El exasesor de Hacienda, Francisco Saffie, ofreció una perspectiva moderada sobre la situación fiscal de Chile en medio de un contexto internacional cada vez más complejo, desmintiendo escenarios de crisis inminente pero advirtiendo sobre la necesidad de una estrategia clara y pragmática. Sus declaraciones, realizadas en el programa La Mesa de El Mostrador, llegan en un momento en que el gobierno ha intentado instalar un debate sobre la urgencia de medidas fiscales.
Saffie fue enfático al señalar que no estamos en una situación de quiebra, ni mucho menos . Esta afirmación busca contrarrestar narrativas alarmistas y ofrecer una visión más realista del panorama económico chileno. Para respaldar su argumento, destacó que, en comparación con otros países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Chile mantiene una deuda pública relativamente baja, lo que le otorga una credibilidad internacional bastante fuerte . Esto implica que, si bien las holguras económicas son limitadas, el país no se encuentra al borde del colapso financiero.
Sin embargo, el economista advierte que este diagnóstico interno se ve afectado por un cambio drástico en el escenario global. La reciente escalada de tensiones en Irán ha provocado un aumento significativo en los precios del petróleo, con proyecciones que indican un incremento cercano al 30% para el crudo Brent en 2026. Además, la situación en el estrecho de Ormuz, una ruta crucial para el comercio energético mundial, genera disrupciones que podrían agravar la situación. Este contexto internacional transforma la discusión sobre temas como el Mecanismo de Protección al Consumidor (Mepco), la inflación y el gasto público, elevándola a un nivel que trasciende las fronteras nacionales.
Saffie subraya que no existen holguras económicas que nos permitan reaccionar en términos aislados . Esta afirmación implica que las políticas económicas chilenas deben considerar el impacto de los eventos globales y evitar soluciones simplistas o unilaterales. En lugar de improvisar, el exasesor de Hacienda propone que Chile adopte una aproximación un poquito más pragmática en términos de cuál es nuestro interés económico . Esto requiere una definición clara de los objetivos y una ruta de acción que esté consensuada y que nos permita movernos con claridad .
La advertencia de Saffie apunta directamente a una de las principales preocupaciones en La Moneda: la falta de una estrategia integral que permita a Chile navegar en un entorno geopolítico volátil. Sin una visión clara, la geopolítica podría terminar imponiendo las decisiones de política económica, limitando la capacidad del país para perseguir sus propios intereses.
En el ámbito interno, Saffie también cuestiona la viabilidad de los recortes de gasto propuestos por el gobierno. Señala que aproximadamente el 95% del gasto público está determinado por ley, lo que dificulta la implementación de medidas de austeridad. Además, argumenta que el tamaño del Estado chileno no es grande; podría ser mucho más eficiente, pero no es un Estado grande en comparación con los países OECD .
Esta observación sugiere que el debate no debe centrarse únicamente en reducir o aumentar el tamaño del Estado, sino en mejorar su eficiencia y encontrar formas de financiar de manera sostenible los compromisos sociales que el país ha asumido. El desafío, por lo tanto, radica en encontrar un equilibrio entre la responsabilidad fiscal y la necesidad de mantener y fortalecer el estado de bienestar.
En resumen, el análisis de Francisco Saffie presenta un panorama complejo pero no desesperanzador para la economía chilena. Si bien el país no enfrenta una crisis inminente, debe prepararse para un entorno global cada vez más incierto y volátil. Esto requiere una estrategia clara, pragmática y consensuada que permita a Chile proteger sus intereses económicos y cumplir con sus compromisos sociales. La discusión, según Saffie, no es simplemente sobre cuánto gastar, sino sobre cómo gastar de manera eficiente y sostenible en un mundo en constante cambio. La falta de una estrategia clara podría dejar a Chile vulnerable a las fluctuaciones geopolíticas y limitar su capacidad para responder a los desafíos del futuro.












