Irán ha presentado un paquete de condiciones para negociar el fin de la escalada de tensiones con Estados Unidos, marcando una distancia significativa con los objetivos de Washington e Israel y anticipando un proceso de negociación complejo. Mientras tanto, la administración Trump, a través de una propuesta de 15 puntos, busca el desarme nuclear y misilístico iraní, una iniciativa que ha sido rápidamente rechazada por Teherán. La situación se complica por la desconfianza mutua y la reciente expiración de un ultimátum estadounidense sobre el estrecho de Ormuz, que fue pospuesto por cinco días tras conversaciones consideradas productivas por Trump, aunque negadas por Irán.
El lunes, cuando se cumplió el plazo de 48 horas dado por Trump a Irán para que abriera el estrecho de Ormuz, o Estados Unidos destruiría su infraestructura energética, el mandatario anunció que aplazaba los ataques debido a conversaciones productivas con Teherán. Sin embargo, Irán ha negado que se hayan producido contactos directos, afirmando que es Washington quien ha buscado establecer comunicación. Actualmente, Estados Unidos presiona para que se celebren conversaciones de paz presenciales en Pakistán a la brevedad.
Según el portal Axios, Irán desconfía de las negociaciones directas debido a que, en rondas anteriores, Trump autorizó ataques sorpresa mientras afirmaba buscar un acuerdo. En este contexto, The Wall Street Journal reveló que Irán elevó sus condiciones para aceptar un alto el fuego, planteando seis exigencias principales: garantías de no agresión futura, el cierre de bases militares estadounidenses en el Golfo y la retirada completa de la presencia militar de EE.UU. en la región, el pago de reparaciones por los ataques sufridos, el levantamiento total de las sanciones económicas impuestas por Washington, un nuevo control del estrecho de Ormuz con cobro de tarifas similar al canal de Suez, y la no negociación ni limitación de su programa de misiles balísticos.
Por su parte, The New York Times informó que Estados Unidos presentó a Irán una propuesta de 15 puntos, canalizada a través de Pakistán, que incluye el fin del programa nuclear iraní, la entrega de uranio enriquecido, la eliminación del programa de desarrollo de misiles balísticos y garantías para el tránsito seguro de embarcaciones petroleras y comerciales por el estrecho de Ormuz. Esta propuesta fue rechazada por Irán, que la consideró excesiva y alejada de la realidad del fracaso de Estados Unidos en el campo de batalla , según Press TV. Un responsable iraní anónimo declaró a Press TV que la guerra terminará cuando Irán decida ponerle fin, y no cuando Trump se plantee su conclusión .
El analista internacional Carlos Novoa, especializado en temas del Medio Oriente, sostiene que, aunque Estados Unidos tendría ventaja militar sobre Irán, el desarrollo del conflicto está condicionado por factores políticos, económicos y de tiempo que limitan la capacidad de Washington para imponer una derrota total. Bajo todos los escenarios EE.UU. derrotaría a Irán, pero el problema es que los iraníes saben que a Donald Trump no le queda tiempo y están jugando muy bien con eso , afirma.
Novoa explica que Irán se ha posicionado estratégicamente en puntos sensibles del conflicto. Teherán tiene capacidad para influir en el control del estrecho de Ormuz, donde Estados Unidos no puede garantizar plenamente la seguridad de los buques. Además, el reciente ataque iraní contra una planta de gas en Qatar expone la vulnerabilidad de las monarquías del Golfo y evidencia las limitaciones de una respuesta simétrica por parte de Washington, debido a la proximidad de sus propios activos energéticos en la región. Una derrota completa del régimen iraní requeriría una escalada significativa, con costos elevados en vidas estadounidenses y un posible aumento del precio del petróleo hasta los 200 dólares por barril, agravando la crisis económica internacional. Por ello, Trump se ve obligado a negociar porque no tiene tiempo , aludiendo al calendario electoral en Estados Unidos y al riesgo de perder respaldo político.
Novoa considera que las exigencias iraníes reflejan una estrategia que remite al pasado, recordando el acuerdo alcanzado durante la administración de Barack Obama, en el que Teherán aceptó limitar su programa nuclear. El escenario actual implica, en cierta medida, regresar al mismo punto que fue abandonado cuando Trump se retiró de ese entendimiento.
El analista internacional Francisco Belaunde Matossian interpreta que las seis exigencias planteadas por Irán reflejan una posición de fuerza estratégica. Teherán es consciente de la ventaja que le otorga su capacidad de afectar el flujo energético global a través del estrecho de Ormuz, así como del impacto que esto puede tener en la economía internacional y en la política interna de Estados Unidos. Irán se siente en posición de fuerza , sostiene, al advertir que el control indirecto sobre el tránsito de petróleo le da un margen de presión significativo frente a Trump, quien estaría preocupado por los efectos económicos del conflicto y por la necesidad de ponerle fin.
Belaunde considera que las demandas iraníes no corresponden al comportamiento de un país derrotado, sino al de un actor que busca imponer condiciones duras en la mesa de negociación. La estrategia iraní combina una propuesta negociadora que, desde su perspectiva, puede ser considerada realista en función de la coyuntura, con un componente de provocación y mensaje político dirigido tanto a Estados Unidos como a Israel, con el objetivo de reafirmar su posición. Es un pedido de inicio en una negociación; saben que no todo va a pasar , explica, subrayando que se trata de una lógica habitual en procesos de negociación, donde algunas demandas están destinadas a ser recortadas.
Identifica como poco viable la exigencia del cierre de bases militares estadounidenses en el Golfo, al considerar que implicaría un costo político elevado y sería percibido como una señal de debilidad para Washington. No obstante, reconoce que otras demandas, como el levantamiento de sanciones, podrían tener mayor margen de avance en una eventual negociación, especialmente si se vinculan a compromisos verificables por parte de Irán en materia nuclear. Cualquier concesión significativa por parte de Estados Unidos estaría condicionada a restricciones estrictas sobre el programa nuclear iraní, probablemente enmarcadas en mecanismos del derecho internacional que permitan mantener cierto margen de intervención en caso de incumplimientos.
Respecto a las posibilidades de un acuerdo inmediato, Belaunde es cauto. Considera que el margen para una resolución rápida es reducido, no solo por la distancia entre las posiciones de ambas partes, sino también por factores externos como la postura de Israel, que tendría interés en continuar la guerra, el envío de tropas estadounidenses a la región y la desconfianza de Irán frente a un proceso de negociación en paralelo a movimientos militares. A ello se suman las divisiones internas dentro del propio Irán, que podrían dificultar la adopción de una posición unificada en una eventual mesa de diálogo. En conjunto, estos elementos configuran un escenario en el que, pese a los contactos exploratorios, las condiciones para un acuerdo inmediato siguen siendo limitadas.












