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Charapotó, 16 de mayo de 2024 – La actividad pesquera artesanal en las comunidades de San Jacinto, San Alejo y San Clemente, ubicadas en la costa de Charapotó, se encuentra virtualmente paralizada debido a la proliferación descontrolada de la jaiba morada (Callinectes sapidus), una especie invasora que está causando pérdidas económicas significativas a los pescadores locales y amenazando su sustento. La situación, reportada directamente por los afectados, revela un panorama desolador donde las capturas han disminuido drásticamente, las redes de pesca son destruidas y la incertidumbre sobre el futuro se cierne sobre estas familias que dependen del mar para vivir.
La jaiba morada, originaria del Golfo de México y la costa atlántica de Estados Unidos, fue detectada por primera vez en aguas europeas en la década de 1990 y desde entonces se ha expandido rápidamente por el Mediterráneo. Su llegada a las costas peruanas, aunque no es reciente, ha cobrado una relevancia alarmante en los últimos meses, coincidiendo con un aumento exponencial de su población y una mayor agresividad en su comportamiento. Los pescadores de Charapotó describen a la jaiba morada como un depredador voraz que no solo compite con las especies nativas por alimento, sino que también ataca y destroza las redes de pesca, impidiendo la captura de otros peces y mariscos.
“Es una calamidad”, lamenta Don Ricardo Mendoza, vocero de los pescadores de San Jacinto, con más de 40 años de experiencia en el oficio. “Antes sacábamos buenos promedios de lisa, corvina, caballa… Ahora, lo que encontramos en las redes son jaibas moradas, cientos de ellas. Destrozan las mallas, se enredan en todo y lo poco que logramos pescar, lo devaluamos porque nadie quiere comprar pescado que ha estado en contacto con esta jaiba”. La situación se repite en San Alejo y San Clemente, donde los pescadores se enfrentan a la misma problemática.
Las pérdidas económicas son cuantiosas. Según estimaciones preliminares, cada pescador artesanal ha dejado de percibir un promedio de 300 a 500 soles diarios debido a la disminución de las capturas y los daños a las redes. Multiplicado por el número de familias que dependen de la pesca en estas comunidades –aproximadamente 200–, la cifra total de pérdidas asciende a decenas de miles de soles mensuales. Esta situación genera un impacto directo en la economía local, afectando no solo a los pescadores, sino también a los comerciantes que dependen de la venta de pescado y mariscos, así como a otros sectores relacionados con la actividad pesquera.
La jaiba morada presenta un desafío complejo debido a su alta capacidad reproductiva y su adaptabilidad a diferentes condiciones ambientales. Además, su carne es comestible y tiene un valor comercial en algunos mercados, lo que dificulta su erradicación. Sin embargo, los pescadores de Charapotó exigen a las autoridades competentes –el Ministerio del Producción (PRODUCE) y el Instituto del Mar del Perú (IMARPE)– que tomen medidas urgentes para controlar la proliferación de esta especie invasora y mitigar sus impactos negativos.
Entre las medidas propuestas por los pescadores se incluyen la implementación de programas de monitoreo y control de la población de jaibas moradas, la promoción de la investigación científica para desarrollar métodos de control biológico o químico, y el establecimiento de incentivos económicos para la captura y comercialización de esta especie, con el objetivo de reducir su abundancia en las zonas de pesca. También sugieren la necesidad de fortalecer la coordinación entre las diferentes instituciones gubernamentales y los pescadores locales para garantizar una gestión eficaz de la problemática.
“No pedimos soluciones mágicas, pero sí necesitamos que las autoridades nos escuchen y nos apoyen”, afirma Doña Elena Vargas, pescadora de San Clemente. “Nosotros somos los que vivimos del mar, los que conocemos sus ciclos y sus cambios. Si nos involucran en la búsqueda de soluciones, seguro que encontraremos una manera de convivir con esta jaiba, o al menos de minimizar sus daños”.
El IMARPE ha reconocido la gravedad de la situación y ha anunciado que está realizando estudios para evaluar la distribución y abundancia de la jaiba morada en las costas peruanas, así como para identificar los factores que favorecen su proliferación. Sin embargo, los pescadores de Charapotó se muestran escépticos ante la lentitud de las investigaciones y la falta de medidas concretas para abordar el problema.
La proliferación de la jaiba morada en Charapotó es un claro ejemplo de los desafíos que plantea la introducción de especies invasoras en los ecosistemas marinos. Estas especies pueden alterar las cadenas tróficas, competir con las especies nativas, transmitir enfermedades y causar daños económicos significativos. Por ello, es fundamental fortalecer los mecanismos de prevención y control de las especies invasoras, así como promover la educación y sensibilización de la población sobre los riesgos que representan para la biodiversidad y la seguridad alimentaria.
La situación en Charapotó exige una respuesta inmediata y coordinada por parte de las autoridades competentes. Los pescadores artesanales, que son la base de la economía local y la cultura de estas comunidades, no pueden seguir soportando las pérdidas económicas y la incertidumbre que genera la proliferación de la jaiba morada. Es hora de actuar para proteger el mar y el sustento de quienes dependen de él. La inacción podría significar el fin de una tradición pesquera centenaria y el agravamiento de la pobreza en estas comunidades costeras.


