El analista político cuestiona la premisa común de que el tiempo juega a favor del gobierno interino en Venezuela, argumentando que el tiempo en sí mismo no es un aliado inherente para ningún actor político. En un artículo publicado en La Gran Aldea, el autor plantea que el impacto del tiempo depende de las circunstancias específicas y, crucialmente, de las acciones que cada actor emprenda durante ese período. Subraya que la situación actual, iniciada el 3 de enero, fue diseñada con un cronograma predefinido por el gobierno estadounidense, que inicialmente controlaba los acontecimientos.
La creencia generalizada es que a medida que mejoren las perspectivas de inversión petrolera y la economía venezolana, la permanencia del interinato se volverá más atractiva para los intereses del norte. Se asume que Estados Unidos, habiendo obtenido sus objetivos económicos, evitará un cambio político en Venezuela, especialmente si las autoridades interinas demuestran la docilidad necesaria en asuntos económicos, particularmente en el sector petrolero. El analista considera esta visión simplista y propone una perspectiva alternativa.
Inicialmente, el tiempo favoreció al interinato, ya que no era factible establecer un gobierno democrático en Venezuela de manera inmediata. Esta ventaja inicial persiste, ya que la continuidad, aunque sea limitada, ofrecía estabilidad tras la crisis del 3 de enero. El objetivo del interinato, según el autor, es mantener esta ventaja inicial demostrando constantemente su disposición a cooperar. Sin embargo, advierte que la ingenuidad estadounidense podría llevar a creer que esta obediencia forzada es una opción viable a largo plazo. Las declaraciones de Donald Trump sobre su satisfacción con la conducta del interinato son interpretadas como tácticas, ya que el interinato apuesta a que las complicaciones internas de Trump le permitan liberarse gradualmente de su posición sumisa.
A medida que pasa el tiempo, las autoridades interinas se ven obligadas a realizar concesiones cada vez más costosas para mantener el apoyo estadounidense: desmantelamiento de las fuerzas armadas, ruptura de alianzas internacionales y desmantelamiento del aparato institucional utilizado para la represión. Si estas medidas no se cumplen, el acuerdo implícito o explícito que llevó al reemplazo de Nicolás Maduro por el interinato podría colapsar. Incluso si se cumplen, no se garantizará el interés principal de Estados Unidos, que, según el autor, es la estabilidad económica. La presencia de grupos armados, la influencia de Irán y un Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) cuestionado impiden esta estabilidad, como lo señaló la empresa Exxon. En consecuencia, el paso del tiempo complica cada vez más la situación para quienes ocupan el Palacio de Miraflores.
Sin embargo, a medida que el tiempo impone pruebas más difíciles al interinato y este, aunque con resistencia, se ve obligado a cumplirlas, se amplían las posibilidades para la política democrática interna. A medida que se logran aperturas políticas, el corto plazo da paso al mediano y largo plazo, y el efecto del tiempo cambia de dirección. El autor cita el dicho popular: Démosle tiempo al tiempo, que el tiempo tiempo nos da , enfatizando que todo tiene su momento adecuado.
No se trata de que el tiempo, por sí solo, mejore la situación democrática indefinidamente. Existe un límite. Lo importante es que el tiempo debe transcurrir, permitiendo que el interinato complete las etapas que tiene asignadas. El interinato intentará prolongar este período, creyendo que el tiempo trabaja a su favor. En realidad, su estrategia se basa en extender el corto plazo, buscando un día más en el poder.
La tarea de las fuerzas democráticas, según el analista, es aprovechar el tiempo que pasa mientras el interinato intenta manipularlo, convirtiéndolo en un factor que favorezca una reinstauración estable de la democracia en Venezuela. Para que el tiempo trabaje a favor de alguien, es necesario trabajar activamente para ello, ya que el tiempo, por sí solo, es inerte. El autor concluye que el interinato está apostando a la prolongación del corto plazo, mientras que las fuerzas democráticas deben convertir ese tiempo en un catalizador para el cambio real y duradero en Venezuela. La clave reside en la acción y la estrategia, no en la mera espera pasiva de que el tiempo resuelva los problemas.











