Imágenes satelitales del programa Copernicus de la Agencia Espacial Europea (ESA) revelan una notable transformación en el norte de Marruecos. Áreas que hasta hace un año mostraban una aridez característica de la sequía, ahora exhiben una exuberante vegetación visible incluso desde el espacio. Este cambio drástico coincide con un periodo de lluvias intensas durante los primeros meses de 2026, un fenómeno que no se registraba desde hace casi una década.
Los datos recopilados confirman que el volumen de precipitaciones ha superado significativamente los promedios históricos. A principios de febrero de 2026, el acumulado alcanzó cerca de 360 milímetros, lo que representa un aumento del 54% en comparación con la media de los últimos 30 años y un incremento impresionante del 215% respecto al año anterior. Esta abundancia de lluvias ha generado un impacto visible y medible en el territorio marroquí.
El satélite Sentinel-3 ha sido fundamental para documentar con precisión la evolución del paisaje. Las imágenes captadas el 20 de febrero de 2025 mostraban una superficie dominada por la aridez, con una presencia mínima de vegetación. En contraste, las imágenes tomadas un año después, en la misma fecha, revelan amplias zonas verdes que resaltan la magnitud del cambio. Esta comparación visual proporciona una evidencia contundente de la recuperación del ecosistema.
El programa Copernicus no solo monitorea la vegetación, sino también parámetros cruciales como la temperatura, el nivel del mar y el color de los océanos. Esta capacidad de observación integral permite a los especialistas evaluar la respuesta de la vegetación frente a eventos climáticos extremos. En el caso de Marruecos, la recuperación es evidente en las regiones del noreste, donde el crecimiento de las plantas se ha acelerado de manera significativa tras las lluvias invernales.
Según los datos proporcionados por el programa Copernicus, los recursos hídricos disponibles en Marruecos han alcanzado los 11.800 millones de metros cúbicos hasta el 20 de febrero de 2026. Esto representa un incremento del 155% en comparación con el mismo periodo del año anterior. Este aumento sustancial ha aliviado la presión sobre el suministro de agua, que se había visto afectado por siete años consecutivos de sequía.
El nivel de llenado de los embalses también refleja esta positiva recuperación. Las reservas han alcanzado el 70,7% de su capacidad total, una cifra que no se registraba desde 2018. Este contexto favorable beneficia directamente a sectores económicos clave como la agricultura y la ganadería, que habían sufrido pérdidas considerables debido a la escasez de lluvias. Sin embargo, las autoridades han tenido que gestionar cuidadosamente las crecidas en cuencas como la del río Loukkos, implementando liberaciones controladas para evitar daños en las infraestructuras hidráulicas.
A pesar de los indicadores positivos y la evidente mejora en la situación hídrica, los especialistas advierten que este episodio de lluvias intensas no resuelve la crisis estructural del agua en Marruecos. Informes recientes de Reuters señalan que, aunque las precipitaciones han superado los niveles habituales, con incrementos de hasta un 35% sobre la media estacional, el problema de fondo persiste debido a factores como el aumento de las temperaturas y la irregularidad de las precipitaciones.
El país continúa siendo vulnerable a periodos prolongados de sequía, una condición cada vez más frecuente y asociada al cambio climático que afecta a amplias regiones del norte de África. La recuperación observada en las imágenes satelitales representa un respiro bienvenido tras años de escasez, pero no implica una solución definitiva. Es crucial implementar estrategias a largo plazo para la gestión sostenible de los recursos hídricos y mitigar los efectos del cambio climático.
La situación en Marruecos sirve como un ejemplo de la importancia de la monitorización satelital y el análisis de datos para comprender y responder a los desafíos ambientales. El programa Copernicus de la ESA proporciona información valiosa que permite a los gobiernos y a los especialistas tomar decisiones informadas y desarrollar políticas efectivas para la gestión de los recursos naturales y la adaptación al cambio climático. La recuperación del paisaje marroquí es un testimonio del poder de la naturaleza y de la importancia de la colaboración internacional para abordar los desafíos globales.











