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MADRUGADA AL LÍMITE: Sevilla enfrenta crisis de espacio en su noche más emblemática

MADRUGADA AL LÍMITE: Sevilla enfrenta crisis de espacio en su noche más emblemática
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La Madrugada de Sevilla, con sus seis cofradías, se desarrolló con un retraso acumulado de tres cuartos de hora, evidenciando una crisis de espacio y organización que se agudiza año tras año. A pesar de los esfuerzos de los organizadores y nazarenos, la jornada, que ya cuenta con 15.000 participantes, superó los límites de capacidad de las calles sevillanas, poniendo en riesgo la fluidez de los cortejos y generando incomodidades tanto para los fieles como para las autoridades.

Desde el inicio de la noche, se percibió el compromiso de las hermandades por comprimir sus tiempos y mantener la disciplina, especialmente tras el adelanto de quince minutos en las salidas del Silencio y el Gran Poder. Sin embargo, la complejidad de la jornada y el creciente número de participantes hicieron que los retrasos fueran inevitables. La Esperanza de Triana y la Macarena, en un intento por agilizar el paso, formaron filas de tres nazarenos, una medida que, si bien buscaba optimizar el espacio, no logró evitar las complicaciones.

El Silencio, que abrió la procesión a la una de la madrugada, logró adelantos iniciales en Campana y la Catedral, llegando incluso a San Antonio Abad con un cuarto de hora de anticipación. No obstante, esta tónica positiva no se mantuvo a lo largo de la noche. El Gran Poder acumuló nueve minutos de retraso en Campana y el Calvario, diez, recuperando parte del tiempo en la Catedral, pero dejando una estela de retrasos que afectó al resto de las cofradías.

La situación se complicó especialmente en el Arenal, donde el paso del Gran Poder se vio detenido durante un largo periodo, impidiendo su avance de Santas Patronas a Gravina. La Esperanza de Triana, consciente de la situación, se esforzó por liberar el cruce de San Pablo a las 4:57 horas, demostrando un compromiso con la coordinación entre las hermandades.

La última cofradía en salir, los Gitanos, se enfrentó a las mayores dificultades, teniendo que esperar más de media hora para ingresar a la carrera oficial, con el paso de palio detenido en el entorno de la Encarnación. Su entrada en Campana coincidió con el amanecer, transformando la Madrugada en una jornada más cercana al Viernes Santo, según reclaman los miembros del antiguo convento del Valle.

Las acampadas, una tradición arraigada en la Madrugada, volvieron a ser protagonistas, generando problemas de orden público. Los agentes de seguridad tuvieron que desmontar chiringuitos ilegales en la calle Pureza antes de la salida de la Esperanza de Triana, mientras que las calles Duque y Jesús del Gran Poder se convirtieron en auténticas murallas humanas, impidiendo el paso de los cortejos. A esta crisis de espacio se sumó la falta de civismo de algunos espectadores, que obstaculizaron el paso de las procesiones y alteraron el orden público.

En medio de este contexto, la belleza y solemnidad de las imágenes religiosas destacaron. Jesús del Gran Poder, revestido con la túnica de los devotos, diseñada por Javier Sánchez de los Reyes, lució imponente y majestuoso sobre su paso de Ruiz Gijón. Por otro lado, el Señor de la Salud de los Gitanos, cuya cofradía también sufrió los retrasos acumulados, fue objeto de un emotivo homenaje durante su paso por el palacio de Dueñas. Cayetano Martínez de Irujo dedicó la levantá a Juan Manuel Martín Núñez, mítico capataz, y a su madre, la duquesa de Alba, en el centenario de su nacimiento. La Virgen de las Angustias, bajo su paso de palio, lucía el manto azul pavo, mientras que el manto donado por Cayetana de Alba se encontraba expuesto en una muestra conmemorativa.

La Madrugada, que oficialmente se adelantó quince minutos, comenzó de facto a las once de la noche, cuando la hermandad del Gran Poder solicitó la venia en la basílica de la Macarena. La Resolana estaba repleta de fieles, y las filas de nazarenos se extendían en un goteo incesante en la hora previa al inicio oficial de la procesión. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, presente en la ciudad, confundió la Madrugada con el Jueves Santo, lo que evidencia la complejidad de la organización y la confusión que puede generar entre los espectadores.

La algarabía alcanzó su punto álgido cuando se abrieron las puertas y la cruz de guía echó a andar diez minutos antes de lo previsto. Los tramos de nazarenos salieron de distintos puntos, no solo del atrio, y la multitudinaria comitiva de San Gil se formó rápidamente. Balcones y tribunas se llenaron de autoridades y políticos, desde el alcalde José Luis Sanz hasta el anterior primer edil Antonio Muñoz, pasando por la ministra de Educación, Milagros Tolón, y la consejera de Cultura, Patricia del Pozo. Isabel Díaz Ayuso, en cambio, prefirió permanecer en el interior del templo, buscando un perfil más discreto.

En menos de media hora, el cortejo del Señor de la Sentencia completó su salida a la calle. Antonio Santiago hijo dedicó la última levantá a su abuelo antes de que el misterio cruzase la puerta de la basílica a las doce y veinte de la noche, seguido de una interminable hilera de antifaces verdes. A la 1:48 horas, la Virgen pisó el suelo de Sevilla, recibiendo las miradas de agradecimiento y las lágrimas de emoción de los devotos. El sonido de 'Pasa la Virgen Macarena' resonó en el Arco, una estampa emblemática de la Semana Santa sevillana que este año se recuperó con un cortejo de más de cinco mil integrantes.

Simultáneamente, los nazarenos de la Esperanza de Triana se preparaban para salir desde la capilla de los Marineros, formando filas de tres desde el inicio del recorrido. El Cristo de las Tres Caídas llegó al Altozano despertando a las masas que lo esperaban, tras dejar atrás una abarrotada calle Pureza. Los sones de las cornetas y tambores retumbaban por el Guadalquivir mientras seguían saliendo los tramos de la Virgen.

Finalmente, a las 3:12 horas, el paso de palio se encontró con quienes aguardaban para verla desde hacía muchas horas. El exceso de público se convirtió en norma desde que el paso se elevó en el aire y la banda de las Cigarreras comenzó a tocar. Las petaladas no cesaron, cubriendo el techo de palio de flores de todos los colores y llenando a la Virgen de piropos. "Eres la primavera en la calle", expresaba uno de los espectadores mientras la cuadrilla mecía a la Virgen al son de Campanilleros, al final de Pureza. Triana estaba a punto de entregar su Esperanza a Sevilla, pero la esperanza de encontrar una solución a la crisis de la Madrugada se desvanecía con cada hora que pasaba.

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