La apertura económica prometida por la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, se enfrenta a un muro de escepticismo por parte de los inversores, a pesar de las garantías de seguridad jurídica que ofrece a las empresas extranjeras. Rodríguez, ex mano derecha de Nicolás Maduro, asumió el poder tras la operación militar liderada por Estados Unidos en enero pasado para capturar al líder chavista, y ahora busca atraer capital extranjero a un país que necesita desesperadamente reconstruir su economía.
Miami se ha convertido en el epicentro de las finanzas internacionales esta semana, acogiendo a cerca de un millar de empresarios y ejecutivos de empresas y fondos de inversión de Estados Unidos y el Golfo Pérsico en el foro anual FII Priority, conocido como el Davos del desierto . En este escenario, Rodríguez ha presentado su visión de una nueva Venezuela, buscando convencer a inversores de todas partes del mundo, incluyendo a los representantes del poderoso fondo soberano saudí PIF, de que el país es un destino viable para sus inversiones.
Es importante que el entorno para las inversiones pueda darse en un ámbito de seguridad donde el inversionista sepa que, indistintamente de alternancias políticas, indistintamente de contexto de restricción, el inversionista sepa que hay seguridad, que hay leyes en Venezuela que permitan retorno de sus inversiones de manera seria , declaró Rodríguez por videoconferencia desde Caracas, lamentando su incapacidad para viajar a Estados Unidos debido a las sanciones impuestas durante el régimen de Maduro.
Sin embargo, el optimismo de Rodríguez no se refleja en el sentir general de los inversores. Matias, un empresario venezolano residente en Estados Unidos que prefiere mantener su identidad en reserva por temor a represalias, resume el escepticismo predominante: Yo opino lo que dijo el de Exxon ante Trump: en Venezuela no se puede invertir . Esta opinión es compartida por varios otros inversores consultados por EL PAÍS durante el foro, quienes expresan dudas sobre la capacidad del gobierno interino para cumplir sus promesas.
La desconfianza se centra en la falta de un cambio político real. Muchos inversores creen que, hasta que no se produzcan elecciones libres y justas, Venezuela no podrá recuperar la confianza total del mercado. Algunos sugieren que la situación actual se asemeja a la que enfrentan empresas como Chevron, que han tenido que crear estados paralelos con sus propios sistemas de seguridad y servicios privados para operar en el país, debido a la ineficacia y corrupción de la administración pública.
Si ahora quieres invertir en Venezuela, tienes que encargarte tú de todo, no puedes contar con la Administración. Si quieres transportar algo, tendrás que construirte tú mismo los muelles de carga, el puerto, todo, porque el gobierno no va a ayudarte. Y eso si no te roban con mordidas u otras cosas , explica un inversor, ilustrando las dificultades prácticas de operar en el país.
La presidenta interina se enfrenta a la competencia de la líder opositora venezolana, María Corina Machado, quien también ha buscado atraer inversiones durante su participación en la conferencia energética CERAWeek. Machado ha prometido garantizar la seguridad jurídica a los inversores, pero solo después de que se celebren elecciones justas y libres en Venezuela.
Ambas líderes, separadas por profundas diferencias ideológicas, ofrecen recetas similares para atraer capital extranjero, compitiendo por el favor de los inversores internacionales.
Estados Unidos, que ejerce una tutela sobre Caracas, ha flexibilizado las restricciones a la industria petrolera venezolana, animando a las empresas estadounidenses a regresar al país y aprovechar sus vastas reservas de petróleo, las más grandes del mundo. Sin embargo, décadas de sanciones, abandono y corrupción han dejado las infraestructuras venezolanas en un estado precario, lo que genera dudas entre los inversores.
Rodríguez ha insistido en que Venezuela está en un proceso de estabilización y reformas para crear un entorno productivo favorable a la inversión, destacando el crecimiento en sectores como los hidrocarburos, la construcción, la banca, los seguros, la minería y la manufactura. Sin embargo, no ha abordado las preocupaciones sobre una transición democrática ni ha anunciado planes concretos para convocar elecciones.
Mientras Rodríguez cortejaba a los inversores extranjeros, la encargada de Negocios de Estados Unidos en Venezuela, Laura Dogu, se reunió con una delegación de empresarios estadounidenses que visitan el país para evaluar posibles inversiones. Dogu reafirmó el apoyo de Estados Unidos al crecimiento de la inversión estadounidense en Venezuela, destacando el papel fundamental que el sector privado desempeñará en la reconstrucción de una Venezuela estable y próspera. El presidente Trump también participará en el foro FII Priority, aunque no se han reportado conversaciones recientes con Machado.
La confianza sigue siendo un factor clave. Paolo, un empresario italiano con intereses en el sector energético, expresa su cautela: Han cambiado las caras, pero sigue siendo el mismo régimen . Hasta que no se convoquen elecciones y se demuestre un cambio democrático genuino, Paolo se mantendrá escéptico.
Sin embargo, no todos los inversores son pesimistas. Eli, un inversor con una kipá, muestra cierta reserva, mientras que Miguel Armaza, gestor de un fondo de capital riesgo que ya ha invertido en Venezuela, se muestra más optimista, afirmando que las cosas le van bien. Armaza cree que se han producido cambios significativos con el ascenso de Rodríguez, aunque reconoce la necesidad de diversificar las inversiones.
Andrea Riposati, consejero delegado de Dante Omics, una empresa de inteligencia artificial para soluciones de salud, también se muestra optimista, destacando las oportunidades en sectores como el comercio y la salud. Cree que Venezuela tiene el potencial de recuperarse y equipararse a países como la República Dominicana, y que el turismo podría ser otro motor de crecimiento.
La situación en Venezuela sigue siendo incierta, y la decisión de invertir dependerá de la capacidad del gobierno interino para generar confianza y demostrar un compromiso real con la estabilidad política y económica. La promesa de una nueva Venezuela aún debe traducirse en resultados tangibles para convencer a los inversores de que el riesgo vale la pena.









