La interrupción en el estrecho de Ormuz, desencadenada por la confrontación en la región del Golfo Pérsico, está generando una repercusión económica global de gran alcance, según un nuevo informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad). Lo que comenzó como una disrupción en un corredor energético clave se está propagando a través de las cadenas de suministro, los sistemas de transporte y los mercados financieros, amenazando con una desaceleración significativa del crecimiento mundial.
El estrecho de Ormuz, vital para el comercio global de energía, ha experimentado una drástica reducción en la actividad marítima. El tránsito de buques se desplomó de aproximadamente 130 diarios en febrero a tan solo seis en marzo, lo que representa una disminución de alrededor del 95%. Esta interrupción afecta a una parte sustancial de los suministros mundiales de petróleo y gas, con consecuencias inmediatas para la producción, el comercio y el consumo a nivel global.
El informe de la Unctad destaca que el estrecho de Ormuz es una arteria central para el comercio mundial de energía, ya que hasta febrero por él transitaba aproximadamente la cuarta parte del petróleo y del gas comercializados internacionalmente. La reducción del flujo de energía ha provocado un aumento considerable de los precios de los combustibles. En el mercado de Londres, el barril de crudo Brent del Mar del Norte se vendió este miércoles a 105,80 dólares, en comparación con los 70 dólares previos al conflicto. El crudo Intermedio de Texas alcanzó los 99,33 dólares en Nueva York, frente a los 65 dólares de febrero.
Estos aumentos en los precios de la energía se están trasladando a las cadenas de suministro, incrementando el costo de producción y transporte de bienes en todo el mundo. Los buques petroleros y de gas natural licuado, que dependen en gran medida de las rutas del Golfo, son los segmentos del transporte marítimo más afectados, enfrentando reducciones de volúmenes y mayores costos debido al riesgo. Si bien otros segmentos, como el transporte de contenedores y carga seca a granel, están relativamente más aislados, también se ven afectados por el aumento de los costos y las interrupciones.
La Unctad advierte que si las interrupciones persisten o se intensifican, los daños a la infraestructura energética podrían mantener los precios elevados por un período prolongado, prolongando las presiones inflacionarias. Las regiones más dependientes de las importaciones energéticas de Oriente Medio, en particular Asia Meridional y Europa, son las más vulnerables a estos efectos.
El comercio mundial, que había comenzado 2026 con bases sólidas, ahora se prevé que pierda dinamismo a medida que avance el año. Se estima que el crecimiento del comercio mundial de mercancías se desacelerará, pasando de alrededor del 4,7% en 2025 a entre el 1,5% y el 2,5% en 2026, debido al debilitamiento de la demanda global y al aumento de la incertidumbre.
La situación representa un choque de oferta que eleva los precios al tiempo que afecta la demanda. Se espera que el crecimiento mundial se desacelere de 2,9% en 2025 a 2,6% en 2026, asumiendo que el conflicto no se intensifique aún más. Además del impacto directo en los mercados energéticos, el conflicto está generando nuevos riesgos geopolíticos a nivel global, amplificando sus efectos.
Los costos de transporte marítimo y seguros están aumentando, intensificando la presión sobre las cadenas de suministro. Al mismo tiempo, la inflación está repuntando, lo que amplifica la inestabilidad financiera. La escalada del conflicto también está dejando al descubierto vulnerabilidades subyacentes, como el débil crecimiento, el aumento de la desigualdad y los mayores costos de vida.
La tensión también es visible en los mercados financieros. A medida que aumenta la incertidumbre, los inversores se están alejando de los activos de mayor riesgo y vendiendo acciones, bonos y monedas en países en desarrollo. Estas ventas han sido más pronunciadas que en las economías avanzadas, un patrón típico en períodos de mayor riesgo.
Las monedas de los países en desarrollo se han debilitado, lo que encarece las importaciones de bienes esenciales como combustibles y alimentos. Al mismo tiempo, estos países enfrentan mayores costos para endeudarse en los mercados internacionales, lo que dificulta la obtención de capital en un momento en que más se necesita.
Los efectos son particularmente graves en las economías en desarrollo. El aumento de los precios de la energía incrementa los costos de importación, y la debilidad de las monedas amplifica esas presiones. Además, unas condiciones financieras más restrictivas reducen la capacidad de respuesta de los gobiernos.
El efecto se agrava por el aumento de los costos de importación de energía, alimentos y fertilizantes, junto con una menor demanda externa. Incluso los países exportadores de energía podrían no obtener beneficios claros, ya que los mayores costos de importación y el aumento de la volatilidad podrían contrarrestar los ingresos adicionales.
En las economías más vulnerables, estas presiones también aumentan los riesgos para la seguridad alimentaria y complican la gestión de la política económica. Los desafíos se suman a las vulnerabilidades de deuda existentes. Alrededor de 3400 millones de personas viven en países que ya gastan más en el servicio de la deuda que en salud o educación, lo que deja poco margen para absorber nuevos choques.
La Unctad concluye que si las interrupciones persisten, la situación podría evolucionar hacia una crisis en cascada con profundas consecuencias para el desarrollo global. La organización insta a la comunidad internacional a tomar medidas urgentes para mitigar los riesgos y apoyar a los países más vulnerables.











