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Guerra en Oriente Medio: El petróleo desata el caos económico global

Brent supera USD 112 por guerra en Irán y gasolina en EE. UU. incrementa 23 %. Si los precios suben más, Fed tendrá menos margen.

Guerra en Oriente Medio: El petróleo desata el caos económico global

El reciente aumento en el precio del petróleo, impulsado por las tensiones geopolíticas en Oriente Medio, está reconfigurando el panorama económico mundial, amenazando con desbaratar los avances logrados en la lucha contra la inflación y obligando a los gobiernos a tomar medidas drásticas, incluyendo el levantamiento de sanciones a países previamente vetados. El crudo Brent ha experimentado un ascenso vertiginoso, pasando de 61 dólares en enero a superar los 112 dólares esta semana, niveles no vistos desde 2022. Este incremento se atribuye principalmente a la guerra en Irán, los ataques a infraestructuras energéticas y la creciente inestabilidad en el estrecho de Ormuz, una ruta crucial por la que transita aproximadamente el 20% del crudo global.

El impacto de esta escalada de precios se ha sentido con fuerza en Estados Unidos, donde el precio de la gasolina ha aumentado de 3,01 a 3,72 dólares por galón en apenas dos semanas, según datos de la Administración de Información Energética (EIA). El diésel ya se cotiza cerca de los 5 dólares, un aumento significativo para los estándares estadounidenses, representando un alza del 23% desde principios de mes. Este incremento en los costos de la energía llega en un momento delicado para la economía estadounidense, que venía mostrando signos de recuperación con una inflación a la baja, un consumo estable y la expectativa de que la Reserva Federal (Fed) comenzaría a recortar las tasas de interés este año.

Sin embargo, este escenario optimista ha comenzado a desmoronarse en marzo. En su última reunión, la Fed decidió mantener la tasa de referencia en el rango de 3,50% a 3,75%, pero reconoció que “las implicaciones de los acontecimientos en Oriente Medio para la economía estadounidense son inciertas”. Esta advertencia refleja la preocupación de la Fed por el posible impacto del aumento de los precios de la energía en la inflación y el costo de vida. Jerome Powell, jefe de la Fed, estimó que el aumento de los precios de la energía impulsará la inflación general a corto plazo.

La inflación de febrero se situó en un 2,4% anual, con un incremento mensual del 0,3%, después de un aumento del 0,2% en enero. Si bien esta cifra parecía manejable, el nuevo precio de la energía ha desfasado estos datos. Aunque la gasolina había experimentado una caída en términos interanuales, el rebote de marzo ha cambiado la perspectiva. La energía ya muestra un aumento mensual del 0,5%, mientras que los alimentos siguen en un 3,1%. El petróleo, como catalizador económico, afecta al transporte, los costos industriales y la logística, filtrándose gradualmente en toda la economía.

Ante esta situación, la administración estadounidense ha reaccionado con medidas que, hasta hace poco, eran impensables. En primer lugar, ha aliviado las restricciones sobre el petróleo ruso, autorizando temporalmente la liberación de aproximadamente 130 millones de barriles que se encontraban represados en el mar. Posteriormente, ha avanzado en la misma dirección con Irán, con la posibilidad de liberar otros 140 millones de barriles. Además, ha acelerado las inversiones en Venezuela para aumentar la producción de crudo y exportarlo directamente a los puertos estadounidenses, con el objetivo de aumentar la oferta y enfriar los precios. Estas decisiones representan un cambio significativo en la política exterior estadounidense, donde la presión sobre estos países era una prioridad central hasta hace poco. Ahora, la prioridad inmediata es evitar que el precio de la gasolina siga subiendo en las estaciones de servicio.

La Reserva Estratégica de Petróleo también ha entrado en juego. Estados Unidos ha acordado liberaciones adicionales junto con los países del G7 y ha activado medidas internas para facilitar el transporte de combustibles. Incluso se está evaluando la posibilidad de flexibilizar las normas marítimas para agilizar el movimiento de energía entre puertos. Sin embargo, estas medidas no abordan la raíz del problema, que sigue siendo la inestabilidad en Oriente Medio y la amenaza a la infraestructura energética. El mercado sigue atento a la situación en el estrecho de Ormuz, los ataques y cualquier señal de escalada.

El movimiento del Brent en marzo ha sido uno de los más violentos de los últimos años. A finales de febrero, el precio se situaba en 71 dólares. El 6 de marzo rozaba los 96 dólares. El 12 de marzo superaba los 100 dólares. Y el 18 de marzo llegó a los 111 dólares tras nuevos ataques contra activos energéticos. Quince días de turbulencia que han superado las proyecciones iniciales del año. El Fondo Monetario Internacional (FMI) había previsto un precio del petróleo en torno a 65,8 dólares para 2026. Hoy, el piso parece estar más cerca de 85 o 90 dólares, con picos por encima de 110 dólares cada vez que aumenta la tensión. Arabia Saudita incluso estima que el precio podría subir hasta los 180 dólares a mediados de mayo.

Colombia, por ejemplo, había proyectado un precio del Brent de apenas 59 dólares en su Plan Financiero, mientras que Fedesarrollo lo había elevado a 79 dólares. La volatilidad del crudo es una señal de un mercado sin un ancla clara. La Reserva Federal se encuentra en una posición delicada. Antes de este episodio, el mercado apostaba por dos recortes de tasas en 2026. Ahora, la expectativa se ha reducido a uno, con dudas. Si la presión inflacionaria se mantiene, incluso podría no haber ningún recorte.

Jerome Powell ha indicado que es “demasiado pronto para determinar la magnitud y la duración de los posibles efectos (del conflicto) sobre la economía”. El dilema es conocido: si la energía sigue al alza, bajar las tasas se vuelve riesgoso. Mantenerlas altas, por otro lado, podría enfriar la economía en un momento en que el crecimiento ya está perdiendo fuerza. El cuarto trimestre de 2025 se revisó a un crecimiento del 0,7%.

Algunos cálculos ya están circulando. El FMI advierte que un aumento sostenido del petróleo podría sumar hasta 60 puntos básicos a la inflación global y recortar el crecimiento en unas décimas. Bancos como Goldman Sachs comparten esta perspectiva: más inflación, menos dinamismo y un mercado laboral que podría empezar a ceder hacia finales de año. El precio de la gasolina en Estados Unidos se ha convertido en un termómetro cotidiano, reflejando en tiempo real el impacto de la crisis energética en la percepción pública sobre el gobierno de turno. Esta situación ha impulsado los “giros” en la política exterior, como el levantamiento de sanciones y la liberación de reservas, con el objetivo de garantizar la seguridad energética y evitar un mayor aumento de los precios en las estaciones de servicio.

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