ÚLTIMA HORA

Cobertura global las 24 hs. • miércoles, 29 de julio de 2026 • Noticias actualizadas al minuto.

Menú

Damasco en Seco: ¿El Fin de una Era de Libertad?

La prohibición del alcohol en Damasco desató un debate entre los sirios. Algunos estiman que esto va mucho más allá de una simple copa, y que tiene que ver con las libertades y la unidad comunitaria.

Damasco en Seco: ¿El Fin de una Era de Libertad?

Damasco, Siria – Una ola de consternación y debate ha sacudido a la capital siria tras la reciente prohibición impuesta por las autoridades municipales sobre la venta de alcohol en gran parte de la ciudad. Bares y restaurantes, pilares de la vida social damascena durante décadas, se ven obligados a cerrar sus puertas a este servicio, limitando la adquisición de alcohol a unas pocas licorerías en barrios de mayoría cristiana, y siempre en botellas selladas. La medida, aunque no inédita en el contexto de Medio Oriente, representa un giro drástico para Damasco, una ciudad históricamente conocida por su relativa tolerancia y laicismo.

La prohibición ha reabierto viejas heridas y encendido un acalorado debate sobre la identidad siria, los valores sociales y el rumbo que está tomando el país bajo el nuevo gobierno interino. Si bien el consumo de alcohol está prohibido para los musulmanes practicantes, la capital siria, bajo el mandato de la familia Assad hasta 2024, había mantenido una postura más flexible, priorizando el nacionalismo y la separación entre religión y estado. Esta tradición de relativa libertad ha sido abruptamente interrumpida, generando una profunda sensación de pérdida y preocupación entre muchos sirios.

“La noticia fue sorprendente y decepcionante”, declara Angela Alsahwi, una profesional de los medios en Damasco. “Damasco siempre ha sido una ciudad acogedora y la diversidad es su verdadera identidad. Esta decisión hace que sintamos que se pierde parte de ese espíritu abierto”.

Más allá del impacto cultural, la prohibición amenaza con agravar la ya precaria situación económica del país. El cierre de bares y restaurantes implica la pérdida de cientos de empleos, en un momento en que Siria lucha por recuperarse de años de conflicto y crisis. Además, los críticos advierten que la medida podría disuadir el turismo, una fuente vital de ingresos para el país.

“Quienes redactaron, firmaron y debataron esta decisión claramente no comprenden el tejido social de Siria”, afirma Roba Hanna, un activista prodemocracia que regresó recientemente a su país. “No todos los cristianos beben, y algunos musulmanes sí lo hacen. Al vincular el consumo de alcohol con una afrenta a la moral pública, básicamente se estigmatiza a algunos ciudadanos como indecentes. Es una vergüenza”.

Sin embargo, la prohibición cuenta con el apoyo de un sector de la población, que la considera una medida necesaria para proteger los valores morales y religiosos del país. “Somos un país de mayoría musulmana”, escribió un usuario en redes sociales. “La decisión protege a nuestros hijos y su futuro”. Otros argumentan que la medida ayudará a preservar la cultura siria de influencias occidentales consideradas “corruptas”.

En medio de este debate polarizado, algunos sirios cuestionan la relevancia de la discusión en el contexto de las enormes dificultades que enfrenta el país. “Entablar debates sobre el alcohol solo demuestra desconexión con la realidad”, señala Mahmoud al-Khatab, un joyero de Damasco. “A la gente que sufrió los horrores de la guerra esto no les importa. A ellos les importa cómo alimentar a sus familias”.

No obstante, observadores advierten que la prohibición del alcohol es un síntoma de una tendencia preocupante hacia una mayor intervención del gobierno en la vida privada de los ciudadanos. “No se limita a una bebida o un estilo de vida, sino que simboliza cuestiones más profundas sobre la gobernanza, los valores sociales y el equilibrio entre las ideologías religiosas y seculares”, escribió Amma Abdulhamid, una activista prodemocracia, en la revista digital Newlines.

La prohibición del alcohol en Damasco se suma a una serie de restricciones impuestas en los últimos meses, que han generado inquietud entre la población. El pasado verano, el gobierno sirio advirtió sobre la necesidad de usar trajes de baño recatados en playas y piscinas. En enero de este año, el municipio de Wadi Barada prohibió la entrada de grupos mixtos a los restaurantes. Ese mismo mes, en la ciudad de Al Tal se prohibió a los hombres trabajar en tiendas de ropa femenina, alegando razones de “decencia pública”. Y en febrero, en Latakia, se prohibió a las funcionarias públicas usar maquillaje.

“En una mirada de conjunto, la prohibición del alcohol refleja preocupantes señales de una creciente tendencia de los funcionarios públicos a intervenir en la vida privada”, analiza Haid Haid, consultor del centro de estudios británico Chatam House.

La composición del nuevo gobierno interino sirio, liderado por el presidente Ahmed al Sharaa, también ha generado preocupación. Muchos de sus miembros provienen de la región de Idlib, que hasta hace poco estaba controlada por Hayat Tahrir al Sham (HTS), un grupo rebelde con vínculos con organizaciones extremistas. Si bien HTS ha moderado sus políticas en los últimos años, durante mucho tiempo impuso una estricta interpretación de la ley islámica, controlando la vestimenta de las mujeres, la venta de cigarrillos e incluso la música.

A fines de 2024, Al Sharaa aseguró a la BBC que Siria no se convertiría en Afganistán y que su gobierno no buscaría imponer la ley islámica a las minorías. Sin embargo, muchos sirios temen que la prohibición del alcohol sea solo el primer paso hacia una mayor imposición de valores conservadores.

La creciente ola de restricciones ha provocado que algunos ciudadanos exijan la dimisión del gobernador de Damasco, acusándolo de imponer una agenda religiosa que no refleja la diversidad y la tolerancia que siempre han caracterizado a la ciudad. El futuro de Damasco, y de Siria en su conjunto, pende de un hilo, mientras la sociedad se debate entre la tradición y la modernidad, la libertad y la restricción, la esperanza y el temor. La prohibición del alcohol, más allá de su impacto inmediato, se ha convertido en un símbolo de esta profunda crisis de identidad y de los desafíos que enfrenta el país en su camino hacia la reconstrucción y la reconciliación.

Cobertura en Video