda, jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba y presidente de la SEA, subraya que la lipoproteína A es "la proteína más aterógena que se conoce. Es cinco veces más aterógena que la LDL". Una sustancia aterógena promueve la formación de placas de ateroma en las arterias.
A pesar de su importancia, la lipoproteína A no se mide de forma rutinaria en las analíticas convencionales, ya que actualmente no existen tratamientos específicos para su control. Sin embargo, tanto la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) como la SEA recomiendan medir los niveles de lipoproteína A al menos una vez en la vida, debido a su relevancia como factor de riesgo cardiovascular.
La prueba es asequible y puede incluirse en cualquier análisis de perfil lipídico. Los especialistas de la SEMI señalan que la cantidad de lipoproteína A en sangre está determinada genéticamente y se mantiene relativamente constante a lo largo de la vida. Se estima que una de cada cinco personas tiene niveles elevados de lipoproteína A.
La Sociedad Europea de Aterosclerosis recomienda medir los niveles de lipoproteína A en pacientes con riesgo intermedio, moderado o alto de enfermedad cardiovascular, incluyendo aquellos con enfermedad cardiovascular prematura, antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular, hipercolesterolemia familiar, antecedentes familiares de lipoproteína A elevada, enfermedad cardiovascular recurrente o estenosis valvular aórtica.
A diferencia del colesterol, los niveles de lipoproteína A no se ven afectados por la dieta o el ejercicio. Tampoco existe medicación actualmente disponible para reducirlos. No obstante, existen tres ensayos clínicos en fase avanzada de investigación con fármacos que podrían reducir los niveles de lipoproteína A hasta en un 90% o 95%. Se espera que estos medicamentos estén disponibles en los próximos dos o tres años.
Mientras tanto, las guías de práctica clínica recomiendan utilizar fármacos para bajar los niveles de colesterol LDL en personas con lipoproteína A elevada, con el objetivo de controlar el resto de factores de riesgo cardiovascular. Esto incluye seguir una dieta equilibrada, realizar ejercicio físico de intensidad moderada de forma regular, evitar el sobrepeso y la obesidad, no fumar y controlar la presión arterial y los niveles de glucosa en sangre.
La investigación sobre la lipoproteína A se encuentra en constante evolución, y se espera que en el futuro se desarrollen estrategias más efectivas para su prevención y tratamiento. La concienciación sobre este factor de riesgo oculto es fundamental para mejorar la salud cardiovascular de la población.










